Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

22 de abril de 2014

Una vuelta por Berlín


Hace poco me enteré de que Berlín describe un círculo perfecto.
Es decir: uno empieza a caminar por Berlín, sigue, sigue, da una vuelta completa y termina... en Berlín. Con O. visitamos muchas veces Parque Chas, pero no conocíamos este dato. Así que el viernes a la tarde decidimos ir a investigar el asunto.

Este es el registro de nuestra expedición:













    Nótese que íbamos por la vereda de la sombra, la cual, 
     en alguna parte del trayecto, pasó a ser la vereda del sol.


























Conclusión: efectivamente, Berlín forma un círculo perfecto.

Y ahora, una secuencia en la que se puede apreciar el principio y el fin de esta calle-calesita.
La referencia es la casa de la esquina, con la sombrilla amarilla en la terraza. La calle que se ve a la izquierda, frente a la plaza, es Berlín al 4500. 




Desde este punto de vista giramos despacito. La primera calle que se ve (a la derecha de la casa de la sombrilla) no es Berlín, sino Gándara. Seguimos girando despacito (la referencia ahora es el container de basura)...


 ...y entonces sí nos encontramos con Berlín al 3900 (digamos, el principio).







"Este singular barrio porteño parece funcionar como un Cosmos independiente, con sus propias leyes geométricas y físicas, donde es fácil entrar y muy difícil salir, donde sus calles parecen curvadas en misteriosas dimensiones, como si se tratara de una trampa urbana, de un juego de ingenio, de un cubo de Rubik en las manos de un gigante...", dicen Guillermo Barrantes y Víctor Coviello en Buenos Aires es Leyenda 2. 


Será por eso que lo quiero tanto.


18 de abril de 2014

Cuatrocientos pesos en París


*


Descendemos de un barco tipo Buquebús. Es de noche. Estamos en París.

Con O. empezamos a caminar por una vieja calle empedrada. Está muy oscuro pero puedo sentir el rumor del mar, cerca. Me da miedo la oscuridad, y la presencia de ese mar negro. De pronto la escena se ilumina (¿la luna? ¿un farol?) y veo cómo el mar lame el empedrado con verdín. Las piedras brillan, el verdín se vuelve fosforescente.

Seguimos caminado por calles oscuras y desoladas, con edificios feos, sin gracia. "Para esto nos íbamos a pasear por Once o Constitución", digo decepcionada. Pero en ese momento emergen dos o tres antiguas construcciones parisinas, majestuosas, de una belleza que me hace llorar. "Y eso que todavía no vi la Tour Eiffel ni el Arc du Triunfe", le comento a O.  "No sé si lo podré resistir".

Entramos a una especie de bistró. El ambiente es agradable, hay mucha madera, pequeñas mesas redondas, luz tenue, aroma dulzón. Un camarero comienza a traernos pequeñas porciones de diferentes platos, probamos, saboreamos, tomamos vino. Suena una orquesta  de jazz. Dos mujeres jóvenes y bellas bailan sobre una mesa; en otras partes del salón, diferentes actores, bailarinas y cómicos llevan a cabo sus números de varieté.

Salimos del bistró. París es un túnel oscuro, lleno de niebla y encanto. Nos sentimos un poco mareados por el vino, la música, el erotismo del show que acabamos de presenciar. Abro mi cartera y en su interior veo cuatro billetes de cien pesos atados con una gomita. "Dios mío", digo, "me dejé la plata en casa. Me olvidé de traer la plata. Tenemos cuatrocientos pesos en París, ¿qué vamos a hacer?"
A continuación se suscita un breve diálogo: "¿Estás segura?" "Sí, no lo traje." "¿Servirá la tarjeta de débito?¿Podremos sacar plata de algún cajero?" "Qué sé yo"
Después nos quedamos callados. Nos miramos.
"Tenemos cuatrocientos pesos, estamos en París", decimos.
Y seguimos caminando, muertos de risa.


  Lambchops, Do You Belive Me by Janet Klein & Her Parlor Boys on Grooveshark

* la encantadora señorita que ilustra y musicaliza este post es Janet Klein, a quien conocí en Blues y algo más (el gran blog que supo tener mi amigo Sinuhe, gracias!)

13 de abril de 2014

El hilo rojo



Ilustración: Hajnalka Cserháti

Según una antigua creencia oriental, un hilo rojo invisible conecta a las personas que están destinadas a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.

Supuestamente, esta creencia nace cuando se descubre que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique. 

Cuenta la leyenda que en la Luna vive un anciano. 
Cada noche, el anciano  sale a buscar las almas que deben unirse en la Tierra y, cuando las encuentra, las enlaza por el dedo meñique con un hilo rojo, para que jamás se pierdan.



Dedicado a los que están del otro lado del hilo, dentro y fuera de la Luna


9 de abril de 2014

Serendipia 8

"Te tenía en mente y corazón"




El viernes a la tardecita andábamos con O. paseando por la calle Forest. Nos sacamos algunas fotos juntos y O. me sacó un par de fotos. Después retomamos el paseo y doblamos por una calle transversal. En eso suena mi celular. "Debe ser M.A." le digo a O. en chiste, porque el apellido de mi amiga es homónimo de la calle por la que acabábamos de doblar. Miro el celu y, en efecto, tengo una llamada perdida de M.A.
Le mando mensaje: 
Tamos caminando por D. y recibo llamada tuya. Serendipia! 
Ella: Toy viajando en el 76. Acabo de verte mientras O. te sacaba una foto.  
Yo: ¿? Increíble. 
Ella: Te tenía en mente y corazón.

¿Cuántas circunstancias debieron confluir para que esta situación haya tenido lugar?... ¿Y cuántas las posibilidades de que jamás hubiera ocurrido?

Las serendipias son algo serio, sí señor.



4 de abril de 2014

Tres deseos





Al cumplir 1 año inauguramos un rito que habrá de repetirse a lo largo de nuestra vida: celebrar el día en que llegamos al mundo. El ritual del cumpleaños suele incluir reunión con amigos y/o familia, regalos y torta con velitas. No sabemos (al menos yo no lo sé) de dónde viene esta costumbre. No sabemos a quién se le ocurrió la idea de incrustar velas encendidas en un pastel dulce, ni qué hada o ángel dispuso que debíamos pedir tres deseos antes de soplarlas, para asegurarnos de que se cumplan. No lo sabemos y, sin embargo, la mayoría de nosotros lleva a cabo este ritual en cada aniversario de su llegada a la Tierra.
El momento culminante del festejo es el de los deseos: el canto y las palmas se interrumpen; las voces y las risas se suspenden por unos segundos, y un silencio cuasi religioso acompaña al celebrante cuando cierra los ojos y formula sus deseos. 
Los deseantes, claro, no son todos iguales. Hay deseantes temerosos que piden que nada cambie, y otros temerarios que piden la ocasión de patear el tablero y quemar las naves. Hay deseantes que no saben nada acerca del deseo y se limitan a repetir maquinalmente la misma fórmula año tras año. Y deseantes tan arrasados por el deseo que temen que este salga a la luz y se dibuje en el aire con letras de fuego. 
Yo no sé cuándo ni quién le otorgó este don a los mortales. Pero ya que lo tomamos, ya que reproducimos puntualmente las formas del rito, creo que deberíamos elegir bien. Porque se trata de nuestros deseos. De lo que queremos para un nuevo año de nuestra vida que empieza así, en la penumbra, con el resplandor de las llamas y el silencio de quienes nos acompañan en un momento que, si quisiéramos, podría ser sagrado.
Por eso esta vez no quiero ser una deseante desprolija ni indolente. Voy a pensar bien antes de soplar, voy a sentir bien antes de declarar qué quiero para mí, a partir de ahora. 

Si alguna vez nos despertarnos en plena noche, o nos empapa algún aguacero repentino, o lloramos sin saber por qué, deberíamos advertir que son meras estrategias, las formas que el ángel o el hada encuentran de recordarnos qué deseamos para nuestra vida, eso que a veces- pasadas las horas, los días, los meses- tendemos peligrosamente a olvidar.





25 de marzo de 2014

Memoria del reino


Pintura: Johnny Palacios Hidalgo



En la calle, con los chicos y chicas del barrio jugábamos a la mancha, al patrón de la vereda, a las estatuas, a las esquinitas, a la rayuela, a pisa pisuela. Las chicas, además, jugábamos a la soga y al elástico. En casa, sola o con mis amigas jugaba a la maestra, a la mamá, a la empleada de boutiqueTambién fui empleada de una cartelera (para lo cual recortaba prolijamente la sección de espectáculos del diario y la iba abrochando día a día hasta armar un cuadernillo, que consultaba según los pedidos de mis clientes). 
Después estaban los juegos improvisados, sin reglamentos. Por ejemplo, jugar a disfrazarse. No de algo en particular- como una princesa o una bruja-, sino de cualquier cosa que no fuera lo que uno era. Por ejemplo, de grande. Disfrazarse era ponerse ropa de nuestras madres, sus anillos, collares y pulseras, usarle las pinturitas (el rouge, las sombras, el rímel) e ir viendo en qué cosa nos íbamos transformando. A veces, el disfraz armaba las historias (Dale que yo era una reina africana y vos un elefante y me llevabas hasta mi palacio todo lujoso y después venían y me raptaban y vos te transformabas en un príncipe o en una hechicera que me salvaba?); en otras ocasiones, primero surgían las historias y después, el vestuario ad hoc. 
Con Rosita solíamos jugar en el patio de su casa (algo extraordinario para una nena de departamento como yo). En el patio de Rosita jugábamos al campamento con unas sábanas que colgábamos de las sogas. Al interior de la tienda llevábamos almohadones, una linterna, galletitas, alguna revista, muñecas, y vivíamos mil aventuras acechadas por la noche, las fieras y las inclemencias del tiempo. 
En la pequeña habitación que habitaba con su familia, Rosita guardaba otro tesoro: en un estante del ropero, había armado una casa para su muñeca. Al abrir la puerta del ropero, se encendía una lamparita que iluminaba el reino de Babi: una camita, un placarcito, un espejo en miniatura, una sillita. 
A veces también jugábamos a espiar la calle a través de las persianas y gritarle cosas a la gente (chau pelado!) o a descolgarnos por los barrotes del balconcito, hasta que un día fuimos descubiertas y reprendidas severamente (las nenas no hacen esas cosas, no sean marimachos). 

En estos tiempos, que son muy otros, todavía veo nenas jugando a la mamá, a la maestra o a disfrazarse, y nenes jugando a la pelota o remontando barriletes. Seguramente, unos y otros seguirán teniendo sus juegos prohibidos, sus aventuras secretas, sus maneras de aprehender el mundo lejos del reglamento de los mayores. Que no sé por qué extraña razón, una vez traspuesto el umbral, suelen comportarse como si nunca hubieran pisado el territorio de la infancia, aquel reino perdido.






21 de marzo de 2014

Canto del viento salvaje


Pintura: Gaetano Bellei



Y de pronto
el día se apaga bruscamente
las morosas tardes del verano se encogen
enajenadas por un inesperado
cono de sombra.

Remolinos de viento salvaje
nos sacan del letargo
a puro escalofrío
de alegre intemperie.

El aire se vuelve fresco y limpio
como recién hecho
y miles de hojas color ocre
vuelan en todas direcciones
confundiendo destinos y brújulas.

Entonces 
su nombre se nos instala
en el cuerpo
y aún sin pronunciarlo
 el otoño sucede

y también la pesadilla
y la fiesta 
del eterno retorno

de lo nuevo que 
una vez más
y para siempre
regresa.






18 de marzo de 2014

Misterios absolutos del ciberespacio



Foto: Bet Z



Mirando el tráfico de visitantes en la Luna descubro cosas curiosas. Por ejemplo:

*En Perú hay muchas personas (o una que viene muy seguido a la Luna) interesadas en la identidad difusa.

* Los europeos se muestran notablemente atraídos por nuestros bares notables. Sí, ya sé que eso no es ningún misterio pero, para mí, que alguien procedente de Morières-lès-avignon, Provence-Alpes-Cote d'Azur esté leyendo Hoy doblete: el café Margot y el Bar de Cao me da, por lo menos, gracia.

* Las entradas más visitadas suelen ser las menos pensadas: No solo de inspiración se vive tiene el récord de visitas, y no tengo idea de por qué. ¿Quién concita semejante atención: Arcimboldo, Bioy, el menú opíparo que describe la cita...?

* Los temas que presumo "populares"  y de los que casi nunca hablo aquí (me refiero, básicamente, a temas "de actualidad" ) nunca son los más visitados en la Luna, cosa que, en general, me llena de alegría.

* Los chilenos- en especial, los provenientes de Santiago, Región Metropolitana- han leído, o leen, o se les ha dado por releer Demian, de Herman Hesse.

* Los mexicanos quieren mucho a Cortázar.

Otra rareza, al menos para mí que -obviamente- no soy una "nativa digital", es que lleguen visitantes de lugares- y culturas y lenguas- tan lejanas y diferentes. Ese hecho no deja de asombrarme, ni de despertarme cierta incredulidad ( ¿realmente en este momento  alguien está leyendo mis divagues lunáticos en Ghana, Rusia o los Emiratos Árabes?) También sé que es posible postear o comentar falseando la ubicación real (pero no es el tema de este post).


En fin, estos son solo algunos de los enigmas del mundo bloguer que se suman a otros misterios absolutos sobre los que suelo cavilar. 
Espero no encontrar respuestas (nada menos interesante que un misterio explicado).






15 de marzo de 2014

Paso de dos


Imagen: Marc Chagall


"Cuando un primo mayor se dispone a enseñarle a bailar y la agarra como un paquete, María lo aparta, perpleja. ¿Qué es eso de que los hombres lleven a la mujer, y ella deba seguir sus pasos, quieren explicarme?
- Así se baila- dice el primo experto que estrena pantalón largo.
-Fred Astaire, estúpido, no la lleva a Ginger Rogers.
-¡Claro que la lleva, boba!
-No la lleva nada, la sostiene un poquito para que no se le vuele."


María Elena Walsh, Novios de antaño.



14 de marzo de 2014

Notables, en sus detalles


El Hipopótamo
(San Telmo)


 Bar Británico 
(San Telmo)


(San Telmo)



(La Boca)



Barra de El Estaño



El Gato Negro
(Corrientes y Montevideo)



(Corrientes y Paraná)



Lo mejor de La Giralda




Fotos: Bet Z

9 de marzo de 2014

Cuento infantil




Un caballito muy blanco
apareció en mi jardín.
En su frente, un largo cuerno
brillaba como un candil.
Ese fantasma de nieve,
ese elegante corcel,
pastaba despreocupado
hasta que yo me acerqué.
“¡Los unicornios no existen!”
le dije. Y me desperté.





27 de febrero de 2014

Apocalipsis now


"La casa tenía un aljibe y me gustaba asomarme y bajar el balde para probar esa agua tan fresca y profunda. Una vez se me cayó el vaso, que repicó contra la pared redonda y se hizo añicos en el fondo. Me dio un ataque de apocalipsis, pensé que alguien tomaría agua con astillas y se caería muerto, irremediablemente apuñalado por dentro, agarrándose el cogote con desesperación, desorbitado, y todo por la inmensa culpa mía."

(María Elena Walsh, Novios de antaño.)

Como la niña que narra los hechos en este hermoso libro, a mí también me dan ataques de apocalipsis. Un error nimio o un acto involuntario de mi parte pueden desatar en mi loca cabecita una infortunada serie de consecuencias -de las cuales, por supuesto, soy responsable- cuyas imágenes opacan a la mejor película del género catástrofe. Los intentos por hacer que intervenga la parte racional de mi ser son inútiles: ningún pensamiento lógico logra imponerse a las escalofriantes posibilidades que mi imaginación construye.
Por lo general, otro hecho nimio - el portero que toca el timbre para avisarme que mañana van a cortar el agua, una canción en la radio, la tos del vecino o el afilador que se anuncia en la calle- me rescatan del edificio en llamas o el barco hundiéndose y me devuelven a mi casa, donde como si tal cosa me dispongo a preparar el almuerzo, mirá la hora que es.




Imagen: Liniers


19 de febrero de 2014

Atrapasueños


Foto: Bet Z


La casa es de madera. Venden artesanías, souvenires, cacharritos de cerámica, atrapasueños. Más atrás está el comedor, donde se puede almorzar. En las hornallas de la cocina hay ollas de cobre de las que sale humito, olor a comida rica. Al fondo se ven un corral y una huerta. Salgo de ahí y de golpe pienso: “Estoy en El Bolsón. Estoy soñando". “Entonces puedo hacer lo que quiero”, digo. Y lo hago.
Empiezo a correr y veo cómo a lo lejos comienza a dibujarse la silueta de las montañas. Veo la cima del Piltri,  y a las bandurrias en vuelo rasante sobre mi cabeza. Sigo corriendo, escucho el rumor del agua entre las piedras y llego a la orilla del río, que parece recién pintado con millones de tubitos de témpera azul Prusia. “Estoy en El Bolsón, estoy soñando, puedo hacer lo que quiero”, digo. 
Tal vez estuve allí una hora, un par de días, un año.


Quién sabe cómo corre el tiempo de los sueños. Quién sabe.




13 de febrero de 2014

Ciertas palabras




La palabra lluvia, por ejemplo. 
Es una palabra líquida, delgada, liviana 
que sale de la boca y cae en hebras finas
 hasta estrellarse en el aire. 
Después hay lluvia detrás de las ventanas, 
sobre el mar, en el campo, 
lluvia de distinta intensidad, 
de día o de noche, 
en primavera o invierno. 
Hay infinitas lluvias, 
todas diferentes, 
pero hay
una lluvia sola 
que se deshace en agua 
con solo pronunciarla. 
Lluvia, digo. 

Y llueve mi boca, 
llueve el aire.

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6 de febrero de 2014

Algunas formas del misterio


"El misterio es enorme, infinito, inabarcable. Lo que yo hago es tratar de darle una forma artística al misterio que vemos en la vida, de la misma forma en que un pintor le da entidad a un florero. Mi intención es traducir a una manifestación escénica muchas experiencias que tienen que ver con el mundo del misterio."

Norberto Jansenson, mago.

El ilusionista (1)



El ilusionista (2)







3 de febrero de 2014

Bares Notables. Hoy, doblete: el café Margot y el Bar de Cao.

Los dos pertenecen al mismo dueño  (o dueños): el Margot está en Boedo y el Bar de Cao, en San Cristóbal.

Ambos son preciosos, pero me gusta más el Margot. Corazón de Boedo.

































Fotos: Bet Z


Como en todos los bares notables -salvo algunos como Las Violetas o el Tortoni, que son hermosos pero caros, muy for export-, los precios son accesibles, el café excelente, las medialunas, los sándwiches, las picadas...todo es rico y generoso.