Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

15 de marzo de 2016

Librerías de viejo en Buenos Aires



Librería La Calesita. Av. de Mayo 777 (Foto Bet Z)

Los amigos lunáticos saben cuánto me gustan las librerías de viejo. Entre otras razones, me atraen el azar (nunca se sabe qué puede haber), la posibilidad de encontrar libros inhallables y los precios accesibles. Recorrer librerías de viejo con O.  es uno de mis paseos favoritos. 
Como los circuitos conocidos se agotan y nuestra voracidad aumenta, siempre andamos investigando en qué rincones secretos de la ciudad (y de la provincia de Buenos Aires) se esconden esos reductos que tanto amamos. No es una tarea fácil. Para mi sorpresa, googlear "librerías de viejo en buenos aires" no arroja listas muy exhaustivas; además, en muchos casos están desactualizadas y algunas de las librerías que se mencionan no existen más.
Por eso, como un servicio a la comunidad lectora, decidí compartir mi lista (inacabada espero), fruto de largas búsquedas virtuales y  físicas (muchas fueron descubiertas por azar durante nuestros paseos por distintos barrios de la ciudad). 
Ahí va:

1.   Lucas (Av. Corrientes 1247)
2.   Libertador (Av. Corrientes 1851)
3.   Brujas (discos y libros) (Rodríguez Peña 429, y Lavalle)
4.   Aquilea (Corrientes y Ayacucho)
5.   Librería El Vitral (Montevideo 108)
6.   La Cueva (Sarmiento y Montevideo)
7.   Libros del Camino (Junín 314, y Sarmiento)
8.   Los Cachorros (Av. Díaz Vélez 5011)
9.   El Gaucho (Av. Boyacá 1538)
10. El Banquete (Cabildo 1107; La Pampa 2516)  
11.  Aguilar (Blanco Encalada 2376).
12.  Librería de Ayer (Billinghurst 1111)
13.  Huemul (Av. Santa Fe 2237)
14. Librerías en Galería Las Victorias (Libertad y Marcelo T. de Alvear).
15.  Librería en Larrea y Paraguay 
16.  Librería en Av.Santa Fe y Pueyrredón 
17.  Entre libros (Santa Fe 2450, galería)
18.  Legenda, (Charcas y Coronel Díaz)
19. El Escondite (Güemes 3877)
20.  Librería en Elcano y Conde
21.  El Lago (Av. García del Río 4202, Saavedra)
22. Tercera Fundación. Sarmiento 3099 (Abasto).
23.  Aristipo libros (Scalabrini Ortiz 605).  
24. El Hacedor (Juan Ramírez de Velazco 606, y Malabia).
25. El Farolito, puesto en en el Mercado Rivadavia (Rivadavia 6358, y Carabobo).
26. Gambito de alfil (José Bonifacio 1402)
27.  Textos cautivos (Reconquista 269, local 4, Convento de San Ramón Nonato).
28.  El Escriba (Balcarce 1053)
29.  El Rufián Melancólico (Bolívar 857)
30. Club Burton. Estados Unidos 700. 
31. El Recuperador Urbano (Tacuarí 958) 
32. La libre (Bolívar 646)
33.  Lunaria libros (Iberá 1629)
34.  Biblioterapia  (Av. San Martín 2392)
35.  Frida  (Av. San Martín 2284/ Juan Agustín García 2912/ Nogoyá 3255)
32. Mercado de pulgas Dorrego (Av. Dorrego 1650)
33. Feria del Parque Centenario
34. Feria del Parque Rivadavia
35. Feria de Plaza Italia
36. Librería Antigua (Rivadavia 1175)
37. El Aleph (Av. Rivadavia 3972, y Medrano)
38. Guantes de mimbre y luz (Serrano 916)
39. Librería de las Luces  (Av. de Mayo 979) 
40. Librería El Túnel (Av. de Mayo 767)
41. Libros del árbol (Combate de los Pozos 255)
42. Libros Mario (Pueyrredón 101, Martínez)
43. Libros Delfos (Av. Maipú 607, Vicente López)
44. Tienda de libros (Av. Maipú 552, Vicente López)
45. El Río (Acasuso 215, San Isidro)

Cualquier dato que quieran aportar para sumar a esta lista será más que bienvenido!


13 de febrero de 2016

Territorio Cronopio


Ayer fuimos con O. a conocer el barrio Rawson, donde vivió Julio Cortázar entre 1934 y 1951. Es un triangulito pegado a la Agronomía, un mini Parque Chas de callecitas sinuosas y arboladas donde abundan los gatos y las rayuelas (como no podía ser de otra manera).
Sentados a una mesa del bar, en la calle, O. me leyó esto:
"Estas son las historias que cuentan los perros, cuando las llamas arden vivamente y el viento sopla del norte. Entonces la familia se agrupa junto al hogar, y los cachorros escuchan en silencio, y cuando el cuento ha acabado hacen muchas preguntas.
- ¿Qué es un hombre?
- ¿Qué es una ciudad?
- ¿Qué es una guerra?
No hay respuesta exacta para estas tres preguntas. Hay suposiciones y teorías y hábiles conjeturas, pero no hay respuestas. En esos grupos familiares, más de un narrador ha tenido que explicar que solo se trata de un cuento, que no existen cosas tales como una ciudad, un hombre..."


Creo que a Julio le hubiera gustado.



















































 Fotos Bet






12 de febrero de 2016

Cordero


"Nunca olvides este dolor. Nunca olvides las cosas que hemos visto juntos. Porque te salvarán. 
Tú serás un árbol de manzanas en medio de todos los grises edificios de esta ciudad.
Solo necesitas cerrar los ojos, respirar profundo y escuchar. Escucha la lluvia y el viento, todo corriendo a través de ti.
Seré yo susurrándote. De esa forma estaré contigo."

Gary/David a Tommie en "Lamb". 

Oona Laurence, la pequeña actriz más extraordinaria que vi en mucho tiempo. 













10 de febrero de 2016

Cachorros





"A la hora de la siesta, nos escabullíamos fuera de la casa y nos trepábamos a la higuera. Acostados en las ramas más gruesas mirábamos las hojas, casi blancas del revés;  los higos maduros bamboleándose como jóvenes escrotos sobre nuestras cabezas, chorreando almíbar por los reventones de su finísima piel morada; el vuelo incesante de las avispas negras y las moscas azules girando alrededor.
El sol, que se colaba entre las hojas, nos dibujaba manchas de luz en la cara y los brazos y las piernas. Parecíamos cachorros de algún extraño animal dorado cruzado con hombre en una cópula mágica."



(Selva Almada, El desapego es una manera de querernos)








9 de febrero de 2016

La femineidad del mundo


“Recién a mediados de año la Evangelina y yo nos hicimos amigas (...) 
Era una niña insulsa, estudiosa y tan impopular como yo. De la mano de la Evangelina me introduje en la femineidad del mundo...
Si con Niño Valor nuestros juegos nos llevaban a sitios ignotos en busca de tesoros escondidos, ciudades perdidas y animales únicos, con mi nueva amiga íbamos de expedición al almacén y a las tiendas, o salíamos en mitad de la noche porque el niño volaba de fiebre o el falso crup ahogaba a la niña. Teníamos maridos imaginarios y correctos que salían de la casa hacia el trabajo temprano en la mañana y volvían al atardecer, y durante su ausencia limpiábamos la casa, cocinábamos dulces, cambiábamos pañales y atendíamos el jardín.
Hasta entonces siempre me había relacionado con varones: Niño Valor, mi hermano, sus amigos. En la mitad de mi infancia aprendí lo pequeño y tedioso que era el universo de las niñas.”


(Selva Almada, El desapego es una manera de querernos)







7 de febrero de 2016

Los chanchos buenos van al cielo


¿Puede ser lírico el relato de cómo se carnea un chancho?...
Si lo narra Selva Almada, sí puede:

"La sangre salía golpeando el fondo del balde de lata, salpicando con gotas rojas los bordes, borboteando, borobó-borobó, haciendo globitos como hace el agua cuando hay lluvia para rato. Una sangre espesa como barro, suave como terciopelo, como pétalo de margarita. Y el cielo apenas amanecido también rojo, con nubes coaguladas.
Las mujeres todavía estaban en la cama. Los hombres rodeaban al chancho: uno solo había hundido el cuchillo en el cogote, otro le había pasado por los ojos la primera sangre para que no viese, y todos esperaban pacientes que se desangrara mientras tomaban mate y escuchaban el resumen de noticias por la radio."

"La sangre salía a chorros como si la mano invisible de un mago invisible fuese sacando pañuelos de seda roja anudados por sus puntas de aquel tajo oscuro, sin fin."

"Una fogata ardía cerca del gran árbol. Las llamas habían chamuscado las hojas de una rama baja. Sobre el fuego, en una olla negra de tres patas, hervía el agua. Uno de los vecinos afilaba su cuchillo en la piedra esmeril. Nadie hablaba. Peludo había dejado de gritar (...) En la radio, las grandes tiendas La Argentina anunciaban una hermosa mañana de sol, un día espléndido y una liquidación de sandalias."

"Aunque sabíamos que el alma de Peludo se había ido derechito al Cielo porque había sido un chancho bueno, no podíamos evitar sentirnos tristes de haberlo perdido en este mundo. La víspera de la matanza habíamos hablado con él, le habíamos dicho que no tuviera miedo (...) y también le aseguramos que el Cielo era un sitio hermoso y que los ángeles no comían carne así que ya no debía preocuparse por nada. No estábamos seguros de que fuese cierto, pero queríamos darle confianza y también darnos confianza para enfrentar a la muerte que ya a la noche rondaba el gran árbol."







22 de enero de 2016

El Hueko




No hay tiempo. 
No hay pasado, presente y futuro. 
Podrá haber algo así afuera, en los almanaques, los relojes, los documentos de identidad, los álbumes con fotos viejas, los espejos.
Pero no hay tiempo adentro. No sé adentro dónde. Supongo que en el corazón, en el cerebro, la piel, la nariz, los oídos, no sé. Pero sí sé que adentro no hay tiempo.
Lo sospechaba, pero últimamente lo estoy comprobando, y es una comprobación asombrosa.
Ayer lo confirmé una vez más, al enterarme de que MM ya no está aquí. Entonces, el supuesto pasado invadió el presente con una intensidad deslumbrante: gestos, palabras, millones de imágenes de momentos compartidos como pedacitos sueltos, como piezas de un rompecabezas descomunal que- seguramente- también guardamos dentro de nosotros, pero que no nos es dado contemplar en su totalidad. Todo eso no era un “recuerdo”, no era el pasado: estaba sucediendo -¿dónde? no lo sé- ahora.
Ayer volví a tener 20 años; ayer, todo lo que fue volvió a ser.

Y te escribí esto:

Hubo un tiempo en que fuimos hermosos. Teníamos veintipico, pedíamos lo imposible y estábamos convencidos de que lo imposible tendría lugar de un momento a otro.
Salíamos a la calle en busca de "algo maravilloso”, éramos hippies, escritores, músicos, actores, dibujantes y directores. Hubo muchísimas noches- con sus madrugadas y sus amaneceres- en Villa Urquiza, los tres escuchando música (“esto es impresionante, escuchen, escuchen” nos decías abriendo mucho los ojos mientras ponías Cathedral en la bandeja del tocadiscos), tomando un vino, fumando, leyendo, escribiendo, leyéndonos lo que escribíamos, escribiendo de a tres, haciendo humor al toque de a dos, “vos callate y tocá la guitarra, chirusa”, noches en que nos leías cada capítulo de El juego de K que iba saliendo del horno y que luego se convirtió en el primer premio de novela de la Primera Bienal de Arte Joven, allá por el lejanísimo 1989. Hubo un tiempo sin tiempo ni espacio en que solemnemente fundamos El Hueko, porque sabíamos que era allí- en ese vacío, ese aire, esa nada sin condicionamientos ni pretextos- donde podíamos ser lo que queríamos ser. El Juego de K fue El Hueko; Subterrákeos e Imakinaria fueron El Hueko paseando su nada divina por Cemento, El Parakultural, Babilonia y el Rojas.
El Hueko también fueron los chicos del Luján, las clases de teatro, las charlas con Gilardi en el bar de Villa Pueyrredón, los libros que nos prestamos y los que nos robamos (te quedaste con Los conjurados, me quedé con Un tal Lucas), las charlas interminables, las películas, el truco que jugábamos en casa, la vida porosa que se abría paso dejando entrar el aire y todo lo que traía.
Eso fue hace mucho, mucho tiempo. Pero hoy -una vez más- comprobé que el tiempo no existe, que lo que queda en el corazón queda para siempre, que lo que pasó hace tanto está pasando ahora, en este mismo instante.
Querido Monchímedes: donde estés, que lo imposible suceda. Y que sea maravilloso.









8 de enero de 2016

Sin rastro




Hace días que camino pensando
en que vendrá

pero no llega aún
no llega.

Mis pies avanzan
sin peso
ínfimos y livianos
como huellas de gaviota.

De tanto en tanto miro hacia atrás
por si él no me viera

y entonces

por si él se fuera.

Pero atrás solo hay el mar
el cielo
la arena con huellas de gaviotas
y mis pasos
que ya han desaparecido.



30 de diciembre de 2015

Ítaca



Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.


Kavafis


Que el viaje sea largo. 
Y que el próximo puerto nos ofrezca en abundancia aquello que cada uno necesite encontrar.
Feliz 2016 para todas y todos los lunáticos.



19 de noviembre de 2015

Jardines secretos

Para mi amiga Elenora y sus razones del gusto

Los jardines de Oxford trajeron este jardín secreto, de Liquid a la Luna:
















2 de octubre de 2015

Marcas




"...volví a casa con el libro, me tiré en un sillón y empecé a leerlo y seguí y seguí mientras la luz cambiaba y terminé casi a oscuras, al fin de la tarde, alumbrado por el reflejo pálido de la luz de la calle que entraba por los visillos de la ventana. No me había movido, no había querido levantarme para encender la lámpara porque temía quebrar el sortilegio de esa prosa. Primera conclusión: para leer, hay que aprender a estar quieto."
                        Ricardo Piglia (en  Los libros de mi vida. Páginas de una autobiografía futura)


El protagonista de este librito (digo así, librito, porque es uno de esos ejemplares de 8 x 5 cm que expende la Máquina de libros de la Biblioteca Nacional) se propone reconstruir la serie de libros ("los libros de mi vida") de los cuales recuerda con nitidez la situación y el momento en que los estaba leyendo: "Si recuerdo las circunstancias en que estaba con un libro eso es para mí la prueba de que fue decisivo. No necesariamente son los mejores, ni los que me han influido, pero son los que han dejado una marca."

Hice la prueba, y fue más difícil de lo que creía. No fui capaz de armar una serie, pero pude recordar un libro: este.




1 de octubre de 2015

Algunas formas del misterio (2)

"Falling Leaves" (1912) por Alice Guy 


Qué sería de nosotros sin los cuentos, sin el cine y sin las niñas que cosen hojas para burlar a la muerte.






















26 de septiembre de 2015

Caprichos



Entramos con O a Las Victorias. Es una galería sombría, con un par de jardines internos. Hay varios locales de antigüedades (una vidriera exhibe preciosos alhajeros, pastilleros y relicarios), librerías de viejo, un local con soldaditos, trenes, autos, casitas y arbolitos  para armar maquetas. 
En otro local, un tren corre por un paisaje de mentira.

Nos metemos a curiosear en una de las librerías. Cierro los ojos y respiro hondo, disfrutando el olor a papel viejo, a tinta, a encuadernaciones antiguas, a bibliotecas de madera y alfombras gastadas.

"Una vez", empieza a contarnos el dueño de la librería, "se presentó en el local un señor de unos 75 años, regiamente vestido. Me dijo que estaba buscando la cosmografía de Bruguière. Pero -aclaró- la quería en perfecto estado. Sin firmas ni dedicatorias. Sin páginas dobladas, marcadas o ajadas. Aparte debía traer un sobre de papel madera con una lámina desplegable." 
-Si no reúne esas condiciones, no me interesa -dijo el hombre-. El precio no importa. Tampoco me importa cuánto tarde en encontrarlo. Puedo esperar.
"A partir de entonces me dediqué a buscar la cosmografía", dice el librero. "Y la encontré, 12 años después. Sin firmas ni dedicatorias. Sin páginas dobladas, marcadas o ajadas. Con el sobre de papel madera que contenía una lámina desplegable. Esa noche llamé al hombre. 
-La tengo- le dije-. Y le pasé una suma bestial. Cuatro meses de alquiler del local, más o menos. 
Él solo me preguntó cuándo podía pasar a buscarla. 
-Mañana a las 12- le dije.
"A las 12.05 del día siguiente, el señor se presentó en el local, regiamente vestido y 12 años más viejo. Le entregué la cosmografía. Él la miró. Luego sacó del bolsillo un grueso fajo de billetes, me pagó y se marchó."
"Una gran historia", le decimos al librero. 
"Caprichos", precisa él, sonriendo.

Cuando salíamos, nos detuvimos frente al local del tren. Lo vimos dar unas vueltas, bordear un precipicio, pasar por debajo de un puente. Después vimos cómo entraba en un túnel y se perdía en la oscuridad.
O. y yo salimos a la calle, al sol de junio. A seguir buscando.


3 de junio de 2015

Guía de la Buena Esposa *

Publiqué este post el 2/12/21013. Me parece oportuno volver a publicarlo hoy.

NI UNA MENOS












































En 2013, uno podría leer esta "guía" con una sonrisa. Podrían darnos gracia estos mandamientos acerca de la esclavitud femenina. Las mujeres del siglo XXI podríamos reírnos a carcajadas de esta suma de burradas y pasar a otra cosa. 

Pero no podemos. No puedo. No me sale reírme. Porque esta concepción del deber ser de una mujer, esta idea de su (no) lugar en el mundo, sigue viva. Estos mandamientos, que muchos varones pretenden hacer cumplir, no son ajenos a los 1432 femicidos cometidos en nuestro país entre 2008 y 2013, a razón de una mujer asesinada cada 35 horas. 


Cada vez que escucho la noticia de una nueva mujer prendida fuego, golpeada, abusada, violada o enterrada viva- en la mayoría de los casos, por su pareja, ex pareja, familiares varones- me pregunto: ¿cómo puede ser? ¿cómo es posible que esto esté ocurriendo? 

Y entonces llega a mí esta Guía de la Buena Esposa, un supuesto manual de 1953 que se entregaba a las mujeres que hacían el servicio social en la rama femenina de La Falange. Algunos sostienen que este manual no existió y que las imágenes solo son parte de la presentación de Las Aparicio, una teleserie mexicana de 2010. Otros dicen que ambas cosas serían ciertas (las imágenes que se usan en la presentación pertenecerían al manual de 1953).

No importa demasiado. En cualquier caso, sus viñetas me recordaron algunas reflexiones de Sandra Russo en un excelente artículo, que leí gracias a un post de Eleonora:


"El poder no es el lugar reservado a un cuerpo femenino. No está previsto. No hablo apenas del poder político, sino de la microfísica del poder que se desparrama por lo cotidiano(...) En las historias de violencia de género siempre hay un varón que estalla brutalmente porque no es capaz de tolerar que algo le ha sido arrebatado: las víctimas son castigadas indefectiblemente por desobedecer, por desabnegarse. Le han arrebatado al victimario su poder sobre ellas."

"Todavía muy lejos de los celos, y mucho más lejos todavía de un motivo verosímil para sentirlos, suele haber una camisa mal planchada, una comida recalentada o fría, una tardanza en volver del paseo, demasiadas llamadas con amigas, una forma de sentarse que no gusta, una palabra de más u otra de menos, un tono de voz que no se admite, una diferencia de opiniones. En todos los casos, ella no hace lo que él quiere. En eso se resumen todos los desencadenantes de tantos crímenes impunes, y en eso reside el femicidio: en matar a una mujer que no hace lo que el asesino quiere, aunque lo que quiera él la violente o la vuelva a ella contra sí misma. Eso es todavía el patriarcado..."


Hasta que esto no cambie, hasta que el cuerpo y el alma de las mujeres no estén a salvo, hasta que no quede una gota de estos "mandamientos" corriendo por la sangre de ningún varón (y de ninguna mujer), no voy a poder reírme.



* o crónica de miles de muertes anunciadas.






13 de mayo de 2015

La madre de las mariposas


Pintura: Duyh Huynh


El parto es brevísimo e indoloro: apenas un temblor, un leve hormigueo. 
Cuando abre los ojos, cientos de mariposas salen de su vientre batiendo las alas. Las mariposas no se apartan de ella inmediatamente. Por un instante, necesitan sentir el calor de su regazo y escuchar lo que su voz murmura en secreto. No es mucho lo que su madre tiene para decirles: que cada una cuide bien de sí misma. Que no se hagan daño las unas a las otras. Y que gocen del vuelo. 
Algunas mariposas vivirán dos semanas; otras, una semana, y otras, solo un día. Pero ese dato no es relevante, y la madre lo calla. 







10 de mayo de 2015

Mundos ilusorios



"Para serle franco, creo que su mundo había desaparecido mucho antes de que él llegara. Pero le diré: ciertamente sostuvo la ilusión con una gracia sorprendente."
                                                                                                                                                  

El mundo de El gran hotel Budapest es un mundo irreal, como de libro de cuentos troquelado. 
Es necesario pasar despacio sus páginas -cada escena, cada plano-  para poder apreciar la belleza de cada detalle y la belleza del conjunto.

Muchos odian el cine de Wes Anderson por su artificio, por la irrealidad de sus ambientes, historias y personajes. A mí me fascina justamente por todo eso. Y porque logra el milagro de meternos de cabeza en ese mundo imposible, y de amar a sus personajes.






26 de abril de 2015

Voyager


Disco de oro a bordo del Voyager I


I
Corrientes y Callao, 7 de la tarde, paisaje típico. De pronto, algo ocurre. Se oyen estampidas y explosiones; el asfalto tiembla como si la tierra estuviera minada y los artefactos hubiesen comenzado a estallar en cadena.  
Una columna de humo negro y espeso avanza a ras del piso sobre la avenida Corrientes, proveniente del río. En escena entran bomberos y ambulancias, se escuchan sirenas, gritos. Todos corremos buscando refugio. Con un grupo entramos en un edificio antiguo lleno de oficinas, que van siendo ocupadas por pibes de la calle, "trapitos", oficinistas, señoras  mayores, mujeres jóvenes con sus hijos. La mayoría mira con desconfianza y recelo a los chicos de la calle. Ellos miran con desconfianza y recelo a todos. Todos nos acostamos en el suelo, esperando quién sabe qué cosa, cuidándonos quién sabe de qué.

II
Estoy rodeada de un grupo de adolescentes, chicas de entre 14 y 17 años. Yo me acerco a una vitrina. Ellas me siguen. Abro la puerta de la vitrina y veo un Topo Gigio, una calesita de madera a cuerda-tipo cajita musical-, una muñeca bebé de piernas chuecas -mi abuelo las llamaba "cachourizo"-, una pelota de goma, entre otras cosas. "Sé que para ustedes no significan nada", les digo a las chicas, "pero para nosotros-sus padres, sus abuelos- son verdaderas reliquias. Lo que pudo salvarse", digo. 
Y con mi dedo índice rozo cada uno de esos objetos, tratando de no llorar.

III
Con un grupo de personas llegamos a un refugio. Es un edificio común y corriente, con un hall de entrada grande. En el piso del hall hay decenas de objetos dispuestos en hileras, como si respondieran a alguna especie de clasificación. Son chucherías, un sinfín de adornitos baratos y de mal gusto.
Un anciano chino observa detenidamente la selección. Luego se agacha, levanta uno de los objetos y agitándolo delante de nuestras caras nos increpa diciendo: "¿Lo esencial? ¿Esto es lo esencial?..."
Luego sale a la calle hasta que lo perdemos de vista.
Nos quedamos mirando las hileras de objetos feos, inservibles, producidos en serie.
Afuera brilla el sol.



6 de abril de 2015

Privilegio




Haber nacido en abril me da el privilegio de celebrar mi cumpleaños en la estación más hermosa.
El sol acaricia -será un tópico, pero no hay mejor manera de decirlo: el sol acaricia-,  igual que el viento apenas fresco y suave. Los árboles muestran una paleta caótica donde conviven el verde, el rojo, el oro, el amarillo limón, el ocre y otros colores indefinibles, con matices infinitos. 

El otoño tiene una belleza discreta. No es ostentosa como la de la primavera, esa arrogante, ni enceguecedora como la del verano, ese insolente. 
El otoño ecualiza la intensidad de la hermosura para que podemos apreciarla sin estridencias.

Quiero decir que no hace falta mucho: una caminata con O. al atardecer por cualquier barrio arbolado me basta para sentir que, de verdad, está bueno haber nacido. 



Fotos: Bet Z



24 de marzo de 2015

That is the question


Ese oscuro objeto del deseo (detalle del afiche)


El problema no es si nuestros deseos están o no están satisfechos, el problema es cómo sabemos lo que deseamos.

Slavoj Zizek (en The perverts guide to cinema)














17 de marzo de 2015

El señor y la señora Kovács




"Teníamos muchos juegos. Estaba el del señor Kovács, te lo explico para que entiendas (...) Teníamos que jugar en sociedad, cuando estuviéramos entre otros señores y señoras Kovács (...) ¿Qué le dice un señor Kovács a otro señor Kovács si el tema de conversación es la crisis del gobierno, o el desbordamiento del Danubio, que se ha llevado por delante varios pueblos, o el político de renombre, del que se ha sabido que obtuvo su fortuna a costa de las arcas públicas, o el divorcio de la famosa actriz (...), o incluso el paladín de la moral, que se ha suicidado en una casa de citas?  Pues el señor Kovács, en esos casos (...) dice: Así va el mundo, señor mío.  Y acto seguido suelta un tópico colosal, del estilo de una de las características del agua es que es húmeda (...). Desde que el mundo es mundo, todos los señores y señoras Kovács hablan así (...) 
Quizá la vida es tan inconcebiblemente canalla y desesperada porque los tópicos son inefables, y solo el artista y el genio se atreven a mandar los tópicos al infierno, a descubrir en los lugares comunes lo que está muerto o es antinatural, y a demostrar que detrás de las verdades respetables y dogmáticas de los señores Kovács se esconde siempre otra verdad. "

Sandor Márai, La mujer justa

El mundo está lleno de señores y señoras Kovács. Abundan en la tele, la radio, las redes sociales, el trabajo, la calle, las reuniones familiares... Consultadas sobre cualquier tema, la mayoría de las personas responde con frases hechas, obviedades, dichos que no dicen nada pero sirven para quedar bien, generalidades.
Los Kovács utilizan lugares comunes por comodidad, ignorancia o hipocresía. En los mejores casos resultan previsibles y aburridos. En los peores son vergonzosos y hasta peligrosos: sus dichos suelen replicarse y extenderse como  reguero de pólvora, conformando la inefable "opinión pública", con consecuencias muchas veces nefastas.

Nobleza obliga, debo reconocer que en ciertas ocasiones es tentador decir lo primero que se nos ocurre (que casi siempre es un lugar común). Hay que hacer un esfuerzo-y el cerebro, se sabe, es vago por naturaleza- para no decir qué barbaridad frente a una barbaridad, qué hermoso ante algo hermoso, o qué vergüenza frente a un hecho vergonzante. Hay que ponerse a pensar si eso que nos parece una barbaridad lo es, y por qué lo es, y quiénes la cometen, y por qué sucede, y si podríamos hacer algo para que no ocurra, etc. Si algo nos parece hermoso habría que ponerse a pensar qué es lo que lo hace hermoso, qué matiz, qué color, qué palabra, que sonido porta el secreto de su belleza. 

Aunque pensándolo bien, ante la belleza no deberíamos decir nada (a las chicas se nos pone difícil).

Escena de King Kong (Peter Jackson), con Naomi Watts.