Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

3 de febrero de 2015

La belleza es un acto de fe


Foto: Bet Z


- Lo que no entiendo -dije yo- es dónde está la dificultad.  No entiendo qué es lo que hay que entender.
- Justamente, no hay nada que entender (...) Hay que creer. Yo tenía que creer simplemente lo que estaba ocurriendo, tomarlo con naturalidad: vivirlo (...) Ese sauce a la orilla del agua, por ejemplo. Está ahí, de pronto; está ahí porque de pronto lo iluminó la luna. Yo no sé si estuvo siempre, ahora está. Fulgura, es muy hermoso (...), la prueba de que existe es que es hermoso. Todo lo demás son palabras. Y cuando la luna camine un poco y lo afee, o ya no lo ilumine y desaparezca, bueno: habrá que recordar el minuto de belleza que tuvo para siempre el sauce. La vida real puede ser así, tiene que ser así."


Abelardo Castillo, "Carpe Diem" (en Las maquinarias de la noche).




27 de enero de 2015

Con la música a otra parte


Hay un pasaje de El último encuentro que habla de la música, del poder de la música, de su lenguaje secreto. Por eso pensé que el mejor lugar para publicar esa cita es Blues y algo más, el reducto de Sinhué, quien gentilmente me abrió las puertas de su espacio para que vaya a jugar cuando quiera. Allá voy, entonces. Están invitados!















22 de enero de 2015

Más Márai


Sándor Márai



Mi destino soy yo
-Porque en la vida de un hombre no solamente ocurren las cosas. (...) Uno también construye lo que le ocurre. Lo construye, lo invoca, no deja escapar lo que le tiene que ocurrir. Así es el hombre (...) Es como si se mantuviera unido a su destino, como si se llamaran y se crearan mutuamente. (...) No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter.


Ser o no ser
El deseo de ser diferente de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano. Porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo. Tenemos que conformarnos con lo que somos (...) Tenemos que soportarlo, ese es el único secreto. Tenemos que soportar nuestro carácter y nuestro temperamento, ya que sus fallos, egoísmos y ansias no los podrán cambiar ni nuestras experiencias ni nuestra comprensión. 


Felices los infieles
¿Qué significa la fidelidad, qué esperamos de la persona a quien amamos? (...) ¿Exigir fidelidad no sería acaso un grado extremo de la egolatría, del egoísmo y de la vanidad (...)? Cuando exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Y si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad, ¿amamos a la persona a quien se la exigimos? Y si no amamos a esa persona ni la hacemos feliz, ¿tenemos derecho a exigirle fidelidad y sacrificio?


Pasión secreta
...la más secreta de todas las pasiones de la vida de un hombre, la que se esconde más allá de los papeles, disfraces y enseñanzas, en los nervios de cada hombre, en lo más recóndito (...) es la pasión por matar. Somos humanos (...) no podemos evitarlo... Matamos para defender, matamos para conseguir, matamos para vengarnos... 

Oriente y Occidente
En Bagdad fuimos invitados de una familia árabe. Son gente nobilísima. (...) todo refleja en ellos una nobleza a la antigua usanza, parecida a la nobleza ancestral, de cuando el hombre se dio cuenta de su rango en el caos de la creación. Hasta aquella noche se habían comportado con nosotros  más bien a la europea (...) Sin embargo, aquella noche vimos algo muy diferente. Los huéspedes llegaron después del atardecer (...) El fuego ya ardía en medio del patio y se elevaba un humo maloliente, el humo penetrante de la hoguera (...) A continuación trajeron un cordero, un cordero blanco; el anfitrión sacó su cuchillo y lo mató con un movimiento imposible de olvidar. Ese movimiento no se puede aprender, ese movimiento todavía conserva algo del sentido simbólico y religioso del acto de matar, del tiempo en que acto significaba una unión con algo esencial, con la víctima (...) El hecho es que aquel árabe mató al cordero, y de anciano de capa blanca se convirtió en sacerdote oriental que hace un sacrificio (...) Estábamos sentados en torno del fuego, mirando aquel movimiento de matar, el brillo del cuchillo, la sangre que manaba a chorros, y todos teníamos el mismo resplandor en los ojos. Entonces comprendí que aquellos hombres viven todavía cercanos al acto de matar: la sangre es una cosa conocida para ellos, el brillo del cuchillo es un fenómeno tan natural como la sonrisa de una mujer o la lluvia. Aquella noche comprendimos que en Oriente todavía se conoce el sentido sagrado y simbólico de matar, y también su significado oculto y sensual. Porque (...) todos aquellos hombres sonreían (...) y miraban con una expresión de éxtasis y arrobamiento, como si matar fuera algo bueno, algo cálido, algo parecido a besar. (...) Claro, nosotros somos occidentales (...) Nosotros también matamos, pero lo hacemos de una forma más complicada: matamos según prescribe y permite la ley. Matamos en nombre de elevados ideales y en defensa de preciados bienes, matamos para salvaguardar el orden de la convivencia humana. No se puede matar de otra manera. Somos cristianos, poseemos sentimientos de culpa, hemos sido educados en la cultura occidental (...) Nuestra historia, antigua y reciente, está llena de matanzas colectivas, pero bajamos la voz y la cabeza, y hablamos de ello con sermones y con reprimendas, no podemos evitarlo, este es el papel que nos toca desempeñar. 



El último encuentro (otras citas, aquí).

21 de enero de 2015

Un libro tan hermoso





Después de los cuentos de Kafka que comenté aquí,  llegó esta novela de Sándor Márai. Trata del reencuentro de dos amigos luego de 41 años sin verse, y del secreto que los alejó y  ahora los vuelve a reunir.
Leerla fue como viajar en tren hacia un destino tan terrible como extraordinario. Por un lado estaba la urgencia de llegar, de conocer "la verdad". Por otro, el deseo de quedarse contemplando indefinidamente la belleza del camino... 
Hacía mucho que no marcaba tanto un libro: las páginas quedaron llenas de subrayados, corchetes, signos de admiración, notas... 

Van algunas citas. 

Memoria
La memoria lo pasa todo por su tamiz mágico. Resulta que después de diez o veinte años te das cuenta de que algunos acontecimientos, por más importantes que hayan parecido, no te han cambiado absolutamente en nada. 


Comer
Están comiendo una carne poco hecha con aplicación y apetito, absortos en la masticación y la engullición, con la actitud de las personas mayores para quienes comer ya no supone solamente alimentarse, sino que representa una acción solemne y ancestral. Mastican y comen con mucha atención, como para acumular fuerzas. Comen haciendo un poco de ruido, con entrega, seriedad y devoción (...) con movimientos refinados pero también a la manera de los viejos de la tribu en un banquete solemne: con aire de fatalidad.


Amistad
-Estaría bien saber si de verdad existe la amistad. No me refiero al placer momentáneo que sienten dos personas que se encuentran por casualidad, a la alegría que les embarga porque en un momento dado de su vida comparten las mismas ideas acerca de ciertas cuestiones, porque comparten sus gustos y aficiones. Eso todavía no es amistad. A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida... y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones (...) Uno está convencido de que la amistad es un servicio. El amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. No espera ningún galardón, no idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así, con todas sus consecuencias. Esto sería el ideal. Y si un amigo nuestro se equivoca, si resulta que no es amigo de verdad, ¿podemos echarle la culpa por ello, por su carácter, por sus debilidades? ¿Qué valor tiene una amistad si solo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca una recompensa?


Hechos e intenciones
-Desde luego existe la verdad de los hechos. Ocurrió esto y lo otro. De tal y cual manera. En tal y cual momento. Esto no es difícil de descubrir. Los hechos hablan por sí solos (...) Sin embargo, a veces los hechos son consecuencias lamentables de otros hechos... Uno no peca por lo que hace sino por la intención con que lo hace. Todo se resume en la intención.


Preguntas y respuestas
Uno siempre responde con su vida a las preguntas más importantes. (...) Al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida. Las preguntas son estas: ¿Quién eres?... ¿Qué has querido de verdad?... ¿Qué has sabido de verdad?... ¿A qué has sido fiel o infiel?... ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?...
Estas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo, eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.



9 de enero de 2015

La primera semilla


Foto: Bet Z


En el posteo anterior conté que anduve ordenando mi biblioteca, haciendo espacio y preparando el terreno para la llegada de nuevos libros. Ya cayó la primera semilla.

Ayer llegó a mis manos un librito de Anagrama, Bestiario, que reúne varios cuentos breves de Kafka protagonizados por animales  (o por Odradeks...)  
Hasta ayer, Kafka era para mí solo- y nada menos que- Gregorio Samsa. Hoy, en el colectivo, en el ascensor, en la cocina, en el bosque - no podía dejar de leer- descubrí que es mucho, muchísimo más. En algunos relatos creí escuchar la voz de  Borges y en otros, para mi sorpresa, la de Cortázar. Pero, a su vez, la voz de Kafka es absolutamente singular.

Qué placer dar con un libro que te toma del cuello y no te suelta... qué felicidad esta lectura... 
Para compartir el descubrimiento, y a manera de muestra, les dejo este cuentito tan delicioso como estremecedor.


Preocupaciones de un jefe de familia

Algunos dicen que la palabra "Odradek" es de origen eslovaco, y basándose en esto tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán y solo presenta influencia eslovaca. La imprecisión de ambas interpretaciones permite suponer, sin equivocarse, que ninguna de las dos es verdadera, sobre todo porque ninguna de las dos nos revela que esta palabra tenga algún sentido.
Naturalmente, nadie se ocuparía de estos estudios si no existiera en realidad un ser llamado Odradek. A primera vista se asemeja a un carrete de hilo, chato y en forma de estrella, y, en efecto, también parece que tuviera hilos arrollados; por supuesto, solo son trozos de hilos viejos y rotos, de diversos tipos y colores, no solo anudados, sino también enredados entre sí. Pero no es solamente un carrete, porque en medio de la estrella emerge un travesañito, y sobre este, en ángulo recto, se inserta otro. Con ayuda de esta última barrita, de un lado, y  de uno de los rayos de las estrellas, del otro, el conjunto puede erguirse como sobre dos patas.
Uno se siente inducido a creer que esta criatura tuvo, en otro tiempo, alguna especie de forma inteligible y que ahora está rota. Pero este no parece comprobado; al menos, no hay nada que lo demuestre; no se ve ningún agregado o superficie de rotura que corrobore esta suposición; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es extraordinariamente ágil y no se deja atrapar.
Habita alternativamente en la buhardilla, debajo de la escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve, fielmente, a la nuestra. A veces, cuando uno sale por la puerta y lo descubre arrimado a la baranda, al pie de la escalera, siente deseos de hablarle. Naturalmente, uno no le hace una pregunta difícil, más bien lo trata- su tamaño diminuto es tal vez el motivo- como a un niño.
- Bueno, ¿cómo te llamas? 
-Odradek -dice él.
-¿Y dónde vives?
-Domicilio desconocido -dice, y ríe. Claro que es la risa de alguien que no tiene pulmones, suena más o menos como el susurro de hojas caídas.
Y así termina generalmente la conversación. Por otra parte, no siempre responde; a menudo se queda callado, como la madera de la que parece estar hecho.
Ociosamente me pregunto qué será de él. ¿Acaso puede morir? Todo lo que se muere tiene que haber tenido alguna especie de intención, alguna especie de actividad que lo haya gastado; pero esto no puede decirse de Odradek. ¿Será posible entonces que siga rodando por las escaleras y arrastrando pedazos de hilos ante los pies de mis hijos y de los hijos de mis hijos? Evidentemente no hace mal a nadie; pero la suposición de que pueda sobrevivirme me resulta casi dolorosa.







6 de enero de 2015

Preparando el terreno




De repente - y casi sin que me dé cuenta- las obligaciones laborales se acabaron.
Es el umbral del ocio, el interregno donde aún quedan ciertos compromisos que cumplir, algunas cosas por resolver. Entre ellas, una que vengo postergando todo el año: ordenar las bibliotecas.
Finalizada la tarea, varios libros que andaban perdidos hallaron su lugar. Otros siguen conviviendo en feliz mezcolanza de géneros, autores y países. Y unos cuantos abandonan el barco, dejando espacio para nuevas lecturas.
Qué alivio.

Ahora sí, el terreno está preparado. Libre de yuyos y malezas, la tierra fresca y dispuesta.
Veremos qué semillas caen. Y qué crece allí.






15 de diciembre de 2014

A la deriva




A veces uno planifica: sábado soleado, tarde junto al río para leer, dormir bajo un árbol, tomar té frío con galletas de miel. Entonces uno llega, elige el mejor árbol, despliega mantas, cada uno se acomoda con su libro. Antes de leer miro los veleros a lo lejos, las olitas sobre el marrón encrespado del río, las nubes. Después leo un rato, termino el libro, me quedo dormida. 

Cuando abro los ojos, el cielo está completamente gris. Sobre el gris avanzan nubarrones negros y gordos, como rellenos de hollín. A lo lejos se escuchan truenos, se levanta un viento endemoniado. Huimos. 
El viento sopla cada vez más fuerte, dobla las ramas de los árboles, levanta remolinos de polvo. Caminamos a paso ligero, entrecerrando los ojos. Me da miedo ese viento. Se siente el poder de la tormenta que está a punto de estallar. 
Como náufragos entramos al bar que parece un barco, con redes, faroles, timón y sirenas. Elegimos una mesa junto a una ventana, tomamos un café, vemos la lluvia sobre el río.
Le digo a O. que me gustó mucho el libro. Le cuento de qué va, le pido que lea en voz alta las últimas páginas. 
Habíamos planificado una tarde de sol junto al río, y terminamos navegando en un barco a la deriva.
Se estaba muy bien así.
Afuera seguía soplando el viento.









26 de noviembre de 2014

Fiesta selenita


Sybil Carmen, 1915.



"Hoy es mi cumpleaños", dijo Selene.
Y ahí nomás llamó a los cisnes y a los patitos feos, a los niños y a los lobos, a los poetas y a los astrónomos.
"¡Vengan, vengan!", dijo. 
"Habrá globos, tortas de crema, cine, cráteres donde sentarse a conversar y terrazas para contemplar la noche negra, el paso de los cometas, el vuelo de los ángeles y la morosa rotación de la pequeña esfera azul, allá a lo lejos. 
¡Vengan, vengan! Podrán soñar lo que quieran o lo que teman: prometo no molestarlos.
Hombres, mujeres, perros, sapos,  golondrinas y lagartos, ¡vengan a la fiesta de la Luna!" 


Solo tienen que subir a la nave y abrocharse los cinturones. 
Buen viaje.


George Melies, Viaje a la luna (1902)



No importa si realmente existe.
Si es cierto que un hombre hundió su pie 
en su suelo de tiza
Si los telescopios la exploran 
o la inventan.

Lo que importa es 
el aullido de los lobos
y el canto de los niños
el verso de un poeta que dice 
"hay tanta soledad en ese oro"
o ese otro que exclama
"¡está la luna loca!"


Lo que importa es
que siempre habrá el lado oscuro
el reflejo en el agua que una nube deshace
el espejismo de una luz robada.

¡Qué importa si realmente existe!


6 de noviembre de 2014

Relatos amables

No conozco Rafaela ni su festival, pero dan ganas de estar ahí.

Esto también pasa, esto también somos, no viene mal recordarlo.Y, si se puede, ser parte, de alguna manera.














1 de noviembre de 2014

Gitanos


Antonio Gades y Cristina Hoyos
Foto: Oscar Balducci

Dedicado a mi amiga M.A. , la bailaora


A los 12 años descubrí a Antonio Gades en el teatro Odeón. Una amiga uruguaya había venido a Buenos Aires con su familia y me invitaron a ver el espectáculo. Yo no sabía quién era Gades ni qué era el flamenco. Pero vi  la escena del duelo de Bodas de sangre. Sin música, en silencio. Vi lo que Gades y su compañero hacían, la lucha muda, el diálogo entre los cuerpos y los gestos, la tensión, el drama, la muerte. Fue un momento mítico, como dice mi -aún hoy- amiga uruguaya. Uno de eso momentos sagrados en que uno experimenta algo nuevo, diferente y tan intenso que de algún modo nos modifica para siempre.

Desde entonces, soy una profunda admiradora del flamenco, su música, sus intérpretes: Gades, "la"Hoyos, Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Pata Negra, Niña Pastori, Buika, las películas de Saura... El flamenco es Lorca, Sevilla, los gitanos, la pobreza, el honor, la pasión, la alegría de vivir, la tragedia. Algo que revuelve la sangre y se resuelve en grito o paloma. 

Hoy, en la Casa del Bicentenario, vi  una muestra de fotos de Oscar Balducci, que fotografió "por profesión y por adicción" los espectáculos de flamenco que se presentaron en Argentina en la década del '70. En ese entonces no había negativo color por encima de las 100Asa., con lo cual, era muy difícil lograr buenas fotos de los bailaores en movimiento. Pero Balducci experimentó en su laboratorio con el negativo color de cine, y así obtuvo estas fotos maravillosas que hoy integran la muestra.

Gades creía que “los poetas y los artistas son los primeros en llegar a la luz”. 


Escena de Bodas de sangre (Carlos Saura, 1981)


24 de octubre de 2014

Un invento inmejorable


Libro de metal hallado en Jordania (circa I d.C)


Hace poco llegó a mis manos Nadie acabará con los libros, una serie de conversaciones entre Umberto Eco y Jean Claude Carriere recogidas por Jean Phillipe de Tonnac.
Eco y Carriere charlan sobre el destino del libro, sus orígenes, su historia, su función...
Es una lectura amena y apasionante, lo estoy disfrutando mucho.

Comparto algunos subrayados:

*¿Qué es el libro? ¿Qué son esos libros que, en nuestras estanterías o en las bibliotecas de todo el mundo, encierran los conocimientos y las fantasías que la humanidad acumula desde que es capaz de escribir? ¿Qué imagen nos ofrecen de la humana odisea del espíritu? ¿Qué espejos nos proponen?...


* Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función ni su sintaxis desde hace más de quinientos años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor.  (Umberto Eco)


* No hay nada más efímero que los soportes duraderos (...) Le he traído este librito de mi biblioteca, impreso en latín a finales del siglo XV, en París (...) Aún podemos leer un texto impreso hace seis siglos. Pero ya no podemos ver una cinta de video o un CD-ROM de hace apenas algunos años. A menos que conservemos nuestros ordenadores en el trastero.  (Jean Claude Carriere).



19 de octubre de 2014

La equilibrista III


Pintura: Duy Huynh



Ella no tiene que ocuparse de controlar el movimiento del mundo, ni de garantizar la paz.
Tampoco tiene que dibujar corazones -ni cuerpos que los habiten-, no debe administrar el tiempo, tocar una canción, custodiar la luna o juntar estrellas.

Ella no sabe cuál es su misión.

A veces piensa que quizás no tenga ninguna.

Pero por las dudas, cada día y cada noche, con frío o con calor, con lluvia o con sol, ella mueve sus pies en el aro y, girando girando, recorre el mundo.  



14 de octubre de 2014

El rey invisible


Pintura: Duy Huynh



Nadie conoce su rostro, pero todos saben que está ahí.
Él conoce el nombre de cada uno de ellos. Dice que su misión es cuidarlos, que a eso vino. Desde que se levanta hasta que se acuesta, procura que todos estén bien.
“Es mi trabajo”, dice.

Si una anciana va a morir, él va su casa y se sienta junto a ella. Le lee un cuento o le canta una canción, abre o cierra una ventana, apaga o enciende la luz. A veces permanece en silencio, mientras le toma una mano, le acaricia la cabeza o le da un masaje en los pies.
La mujer entonces escucha la voz de su madre o su padre, siente la presencia de sus abuelos o reconoce en su cuerpo el tacto de su amado.

Si una joven ama de casa está cansada, él entra a la cocina, friega los platos, pela papas, batatas, zanahorias, pone a asar un trozo de carne, barre la sala, pone la mesa. 
A veces también se queda a comer con la familia, conversa con ellos, se cuentan sus cosas. 
Después se despide y vuelve a dormir a su palacio.

Si un hombre se siente abatido o desesperanzado, él le muestra su trono, y lo invita a sentarse.
Entonces el hombre toma asiento en la vieja mecedora y comienza a hamacarse, suavemente. 
Al rato, todos sus problemas han desaparecido. Porque ahora es el rey, y debe ocuparse de que los demás estén bien. Debe cuidar de ellos.

“Es tu trabajo”, le dice el viejo rey. Luego abre la ventana y sale volando volando con el aire fresco de la mañana.




6 de octubre de 2014

La constructora de caminos


Pintura: Duy Hyunh



Cuando ella avanza, va abriendo surcos en la tierra. Su falda arrastra terrones de pasto, pétalos, hojas secas, esqueletos de grillos, trozos de barro, algunas alimañas. 

A medida que avanza, se abren caminos en todas direcciones: norte, sur, este, oeste. Si camina por un sendero recién abierto, inmediatamente se abren otros y otros y otros, y la tierra parece un damero o un laberinto.

Antes de que ella apareciera, la tierra era como una tela negra y arrugada, y el horizonte, una línea delgada sin principio ni fin. Los hombres y las mujeres se quedaban inmóviles ante esa tela negra y esa línea interminable, sin saber adónde dirigir sus pasos.

Ahora, cuando alguien quiere caminar, solo tiene que decirlo en voz alta. Entonces ella aparece, se ubica unos metros adelante y comienza a andar. 
Al principio todos la siguen, la vista pegada al ruedo de su falda. Pero al rato, sin darse cuenta, la pierden de vista. 
Ella no está, pero los caminos sí. Solo es cuestión de seguir alguno.




30 de septiembre de 2014

El administrador del tiempo





Alguien le dijo que su tarea era importante. Muy importante. La más importante.
Y que si no fuera por él, el mundo sería un caos. No se podrían organizar el trabajo, el estudio, la comida, el sueño, el ocio. Y tantas otras cosas.

Sería un caos, le dijeron. No habría horarios, almanaques, cumpleaños, nacimientos ni muertes.
Nada funcionaría.
Imagínese qué sería de nosotros sin usted, le dijeron. No habría compromisos, plazos, vencimientos, multas, reclamos. No habría demoras. Nada ocurriría a tiempo.
Sería un desquicio.

¿Cuánto duraría una canción? ¿Y una novela? ¿Y una mariposa? Nadie lo sabría. Quizá no tendrían fin.

Sería imposible, le dijeron. No habría niños, jóvenes, ancianos, moribundos ni recién nacidos. No habría escuelas, facultades, ministerios ni geriátricos. No habría padres ni hijos. No habría antes ni después.

"Habría ahora", dijo uno.  

Todos hicieron silencio. 

"Habría ahora", repitió.


El administrador del tiempo miró su reloj, vio que ya era demasiado tarde y se fue.



Pinturas: Duy Huynh




25 de septiembre de 2014

La mort du cygne


Foto: Bet Z


(…) te acordarás quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado (…) 
Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos.

Julio Cortázar, Rayuela.



22 de septiembre de 2014

El mago


Pintura: Duy Hyunh


Fue capaz de transformar una piedra en un tigre, un tigre en una nube, una nube en un guijarro y un guijarro en un colibrí.
Logró detener el tiempo, atrasarlo, adelantarlo, apagar el sol y volver a encenderlo. Surcó el aire volando; nadó en el fondo del océano con peces fosforescentes; reptó con topos y castores por túneles subterráneos; se sumergió en lagos helados y en los cráteres hirvientes de los volcanes.

Pero todo su poder no le sirvió- no le sirve- para hacer que ella no esté triste.
La tristeza se prendió de su pequeño corazón como una garrapata, y no la suelta ni de día ni de noche.

Él consultó los viejos libros, probó las fórmulas de los antiguos alquimistas y preparó las pócimas de las hechiceras, sin resultado. 

Ella permanece plegada sobre sí misma, con las alas encogidas.

Él cambiaría todo su poder por volver a escuchar su risa. 

Entretanto, la carga sobre sus espaldas y sigue su camino, buscando.
Ella acomoda su pequeño cuerpo en esa espalda ancha y tibia. No necesita más.




21 de septiembre de 2014

Ella ha llegado


Foto: Bet Z



¿Vamos a recoger hierbas por el mundo?
Haremos un herbario con hojas y flores,
aún con las que parecen
 un murmullo apagado en la arena.

¡Qué bello será tener praderas, 
pueblos, montañas, islas!
el silencio de una almendra caída
y el silbido de vientos lejanos
descansando
en el cálido abrigo de la falda.

Edith Vera