Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

10 de junio de 2014

Misterio absoluto (7)


Encarnación




Mi abuela materna era española, se llamaba Encarnación y llegó a Buenos Aires en la década del '30. Venía de La Coruña, Galicia, y apenas sabía leer y escribir. Poco tiempo después se casó con otro gallego, tuvieron dos hijas, compraron una casa con local y montaron un almacén.
Mi abuelo era un buen hombre, trabajador, interesado en que su aceite y sus aceitunas se vendieran bien. Mi abuela también atendía el almacén, se ocupaba de las tareas de la casa, lidiaba con su asma y criaba a sus hijas. Pero además, leía. Leía mucho. Una vez cumplidos los deberes del hogar, se sentaba en la cocina y leía literatura, filosofía, teología. 
A mi abuela Encarnación - que apenas había aprendido a leer y escribir - también le interesaba la política. Siguió con fervor la campaña del Che a través de la radio, y mantuvo encendidas discusiones con interlocutores ocasionales.
Y la música. A veces se iba sola al teatro Colón, sacaba la entrada más barata y, de pie en el gallinero, seguía el argumento de la ópera en un librito, alumbrándose con una linterna.
No dudó en apoyar a mi madre cuando quiso estudiar piano. Mi abuelo- que pretendía para su hija el mucho más razonable oficio de costurera- decidió acabar con "esa pavada del pianito" rompiéndole todos los cuadernos de ejercicios. Pero mi abuela Encarnación alentó a su hija a rehacer lo deshecho, a desoír el mandato paterno y a escuchar el mandato de su vocación.

¿De dónde sacaba esa gallega sin instrucción, ama de casa y almacenera, semejantes inquietudes? ¿Cuándo y cómo nacieron? ¿Qué estímulo habrá detonado su exquisita sensibilidad?...
Me gusta imaginar que la llave pueda haber sido un libro que el azar puso en sus manos, en su lejana Galicia. O algún cuento que le contaron en su infancia. O las canciones que cantaba en ronda con las niñas del pueblo. O una conversación de grandes sobre injusticias y revoluciones, escuchada detrás de la puerta. O un segmento de La Traviata oído al pasar en la radio, mientras preparaba filloas en la cocina de su casa, en América...

Siempre que escucho historias como las de mi abuela Encarnación me hago la misma pregunta: cuando el entorno es hostil o poco estimulante, cuando todas las circunstancias conspiran para que no suceda... ¿cómo es que sucede? ¿Qué misterio hace que una vocación- o la sensibilidad ante cualquier forma de belleza- tenga lugar, aún en las situaciones menos favorables?... 




24 comentarios:

  1. Aguanten tus abuelos, aguante esa vocación y ese compromiso. Un abrazo.

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    1. Sí, está bueno sostener las convicciones contra viento, marea y entornos difíciles.

      Abrazo, Darío.

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  2. Hay personas increíbles, que se salen de lo "esperado", de lo que la lógica esperaría de ellas. Quien sabe que movería a tu abuela por dentro, qué era o de donde nacía ese empuje para ir hacía su objetivo, hacía sus ideas a pesar de todo. Hay grandes mujeres que a menudo pasan desapercibidas para la mayoría pero que son especiales. Creo que tu abuela era una de ellas.
    Un abrazo, Betina.

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    1. Exactamente, Carmela. Hay casos-como el de mi abuela- en los que no se explica de dónde sale todo eso, cuál fue el disparador.
      Seguramente, muchas "grandes mujeres" pasaron desapercibidas, los protagonistas de la Historia siempre eran otros... Pero creo que, en gran medida, si todo se sostiene aún es gracias a estas mujeres silenciosas pero comprometidas con la vida y la belleza.

      Un abrazo para vos.

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  3. No hay respuesta para tu pregunta, Betina. Y si existe esa respuesta excede ampliamente la historia que contás acá. Habrá que seguir pensado.
    Luis

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    1. No, Luis, ya lo sé. Ante el misterio, cualquier pregunta se vuelve retórica.
      Y tal vez sea mejor así.

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  4. Detrás de alguien como vos para mí no hay ningún misterio de que haya existido alguien como tu abuela Encarnación.
    Preciosa entrada. Me emocionó, Betina.¿Y dónde está la llave? La traemos en el corazón, solamente que algunas personas como tu abuela están más despiertas que otras. A veces la comodidad puede adormecernos, a ella los infortunios de la vida la mantuvieron muy atenta para encontrar dónde estaba la esencia de la felicidad. Un super abrazo agradecido.

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    1. Gracias, Eleonora. Me gusta pensar que algo de eso que ella traía en su corazón pasó al mío. Es extraño, porque fue una abuela que casi no traté. Murió cuando yo era chica y, unos años antes, su memoria decidió ir disolviéndose de a poco. Pero siempre me gustó escuchar la historia de Encarnación en boca de mi madre. De toda la familia, es con quien hubiera tenido mayor afinidad.
      Quizás, como decís, en algunas personas, las dificultades solo son estímulos para ir por lo que quieren con más fuerza aún.

      Un abrazo grande, la agradecida soy yo por tu lectura siempre cálida y amorosa.

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  5. Mas allá de toda circunstancia adversa uno busca aquello que le da placer, y el arte en todas sus formas nos llena de alguna manera el corazón.
    Besos !

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    1. Así es, T.
      Besos, gracias por pasar.

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  6. Anónimo13/6/14 0:56

    La hija se llamaba Carmen Varela? Porque fue mi abuela necesito saber si somos familia soy Zárate y vivo en buenos aires

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    1. No, no se llamaba así. Ojalá la encuentres, cariños.

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  7. Hermosa entrada.
    Realmente no sé a ciencia cierta qué factores (¿el padecer, el “no entender”? ¿todos sufrimos y, por otro lado, ansiamos comprender lo inexplicable de la vida?) habrán desencadenado esas inquietudes en Encarnación...pero qué bueno que el misterio suceda. Brindemos por las cosas, por algunas cosas, que todavía no tienen nombre.

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    1. Siempre digo que no hay nada menos interesante que un misterio explicado. Brindemos por el misterio entonces.
      Gracias por tu comentario, MSP.

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  8. Señora Betina: como representante de la curtura jayeja estoy moito quejoso
    porque en su relato de su incurta avoa hai una irrefragable intención de
    desvaloro y desdoro hacia la curtura de nosotros los jayejus, pueblo
    orjolloso y curto a la artura de alamanes y angleses, mientras que vusté nos
    trata como si fuésemos unos reverendos pollinos... ¡Si hasta se asombra que sua avoa supiera leé...!!!
    También la emaizará que su abuela en vez de rebuzná hablara...!!!
    ¿Lo ónico que sabía era leé y remendá panquecas...?
    ¿E, se cadra, non podería ir al tiatro de Culóm...?
    ¿no se le ha pasao por el culeto que fuese un ser intelixente ao xeito de
    Niuton o Mozart o Palito Orteja...?
    ¡Ay, ay, ay...!.¡Por la marecita que me dio a lú en este breñal de jente
    desenjañá...!
    Relea sus bobáyines y rezurza su costal cheio de agochado desprezo.., que por la lú que me alumbra, no dormiré al desgaire hasta que jaya salvao del
    luscofusco el honó de la sua avoa..., grandiór...!
    ¡Que me moite una batega toa a noite se non fala bem de seus parentes! ¡Y que dirá, (pra su culeto) la señora Schwab...!
    E recorde sempre que é vusté a neta de súa avoa...¡
    ¿De adónde levou toda a súa intelixencia, caranchos, de adónde ...!?

    Bicos de su enojao almiradó.

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    1. Creo que el relato es claro, pero por si a usted le cabe alguna duda, le reitero que admiro mucho a mi abuela: no solo estoy orgullosa de su inteligencia sino, sobre todo, de su sensibilidad.
      Y, por cierto, me siento mucho más afín a la cultura española que a la germana o la inglesa (cuestión de genes...).

      Saludos, coco.

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  9. La voluntad hace eso. Tu abuela no carecía de ella, evidentemente. Creo que la voluntad es un don muy misterioso, incluso más misterioso que la inteligencia. (Y probablemente nos sirva de guía con mayor acierto que ésta.)

    Saludos, Betina.

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    1. La voluntad es fundamental a la hora de alcanzar un objetivo, y es cierto que muchos "dotados" no la tienen y quedan en el camino.
      De todos modos, lo que más me asombra de mi abuela no es tanto su voluntad sino el misterio de su afición por el arte y la política, sin haber recibido estímulos de ninguna clase, no solo en su familia de origen sino en la que formó. Mi abuelo no compartía las inquietudes de mi abuela. De hecho, cuando las hijas crecieron, ellos se separaron, cosa también poco frecuente en aquellos tiempos...

      Saludos, Rob.

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  10. Falta un anarquista en esa familia de gallegos, ¿llegó en la generación siguiente?

    Saludos

    J.

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    1. No estoy segura de que falte, mire que mi abuela tenía varios hermanos... :-)

      Saludos, José.

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  11. Linda la rosa que florecía en la cabeza de su abuela.

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  12. Preciosa entrada que me deja varias puntas para reflexionar.
    He escuchado varias historias de esa época, que coinciden en el gusto de aquella clase trabajadora por la lectura, la ópera y la zarzuela. Abuelas preocupadas por el 'páis', que leían el diario, libros sacados de la biblioteca barrial (anarquista muchas veces) y escuchaban música y novelas en la radio.
    Pienso en las ofertas, en las posibilidades y en el gusto de nuestra clase trabajadora, hoy. En los tiempos del ocio. Pienso en la responsabilidad que nos toca como padres o maestros pues no sabemos cómo ni cuándo, podemos hacer entrega de la llave mágica que abre puertas o clausurarlas sin querer.
    Mire ud. como Encarnación está inscripta en su ADN, a través de los cuentos de su madre y del piano que no pudieron silenciar.
    Y sigo pensando.
    Le mando un beso grandísimo.

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    1. Qué interesante lo que dice, ahora me deja pensando a mí...
      Pienso, por ejemplo, en que suele justificarse la tele-basura diciendo que "es lo que la gente quiere ver". Yo no coincido con esa idea. Creo que si a "la gente" le ofrecieran productos de calidad y con contenidos interesantes (sin resignar el entretenimiento), aprenderían a consumir otras cosas, aprenderían a reconocer y apreciar la belleza (hablamos de esto aquí, recuerda?: http://lunavalencia.blogspot.com.ar/2013/08/algo-tan-hermoso-que-no-puede.html
      Además de los padres y maestros, los medios (o sea, las personas que los manejan) también son responsables de abrir ciertas puertas o de dar unos portazos brutales, que fomentan la violencia y una banalización de la vida que da pena.

      Yo también sigo pensando, condesa.
      Un abrazo bien grande para usted.

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