Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

24 de abril de 2012

Cuando el invierno era invierno

 


Cuando era chica, el invierno era invierno y el otoño, también: en marzo, con el comienzo de las clases,  ya hacía frío de verdad. 

Salía para la escuela a las 7 y cuarto de la mañana ( por pura convención, en verdad era noche cerrada), toda emponchada, con mi  pasamontañas y mis medias can can azules de lana (era la única que se ponía esas medias; las demás chicas andaban muy campantes con sus 3/4 ( pero  ande yo caliente y ríase la gente, ¿no Coco?...)

Durante  la primera hora de clase  seguía siendo de noche. Recuerdo los techos altísmos,  la luz mortecina de las lamparitas,  los  ventanales  enormes y la negrura, allá afuera.

Muchas veces escribía con los guantes puestos porque, en aquellas crudelísimas mañanas de invierno,  la estufita de la inmensa aula de mi escuela pública era más un artefacto decorativo (o un placebo climático) que otra cosa.

En el recreo salíamos al patio helado. Hacíamos "humito" con la boca, y el frío se materializaba en breves volutas blancas. Nos frotábamos las manos enguantadas para entrar en calor;  saltábamos la soga y el elástico, jugábamos al poliladron, a la mancha, a la escondida, a las estatuas y a las esquinitas, a pisa pisuela, a la rayuela  y a martín pescador. 
En el buffet, tomábamos café con leche con galletitas Manón o Colegiales, Tita o Rhodesia, Ópera o Bésame, o comíamos los pebetes de queso y dulce de batata que traíamos de casa. 

Después de almorzar, teníamos la tarde libre (los deberes no insumían mucho tiempo) y la ocupábamos jugando: a la maestra, a la mamá, a la vendedora de boutique, a disfrazarnos y a maquillarnos con los vestidos, aros, collares y pinturitas de nuestras madres.
En ocasiones, organizábamos superproducciones especiales, con reinas africanas, elefantes, campamentos en  la jungla, príncipes y exploradores que venían a nuestro rescate en el living de casa, de la de Liliana, de la de Rosita.

Cuando el invierno era invierno, no había computadores, internet, ni celulares; no había CDs, DVDs, ni cámaras digitales. No había televisión  por cable, ni siquiera televisión en color.

Mirábamos dibujitos en blanco y negro (después de que el estabilizador lograba convertir una tirita animada en una imagen de pantalla completa): Astroboy y Don Gato,  El lagarto Juancho y La tortuga D'Artagnan, Los Picapiedras y Los Supersónicos.

Escuchábamos simples y LPs en el wincofón y nos sorprendíamos con la llegada del hombre a la Luna.

Algunas noches, para combatir las sábanas heladas, solíamos dormir con una bolsa de agua caliente  cubierta con algo que hiciera las veces de funda, para evitar que nos quemara los pies.

 Cuando el invierno era invierno, creíamos en los Reyes Magos y en el Ratón Pérez. Algunos creían en la cigüeña, otros en el repollo y otros no teníamos la menor idea.

Algunas íbamos a catecismo y tomábamos la comunión con nuestros vestiditos blancos, misal de nácar y rosario en mano.

Festejábamos los cumpleaños en casa, con papá o mamá o una hermana mayor como animadores amateurs, y había muchos juegos, risas, peleas, torta,  piñata y bolsitas con souvenires. 


Cuando el invierno era invierno-  hace mucho tiempo-  hacía frío de verdad, éramos niños y el tiempo, esa dimensión desconocida,  estaba -definitivamente-
de nuestro lado.


                                                                      ...

22 de abril de 2012

Cuando (no) calienta el sol



                                                                                           Foto: Betina Z
No me gusta

* que los días se acorten
* que los paseos al aire libre se acorten o se suspendan
* que el sol no caliente
* el estilo cebolla (remera + saquito finito + otro saco más grueso + camperita) exigido por la amplitud térmica ( mínima 7º máxima 20º)
* los resfríos
* la fiaca que me da salir a la calle
* salir a la calle

Me gusta

* entrar en los bares, sentir el aroma del café, tomarme uno bien caliente
* ir al cine (si logré vencer la fiaca y salir a la calle)
* llegar a casa
* estar en casa
* hacer una torta casera de limón y un rico té, servido en las tazas de mi abuela
* ver una película en la tele con O.
* mirar por la ventana,  ver que afuera hay viento, está nublado y hace frío,  y yo calentita, con medias de algodón y un buen libro entre las manos
* dormir


16 de abril de 2012

Desescritura


Imagen: Franck Juery


Palabras  que deberían moverse en el silencio como peces de oro en la negrura aterciopelada del  océano. 

Palabras que deberían adoptar la forma de una liebre, de una hoja embestida  por el viento, palabras que deberían arrastrarse como dolidos caracoles exiliados de su arena, de su barro, palabras que deberían latir unos instantes  y luego desaparecer dejando su huella irisada en la oscuridad.

Palabras que se deslicen, que atraviesen, que salten más allá de cualquier pensamiento. Palabras que no dibujen argumentos ni configuren ideas, ni siquiera la sombra de una idea.

Palabras como pedacitos de piedras, arenilla, palabras como copos de humo, como trozos de algodón. Palabras como perlas, como gotas nacaradas que resbalan por paredes, por pieles, por puentes, y caen en un río o en una garganta que se cierra, palabras como dientes, como uñas, palabras hechas de granos de sal, de cáscaras de maní, de pelitos de almendras.

Palabras como hilos de encaje, como dados, como huesos, como nardos, como espinas de pez, como limas.

Palabras como manchones de tinta, como agujeros, como insectos. 

Palabras de vidrio, de hierro, de corcho, de lino, de menta.

Palabras como cubitos de hielo, como agua, como nada.

Nada de palabras.

Nada.


11 de abril de 2012

Extraña visita


Imagen: Liniers


Hoy viajaba en el 152, asiento individual, ventanilla abierta apenas un par de centímetros; leía un librito de Silvina Ocampo. De pronto siento que algo cae desde arriba (?) y delicadamente se posa entre las hojas del libro: era una hoja de árbol, muy linda,  intacta, de color ocre.
Bueno- pensé- si te gustó, quedate acá nomás.

Y ahí quedó, en la página 7, donde comienza Extraña visita, un cuento de Silvina incluido en su libro Viaje olvidado...

5 de abril de 2012

Año Nuevo


Gyula Kosice, "Persistencia de la gota de agua móvil 1"


Pienso en el tiempo, y en cómo nos va volviendo grandes mientras transforma en  niños a quienes alguna vez fueron nuestros mayores.

Pienso en cómo el tiempo va erosionando delicadamente los bordes ásperos de los recuerdos, y aquello que alguna vez fue piedra, cuchillo, muro, abismo, se vuelve arena fina que corre entre las manos, mercurio líquido, puertas, bahía.

Pienso que el tiempo va dejando sus marcas en nuestro cuerpo mientras diluye ciertos estigmas de nuestras almas.

Pienso en que al tiempo no le importa mucho el tiempo.
Por eso, cuando después de soplar las velitas él me abraza y me dice bajito "te quiero, hija", y yo le digo bajito "te quiero, pa", el tiempo se vuelve elástico, espiral, calesita, y yo  agradezco escuchar y decir lo que pocas veces nos hemos animado a pronunciar.

Por eso puedo tomar la mano de ella, ayudarla a levantarse de la silla y repetirle una y cien veces que sí, que esta es mi casa, que hoy es mi cumpleaños, que yo también la quiero. Y esa frase- que nos dijimos durante años hasta el hartazgo, hasta la náusea, hasta la enfermedad- eso que durante mucho tiempo no pude volver a decir, hoy sale de mi boca con naturalidad y sin estridencias, con el  mismo tono con que una madre le daría las buenas noches a su hijo.

Pienso entonces que el tiempo, con el que vivimos peleándonos para ganar una batalla que sabemos perdida de antemano, también nos regala algunas victorias. Es cuestión de estar atento, y de no perderse la ocasión de celebrarlo.



1 de abril de 2012

¿Y Penélope?




Javier Bardem estaba muerto conmigo. Muerto de amor. 
Me quería besar a toda costa.

Yo: Pero… ¿y tus hijas?
Él: Pues muy bien, con su madre, María... mi ex mujer.
Yo. ¿…y Penélope?
Él: Ya sabe que estoy loco por ti. Sabe que te amo.

Intenta besarme nuevamente.

Yo: Ay, perá… Besos así, con lengua...no sé… ¿No querés venir acá? (mostrándole el hueco entre mi cuello y mi hombro). 
Es el mejor lugar para estar en una mujer. 
                                              ...

26 de marzo de 2012

El reino de este mundo




Cuando bajamos del subte, en el andén,  dos policías avanzaban llevando a un muchacho, esposado; unos metros más adelante, una chica jovencita (¿quinceañera?) posaba con un impactante vestido de fiesta color violeta, con  encaje negro y mucho vuelo. Un asistente le daba indicaciones a la "modelo" y , a unos pasos de ella, clic, clic, la fotógrafa eternizaba su imagen de virginal dama gótica, iluminada con la luz fría y blanca de la estación.


En el banco, una pareja de ancianos esperaba su turno. Los dos tenían aspecto de venir desde muy lejos, en tiempo y espacio. La señora era muy viejita, menuda, de rasgos indígenas y cabello entrecano peinado en una larga trenza; llevaba un pañuelito estampado en la cabeza y ropa amplia, quizás demasiado para su figura mínima. Parecía tener cientos de años, con su piel de cobre tan arrugada y curtida.
En un momento, una adolescente que estaba haciendo la cola se asomó:
-Venga, abuela. Es su turno-, dijo. Y le extendió la mano.
La chica condujo a la señora hasta la ventanilla, donde el cajero le dio unos papeles. También le entregó una almohadilla entintada. Entonces, asesorada por su nieta, la anciana apoyó firmemente su pulgar en la almohadilla y luego estampó su "firma" en uno de aquellos documentos.

Eso ocurría  mientras otra señora de unos 60 años lookeada como de 30, con remera, calzas y botas negras, pelo platinado y  corte punk,  iba de aquí para allá, fastididada porque, al parecer,  hoy el sistema andaba para la mierda.

22 de marzo de 2012

The songs and singing



                                                            

En la calle, en casa, en voz baja o a voz en cuello.
Solos o con otros, con dos o con miles.
A capella, con pequeñas bandas, con grandes orquestas.
Por la mañana o por la noche, de tarde y cuando amanece.
Zambas y boleros, tango y bossa nova, blues y rock and roll,
pop y flamenco, jazz y cuarteto, cumbia y vallenato.
En español, en inglés, italiano o francés.
En catalán, alemán o portugués.
Chapuceando, balbuceando decires extranjeros.
Tarareando, silbando, canturreando.
Susurrando, arrullando, riendo o llorando.
Sumar, multiplicar, resonar, amplificar.
Para otros, en otros, por otros.
Sin ton ni son.
De pena o de alegría.
Como los dioses o para el diablo.
Con un hilito de voz o rugiendo como fieras.

Aire que entra y
que sale
mágicamente transformado
en música.

                                        

19 de marzo de 2012

Buenas noches





Para irse a dormir creyendo en  hadas -como Lisa Hannigan- y en los bellos cuentos que cuentan y cantan.


15 de marzo de 2012

No solo de inspiración se vive


Imagen: Arcimboldo


Comida del 2 de febrero de 1976.

Un platazo de ñoquis con queso. Un buen bife, cinco zanahorias, un gran pedazo de zapallo, una parva de chauchas. Mucho helado de crema de vainilla y frambuesa. Dos manzanas. A la tarde había comido tres cuartos de kilo de pan francés, con dulce de leche y mermelada de frambuesas, bebido dos tazas de té muy cargado y un vaso de agua mineral con efervescencia.


Pistas:
* Escritor argentino 
* 1914-1999
* Su fisonomía no se correspondía con su voracidad.

No vale guglear!... 


13 de marzo de 2012

Al Ingenioso Hidalgo Don Cocorastuti



                 
                         Que los cumpla muy feliz!  
            (va con chofer incluido)


 
"¿Un instante de felicidad no es suficiente para toda una vida? "
 (F. Dostoievsky, Noches Blancas)


Un gran abrazo, estimado amigo.
Y que hoy- y siempre- la vida le sea pródiga en instantes de felicidad (no vamos a andar pichuleando como su amigo Fedor...)

9 de marzo de 2012

Cansada de los que dicen...




1. -¿Cómo estás?
    -Bien.
    -Decíselo a tu cara, entonces, porque no se te nota.

2. Yo no creo en las casualidades sino en las causalidades  (enfatizando  la sílaba correspondiente).
 
3. A llorar a la iglesia.

4.  Yo tengo códigos/ Hay que tener códigos/ No tiene códigos


Y, en general, cansada de los que recurren todo el tiempo a frases hechas y lugares comunes de puro vagos, por decir algo, por inercia, por parecer "profundos", porque están frente a una cámara de TV... Para colmo suelen acompañar esas expresiones con gestos o guiños, como para indicar que semejante genialidad se les ocurrió a ellos. Uf.

Otra cosa son los refranes y dichos populares que perduran a lo largo de los siglos y que expresan algunas verdades inoxidables con gracia y picardía:

De tal palo, tal astilla.
Más vale pájaro en mano que cien volando.
En casa de herrero, cuchillo de palo.
El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo.
Donde manda capitán, no manda marinero.
 Mucho ruido y pocas nueces
No todo lo que reluce es oro
                            
                                
                
                    A buen entendedor, pocas palabras.

                                               

5 de marzo de 2012

Oniromaquia

Imagen: maria allemand

 Ahora tomo por una calle lateral
y entro en una zona de edificios altísimos
cien, quinientos, mil pisos.

Todos los pisos tienen un balcón
y en cada balcón hay una persona
hombres y mujeres
en todos los balcones.

Una mujer  sostiene en sus manos 
un  aparato de plástico naranja 
con un cable verde 
interminable
que se comunica con otros tantos
aparatos de plástico naranja
que resplandecen  en todos los balcones 
como chispas de un incendio inconcluso.

Entonces
alguien acerca el aparato a su boca
e inmediatamente
mil personas acercan el aparato a su oreja
mientras el cable se estira
como un tallo gigantesco.

El mensaje es:
Lidia es una egoísta

Los sonidos trepan como
hormigas desaforadas
y un enorme  reflector
enceguece la calle
en un punto exacto

Y Lidia corre 
tropezándose en una red 
de mil ojos
la luz va a tragársela
y ella corre
los aparatos crepitan como
moscas quemadas
el tallo se agita como
un mástil de agua
el silencio es total

Y Lidia estampa su figura 
en el asfalto
multiplica la sombra de sus huesos
y se zambulle en un remolino de viento,
mientras su falda, atrapada en 
 un poste de luz,
flamea en una leve despedida a lunares.

El reflector se apaga.

Es una noche tranquila de verano
y no hay nada que mirar.

El edificio de mil pisos está ahí,
con sus balcones desiertos 
y sus persianas bajas.

Cuando me alejo, 
algo
como un llanto quieto
se escurre por la alcantarilla.

Saco de mi bolsa
un pañuelito a lunares
me sueno la nariz
salgo de la Zona.

Los edificios roncan como dinosaurios.



Cuando era chica hubo un edificio de 10 pisos. Hubo un grupo de niños y niñas asomados a los balcones con sus flamantes walkie talkies, en una silenciosa noche de verano. Hubo una Lidia. Y, quién sabe, quizás haya habido unas de las tantas oscuras, secretas conspiraciones que los niños son capaces de urdir y que, mucho tiempo después nos visitan en forma de sueños o de pesadillas.

29 de febrero de 2012

Volver a las fuentes


                                                                               M. Scorsese en Hugo.

Hacía mucho que ir al cine había dejado de ser una experiencia gozosa. 
Con suerte, uno sale pensando que no tiró del todo su dinero a la basura, que la peli fue masomenos entretenida, que las actuaciones, correctas, y que dale, ahora vamos a comer algo rico.
Pero de aquello que uno experimentara alguna vez en una sala de cine- emoción, conmoción, empatía,  asombro, admiración...-, nada. Cada vez que el cuento acaba y las luces se encienden, no es necesario hacer el esfuerzo de acomodarse para regresar a este mundo, porque la pantalla en ningún momento logró hechizarnos lo suficiente como para sacarnos de él.
Películas que pasan por la vida de uno sin dejar la menor huella ("da lo mismo verla que no"), olvidables.

Sin embargo, en estos días, el cine volvió a regalarme algo de aquella magia en dos ocasiones: primero con El artista; luego, con Hugo.

No me importa que hayan ganado mil premios oscar o ninguno, no me importan las críticas a favor o en contra.

Solo deseo compartir  mi experiencia de espectadora feliz : disfruté viendo estas películas; me reí, me emocioné, me deleité, me sorprendí  y di gracias, una vez más,  a aquellos señores audaces, curiosos, chiflados, visionarios -los Lumiere,  Meliés y cía.- sin  los cuales hoy  no estaríamos realizando estos viajes de maravilla, desde la  suave y acogedora seguridad de una butaca.


                                                                      The Artist


26 de febrero de 2012

El pasado: cita 2


Foto: Bet Z

"Tratar hombres es sobrehumano. Es como lavar una puerta vieja, viejísima. Hay que ablandar una capa de pintura, después otra, después otra, y otra, y otra, con mucha delicadeza, porque la menor brusquedad puede arruinarlo todo, y sobre todo porque si hay algo de lo que los hombres están orgullosos es justamente de eso que ellos llaman "experiencia", esas capas y capas de pintura vieja, seca, podrida, llena de hongos y de moho, que hay que disolver con mucha paciencia para que al final, después de años de trabajo, queden como nacieron: desnudos. Y ahí, cuanto todo empieza otra vez de cero, bien, y cuando yo podría descansar, ahí empieza lo peor, lo verdaderamente  titánico. Porque, desnudos, los hombres son débiles, inocentes, desvalidos, torpes. Son como animales que no tienen piel: cualquier cosa puede matarlos. De modo que hay que abrazarlos con mucha delicadeza para no lastimarlos, porque tienen el cuerpo muy frágil y son muy asustadizos, y hay que tranquilizarlos, y ayudarlos a levantarse, y mostrarles que sí, que pueden, que pueden caminar..."

Lo dice Sofía, yo solo transcribo... 

22 de febrero de 2012

El pasado: cita 1


Foto: Betina Z

"De todos los efectos de la separación, al menos de todos aquellos de los que tenía alguna conciencia, el único que verdaderamente seguía tomándolo de sorpresa era el hecho de que los signos del amor que había quedado atrás, signos "de la otra vida", como a menudo le gustaba llamarla, hubieran sobrevivido a la catástrofe y siguieran viviendo en medio de la vida nueva más o menos ilesos, preñados del mismo significado de siempre. ¿Cómo era posible que todo cambiara menos eso? ¿Qué clase de criaturas podían tener la fuerza, la obstinación necesarias para atravesar ese verdadero cambio de era geológica que era la extinción de un amor de doce años? A veces, mientras caminaba por la calle, le pasaba que alzaba de pronto los ojos y descubría o se llevaba por delante, literalmente, un cartel con el nombre de un bar, el afiche de una marca de ropa, la boca de una estación de subte, la portada de un libro exhibido en una mesa en la vereda, una revista colgando de un quiosco, una raza de perro, una playa promovida en la vidriera de una agencia de viajes, y sentía que de la mano de uno solo de esos signos banales un bloque entero de pasado, surgiendo de la noche sin aviso,  hacía crujir su alma con una violencia brutal, como si fuera a partirla en dos. Entonces, en medio de esa zozobra física, fruto del choque de dos magnitudes de tiempo y no de dos experiencias sentimentales, Rímini pensaba que, de haber algún recurso quirúrgico que le garantizara el vaciado completo de todos y cada uno de aquellos signos, su restitución a un estado de opacidad original, él se habría sometido al procedimiento sin chistar, con los ojos cerrados, o soñaba entristecido con un mundo que promoviera el uso personal y voluntario de la amnesia, una vida en la que cualquiera fuera capaz, mediante algunos pases sencillos, de extirpar de los signos todos los sentidos que el paso del tiempo hubiera hecho caducar, así como cualquiera elimina de un año a otro los nombres y números que ya no necesitará del índice telefónico de su agenda."

La idea del uso voluntario de la amnesia, de poder extirpar de la memoria aquello que duele de manera insoportable, me recordó lo que sucede en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Allí, ese procedimiento "quirúrgico" existe y funciona y,  sin embargo, ante la evidencia de que todo rastro de pasado quedará abolido, el protagonista se rebela, se resiste, lucha con desesperación para salvarse, para resguardar su historia con todo aquello que la constituye y que incluye, también, el fin del amor.

Qué dilema...

21 de febrero de 2012

El pasado

                     
Foto: Betina Z
                                                                                                                                                                        
Desde hace unas semanas, estoy sumergida en el pasado; no en el mío (aunque, de algún modo, también) sino en el que Alan Pauls imagina para Rímini, el protagonista de su novela. 
No es caprichoso lo de sumergida: se trata de una lectura de la que- por varias razones- no es fácil salir, emerger. Una vez que se entra en sus aguas turbulentas, uno no puede dejar de acompañar al protagonista en su desesperada huida del pasado hacia ninguna parte, ni de sorprenderse al descubrir todos los recursos  a los que el pasado-es decir, lo que fuimos y, sobre todo, lo que fuimos con otros- echa mano con tal de no desaparecer.

 Rímini y Sofía formaban una pareja perfecta, una "obra de arte"; pero las obras de arte  existen para ser contempladas y admiradas, no para vivir dentro de ellas. Por eso, por "exceso de belleza", la relación llega a su fin. A partir de la separación, Rímini tratará de empezar una vida nueva, vacía de toda huella de Sofía , de su pasado con Sofía. Por su parte, Sofía se ocupará de demostrarle- de diferentes maneras,  desde las más sutiles hasta las más brutales y  aterradoras - que su proyecto es imposible.
En breve, algunas citas...

13 de febrero de 2012

La buena memoria



Cuando escuché la noticia de la muerte de Spinetta sentí pena. Pero una pena algo distante, del tipo "uy, qué lástima... un tipo talentoso, un hombre bueno, un músico que seguramente tenía mucho más por decir, por crear...". 
Quiero decir, la muerte de Spinetta no parecía llevarse consigo nada personal, nada que tuviera que ver con mi propia historia.
Hasta que la Negra comentó lo siguiente (en este post):

Querida Betina,
Desde ayer evoco uno de los umbrales que cruzamos juntas:
Un grabador en el canasto, auricular izquierdo en su oreja, el derecho en la mía.
Los elefantes saben descansar, van a morir de paz... ♫♪
Amo, amat, amabit, amare.
Chicas y muchachos nos esperan allá...♫
Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
Beso mares de algodón sin mareas, suaves son, sublimándonos, despertándonos. ♫
La soledad es un amigo que no está ♪♫♪ Flaco poeta ad aeternum.
Celebro el misterio de los umbrales compartidos. (...)

Entonces, como si sus palabras fueran un conjuro, de pronto veo ese canasto y ese grabador,  la huida de los claustros, las plazoletas de la 9 de julio  temprano el durazno/ del árbol cayó  el auditorio Kraft  Ven a mí/ con tu dulce luz/ sos alma de diamante, el grabadorcito entrando con nosotras al estadio de Obras  y si es que ves/ cómo se extienden/ si ves cómo se resignan/ a olvidar su inexplicable soledad/ serás como ellos/ te podrán contar los cuentos más extraños/ pero no te apurarás el grabadorcito en la playa, al atardecer y al amanecer El vino entibia sueños al jadear/ desde su boca de verdeado dulzor / y entre los libros de la buena memoria/ se queda oyendo como un ciego frente al mar el parcial "feo", el teatro, las "tres niñas" Tengo tiempo, / para saber, /si lo que sueño, /concluye en algo Hair, la noche, las casas, la guitarra, las madrugadas, las confesiones, los secretos, los deseos, el futuro  Aunque me fuercen, /yo nunca voy a decir, /que todo tiempo por pasado fue mejor /mañana es mejor  los dolores, la oscuridad, los amores, los desencuentros, la música, los libros, la resistencia  Ella también se cansó de este sol / viene a mojarse los pies a la luna  la inocencia  Ana de noche/ hoy es un hada/ canta palabras/ canta y se torna en luz...


Y así, sin estridencias, sin llanto, sin ninguna zozobra, con la misma placidez con que lo escuchábamos en el grabadorcito, canto  esta hermosa canción y dejo que la voz extraterrestre de Spinetta siga escribiendo, en mi corazón, los libros de la buena memoria.

(Gracias, negri.)



6 de febrero de 2012

He dicho




Según la gramática española, el pretérito perfecto compuesto señala un hecho ocurrido en un pasado inmediato: "Te he escrito una carta, más tarde la llevaré al correo", equivaldría a : "Ayer/ Esta mañana/ Hace un rato te escribí una carta, más tarde la llevaré al correo."

Sin embargo, existe un uso de esa forma verbal que - hasta donde sé- no figura en los manuales: es el uso del pretérito perfecto compuesto para lograr que lo que decimos suene  más importante, veraz, contundente y/o indiscutible.
Ejemplos: 
Sí, he leído a Borges, pero no recuerdo ese cuento... Indubitable: leyó a Borges, salvo, justo, ese cuento. / Sí, leí a Borges, pero no recuerdo ese cuento... Mmmm..., me parece que no leyó un pomo.

Te he dicho mil veces que no dejes la ropa tirada. Contundente: no hay duda de que la frase, en efecto, fue dicha 1000 veces.  / Te dije mil veces que no dejes la ropa tirada. Bue... tanto como mil veces.... ta bien, no importa, ya la guardo.

Esta vez no hemos podido ir, pero no faltará oportunidad. Sin reclamo posible: es evidente que razones impostergables  y  de fuerza mayor  lo han impedido./ Esta vez no pudimos ir, pero no faltará oportunidad. Andáaa... no quisiste, tenías fiaca, no podés vernos ni en figuritas, etc.

Bueno, para muestra bastan 3 botones.  

                                     Han entendido, ¿no?

                                           

4 de febrero de 2012

Misterio Absoluto IV



                                      Sin principio ni fin

Por ejemplo:

* Lunes 1.30 a.m. Me acuesto, hago zapping, me detengo en una película empezada (supongamos "El descanso" en la escena en la que el personaje que interpreta Cameron Díaz conoce al que interpreta Jude Law). Me engancho, quiero ver cómo sigue, pero poco después el sueño me vence.

* Jueves, misma semana, 10 p.m. Enciendo la tele, hago zapping, me detengo en una película empezada, veo que se trata de "El descanso" en la escena en la que el personaje que interpeta Cameron Díaz conoce al que encarna  Jude Law. Pretendo seguir viendo pero suena el teléfono, es MA, como de costumbre hablamos mil horas y chau película.

* Dos semanas después. Sábado,10 a.m. Desayunamos con O. Encendemos la tele, hacemos  zapping ...y ahí está una vez más "El descanso" exactamente en la escena en que la que (ya saben).
Tampoco termino de ver la película.

* 1 mes después. Viernes, 1.30 p.m.: lo mismo.

* 3  meses después. Domingo, 6. 00 p.m.: ídem.

                   Y así hasta el infinito.
                                                                ?