Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

10 de julio de 2014

Mundial


Soy una de tantas mujeres que no ve ni sabe nada de fútbol, pero que se engancha con los mundiales por las razones que solemos esgrimir: por el espectáculo, por la belleza de los estadios (y de algunos jugadores), por la sensación de que cuando se enfrentan una potencia europea y un país latinoamericano o africano, se juega más que un partido de fútbol. Además, la omnipresencia del tema termina ganándonos, por cansancio o contagio.

Ayer, el encuentro Argentina-Holanda nos agarró en la calle y, con O, decidimos ir a verlo a un bar. 

LADO A
El Banderín fue nuestra primera opción. Llegamos a las 17 pasadas y, como era de prever, no cabía un alfiler. Las mesas estaban repletas, había gente de pie, y las cervezas, los cortados, las picadas y los tostados viajaban de la barra a los clientes pasando por las manos de los que quedaban en el medio. En un momento, por la puerta de la esquina se asomó un señor sesentón que, viendo el abarrotado panorama, amagó con pegar la vuelta.
- ¡Washington!- gritó alguien detrás de la barra-. ¡Pasá, pasá!
Entonces, Washington pasó, y le hicieron un lugarcito detrás del mostrador.  
El clima era tan íntimo, alegre y familiar que no daban ganas de irse. Afuera hacía frío, las calles estaban desiertas y esa esquina de Almagro se sentía como un refugio. Así que nos quedamos a ver el primer tiempo de pie, pegados contra la puerta. Delante de nosotros, sentados a una mesa, había una mujer (argentina, con la camiseta de la Selección), su hijito (también con la celeste y blanca) y su hijita, con la camiseta y el sombrero de Holanda. De pie, el papá (holandés, camiseta naranja)  intercambiaba palabras y cervezas con su esposa, y comentaba los dibujitos que sus hijos hacían en las servilletas. También nos previno sonriendo, en su español rudimentario:
"Cuidado con codazos cuando festeje goles Holanda.  3 a 1 va a ser."
"Ah, no sé, eso se verá"le contesté también sonriendo, sin dejar pasar la provocación.

Durante el partido hubo mucho nervio, palabras de aliento, insultos, aplausos, cantitos. Pero lo que más se sentía era la atmósfera de fiesta familiar (de familia que se quiere a pesar de las diferencias, aclaremos).
Así vimos los primeros 45 minutos de Argentina- Holanda. 








 Bar El Banderín ( Fotos Bet Z)


Fin del primer tiempo. La mayoría de los clientes se levantan (fila interminable de mujeres para ir al baño), salen a la calle a fumar, a estirar las piernas y la tensión acumulada. 
Nos gustaría quedarnos, pero la cosa pinta para largo y tenemos ganas de sentarnos. 
Empezamos a caminar en busca de otro bar.


LADO B
Calles semidesiertas. Bares cerrados (un par abiertos, con luces muy fuertes y solo dos mesas ocupadas, una tristeza). Seguimos buscando y llegamos al café de Coronel Díaz y Soler (otro notable, aunque no se parece a los demás). Hay gente, pero quedan un par de mesas libres. Entramos.
En una mesa grande, un grupo de chicos y chicas jóvenes; en otra, cuatro amigas veteranas; en otra, un señor solo; dos chicas sentadas en la barra. La camarera atiende  a los clientes y mira el partido de refilón, sin mucho entusiasmo. La mesa de los jóvenes observa atenta pero tranquila. 
En la mesa de las veteranas, una señora comenta a voz en cuello todas las jugadas, chifla como un camionero, grita, insulta, les desea "un ataque de ACV" a los holandeses, pide que los "maten", que les dé un infarto, critica sus caras, su color de pelo, su piel clara. No parece contenta, ni entusiasmada, ni atenta al partido (más de una vez reacciona ante la repetición de una jugada como si estuviera sucediendo en ese momento). La señora solo hace su show. Quiere que la miren, que le festejen sus gracias y que todos se unan a su vehemente patriotismo y pasión deportiva. 
O. y yo nos miramos consternados. Pero hay quedarse a terminar de ver el partido.

Final del juego: salto de la silla como un resorte ante cada yerro holandés, ante cada gol de Argentina. La veterana se acerca a O. con los brazos abiertos: "Prestámelo un cachito, total vos lo tenés todo el tiempo" dice, y abraza a O efusivamente . Después me toca a mí.
Salimos del bar.


Café Nostalgia (Foto Bet Z)

BONUS TRACK
Mientras caminamos por Coronel Díaz hacia Santa Fe, la calle se va llenando de gente que sale a festejar. Salen con sus camisetas, sus banderas, sus tambores y sus vuvuzelas. Al llegar a Santa Fe ya hay un grupo grande celebrando en la esquina. Un mozo parado en la puerta de la confitería sostiene en una de sus manos la copa dorada. "La vamos a traer" dice, mientras una señora le saca una foto.
Doblamos por Santa Fe hacia Pacífico. Cada vez hay más gente en las calles, pequeñas multitudes marchando y concentrándose en Scalabrini Ortiz, en Plaza Italia. 
Yo también estoy contenta. Es imposible sustraerse al festejo colectivo, y la alegría de los niños es especialmente contagiosa. Pero hay algo en ese desborde, en los llantos desconsolados, en las risas histéricas, en los gritos, que me hace ruido. No sé bien qué hay allí, todo se mezcla en un caldo espeso y difícil de descifrar: la alegría genuina y la impostada; el feliz sentimiento de "patria", de pertenencia a una comunidad, y el peligroso odio al rival, al extranjero, al enemigo. La manifestación de una saludable catarsis y la violencia o frustración contenida y convertida ahora en grito, insulto o revancha. 

De todos modos, y como no puede ser de otra manera, el domingo seré una más, alentando. 


[...]
 “y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña

de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire
y la culpa es mi culpa
y en mi cama hay un pozo que es mi pozo
y cuando extiendo el brazo estoy seguro
de la pared que toco o del vacío
y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen.

Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto.”


(Mario Benedetti, Noción de patria. Fragmento)


10 comentarios:

  1. Bien lo has notado: el caldo es espeso. La mezcla de lo que debería ser solamente juego con un nacionalismo superficial, peligroso y volátil), la humillación verbal del adversario (en los cantitos tribuneros), son cosas que rechazo.

    Saludos, Betina.

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    1. Cuando el adversario se convierte en enemigo y cuando un juego define la honra de un país, estamos en problemas.
      Saludos, Rob.

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  2. Estimada Betina: yo le pido que no se me amargue..., después de todo..., los argentinos sólo somos un invento, sí, sí, cómo no, un pobre y fraguado
    invento de Downing Street, un país con personas que no se enteraron (ni
    quieren enterarse) que viven en una colonia...¡Si usté supiera como se ríen
    de nosotros los dueños del mundo... no la habría fastidiado la ordinaria
    jumenta que festejaba ante sus barbas..., bueno, si es que usté usa
    barbas...!

    ¡Consúltelo con mister O., acaso el también sabe lo ilotas que somos...! (Si
    es que usté le permite opinar...)

    De manera que no se preocupe por lo que se diga o haga en estas ceremonias paganas y pagadas, ¡y tomesé un licor "8 Hermanos" y cante "La farolera tropezó" mientras recorre Almagro con paso de murga...!!

    Pero no crea que yo desprecio creer en estos campeonatos mundiales...¿acaso no creo en Cristo, en Borges, en Macedonio, en Buda, en Scalabrini Ortiz, en Plaza Italia, en Molly Ringwald...?
    ¿Cómo no sobrarme fe para estas ruidosas naderías...?

    Y con nuestra pobre e ilusa noción de patria ¿cómo no va a haber un
    benedettiano desconcierto...?

    Un beso, y sea siempre, o finja siempre, ser muy feliz.

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  3. Ah, como me gustaron las fotos de "El banderín", se las afané para mi archivo de fotos de "buenos recuerdos" ...Y respecto de "la alegría genuina y la impostada"...., mire, mi Betina, toda alegría es genuina, yo le escribo a usted siempre con alegría genuina porque es la única que hay...., lo falso o fingido tiene el defecto de no existir, y debería divertirnos con su vacuo espamento.., si yo fuera un ficticio escritor aquí...¿que corchos sería...? ¿eh? ¿no me prefiere real y sincero para usted aún con mi meritísima presencia de exitoso en el fracaso...?

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    1. A mí se me hace que vusté solo cree en Antístenes...
      Igual le regalo las fotos de El banderín para su álbum de buenos recuerdos ajenos, y si quiere también le presto este epígrafe " Recuerdo de la tarde que no estuve en El Banderín viendo Argentina- Holanda". ¿Le gusta?

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    2. ¡Aaaah..., cuánto la quiero.... en su blog de hojarascas y fotitos le contesto esto, vea, vea...!!!

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  4. las mujeres cada 4 años quieren un poco de esa alegría infantil de los hombres, de compartir esa pasión aún sin entenderla... de molestar con los abdominales de Lavezzi aunque sea uno de los peores jaja... en fin, mujeres.... y adorables.... salu2...

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    1. ...puede ser, puede ser... (aunque en mi caso molesté con otras cosas, Lavezzi y sus abdominales no son mi tipo :-)

      Saludos JLO

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  5. Le dejo un video que se viralizó en la red, como dicen ahora.

    http://www.youtube.com/watch?v=61M3R4quE1c

    Mire qué acertada su intuición, con todo lo que pasó después en el obelisco, no?

    Creo que nos emocionamos porque no es Messi salvando el partido, es este pueblo sufrido, la guita que no alcanza, el seguir pese a todo. Cuando Messi "frota la lámpara", cuando Di Maria vuela, cuando Mascherano saca pelotas imposibles, somos nosotros mismos consiguiendo nuestros sueños.

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    1. Tristeza porque nos quedamos mirando la copa con la ñata contra el vidrio, por todas las cosas que los argentinos miramos con la ñata contra el vidrio, tristeza por los festejos de ayer devenidos en batalla campal y por los festejos frustrados de hoy. Tristeza, bah.
      Y usté me viene con este video encima!... (al menos, avisan que es muy emotivo :)

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