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Foto: Bet Z |
- Lo que no entiendo -dije yo- es dónde está la dificultad. No entiendo qué es lo que hay que entender.
- Justamente, no hay nada que entender (...) Hay que creer. Yo tenía que creer simplemente lo que estaba ocurriendo, tomarlo con naturalidad: vivirlo (...) Ese sauce a la orilla del agua, por ejemplo. Está ahí, de pronto; está ahí porque de pronto lo iluminó la luna. Yo no sé si estuvo siempre, ahora está. Fulgura, es muy hermoso (...), la prueba de que existe es que es hermoso. Todo lo demás son palabras. Y cuando la luna camine un poco y lo afee, o ya no lo ilumine y desaparezca, bueno: habrá que recordar el minuto de belleza que tuvo para siempre el sauce. La vida real puede ser así, tiene que ser así."
Abelardo Castillo, "Carpe Diem" (en Las maquinarias de la noche).
Una noche de fiesta, no recuerdo bien si un 24 o 31 de diciembre, mamá me dijo que se había dado cuenta de algo sustancial. Tanto así que lo había escrito en un papel y guardado en un joyero de plata repujada:
ResponderEliminar"Todo lo que no es amor, es una mentira".
Yo no entendí entonces, y ella no encontró palabras para explicarse. "No importa...", recuerdo que dijo, superada por la magnitud de su propia cognición. Sin embargo, cada tanto la frase me viene a la mente.
Hoy, por ejemplo, leyendo este posteo.
"Un día-lo recuerdo a la perfección, era una mañana de abril, el domingo 14 de abril- estaba sentada en la galería leyendo un libro. (...) Entonces sentí que me estaba sucediendo algo. (...) Hay instantes en la vida en que lo ves todo claro, con absoluta lucidez; vuelves a descubrir energías y posibilidades escondidas (...) Esos momentos constituyen puntos de inflexión en la vida. Llegan sin avisar, como la muerte o la conversión.
EliminarUn violento escalofrío me erizó el vello de todo el cuerpo. Empecé a temblar."
(Sandor Márai, La mujer justa).
Su mamá debe haber experimentado un temblor parecido. Qué revelación la suya...
¡Qué hallazgo Betina! Esta frase brilla tanto como la de Borges sobre la belleza, y su importancia reside en entender que la belleza como la felicidad son chispazos, reflejos que hay que atrapar cada día y que esos destellos de belleza pueden encontrarse en lo grande y en lo pequeño.Lo importante es andar atentos por la vida, mirando hacia arriba y no solo preocupados por las imperfecciones del camino. Simplemente para no perdernos tanta belleza.
ResponderEliminarUn abrazo enorme.
Coincido, Eleonora. No deberíamos perdernos esos instantes -paraíso. También me gustó mucho la idea de la belleza como algo inexplicable... Solo hay que creer en ella, en su verdad inefable.
EliminarOtro abrazo grande para vos.
Carpe Diem es uno de mis cuentos preferidos de Castillo. Si no me equivoco también es uno de los relatos preferidos del propio autor. Tu selección es perfecta. A veces no hay que entender sino entregarse.
ResponderEliminarUn abrazo desde Suspende,
L.
Solo había leído Israfel, hace mucho tiempo. Las maquinarias de la noche dormía en mi biblioteca, esperando que le llegara su/mi momento. Carpe Diem es uno de los cuentos que más me gustó, y sí, es uno de los preferidos de Castillo, según dice en el prólogo.
EliminarEso, no entender, no intentar explicar. Solo creer.
Un abrazo lunático, Luis.