Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

24 de julio de 2012

El balcón de al lado



                                                                  Imagen: Norman Rockwell
                                          
Cuando era chica, todas en el barrio estábamos enamoradas de Fernando.
Yo tenía el privilegio de ser su vecina, y de que mi balcón estuviera pegado al suyo. Fernando ignoraba olímpicamente a las más pequeñas- entre quienes estábamos Rosita y yo- o las trataba con un cariño fraternal, como si se tratara de hermanitas menores. Eso nos dejaba casi sin chances. 
 Pero a los 11 o 12 años, ese porcentaje mínimo era suficiente para alimentar nuestras fantasías.

Cierta vez, pasamos una tarde entera preparándonos para que nuestro amado cayera rendido ante nuestros encantos.  Ensayamos todos los ritos de un universo que aun no habitábamos plenamente, y así, guiadas solo por la intuición- o por un conocimiento ancestral- nos maquillamos, nos perfumamos y nos vestimos con atavíos exóticos, seguras de que esas señales portaban la llave de la seducción.

Toda esa larguísima tarde la dedicamos a vigilar el balcón de al lado: en algún momento, Fernando tenía que asomarse; entonces, nosotras nos presentaríamos a sus ojos como dos pequeñas geishas, dos bailaoras flamencas, dos damas antiguas, dos deidades irresistibles. Y él tendría que elegir.

Pasaron las horas, cambiamos mil veces de disfraces, de "pinturitas", de collares y de adornos. Practicamos diferentes canciones, pasos de baile y recitado de versos. 

Pero llegó la  noche, y Fernando nunca apareció.
                                                    ...


Con el tiempo, el recuerdo de aquella tarde se convirtió en el siguiente juego de palabras:

 
Caigo en la terraza de un 
edificio bajo
a la hora de la siesta.

Enfrente, una casa blanca
como un trozo de hielo
y una casa negra
como una caja de ébano.
En el segundo piso 
hay dos balcones.


Más allá del vidrio 
del balcón 
de la casa blanca
 adivino una mujer frente al espejo, 
tiñendo su boca de rojo;
detrás, otra mujer se peina 
como si tejiera una canción.
La de la boca roja se envuelve
en una mantilla negra
la que canta se coloca
una flor entre los pechos.

El sol cae.

Entonces se asoman 
por primera vez
y giran sus rostros 
hacia  el balcón de la izquierda
en un compás exacto.


Él todavía no ha llegado.


Una lava sus pies en
agua de violetas,
 otra frota sus poros 
para que atrapen 
la jalea de la luna


El sol desaparece


Ellas se asoman por segunda vez
 giran los rostros perfectos y planos
como  naipes de una baraja.


Él todavía no ha llegado.


Saben que no habrá 
otras noches
que los barrotes del balcón
crecerán como jaulas
que la luna nunca más será
tan azul
que ellas no volverán a tener
doce años
que él se convertirá en un viejo cínico
y decrépito
que ellas deberán calmar
las pesadillas de sus hijos
y construir las naves
 de sus maridos.

Por lo tanto

verifican la suave curva de sus senos
el terciopelo de la nuca
los latidos en la punta
de los dedos
una acentúa el rojo
de su boca
la otra agita su pelo
como una orden.

Se miran.

Empieza a llover en la terraza.
Y sobre la casa blanca como el ébano
Y sobre el balcón negro como el hielo.

Ellas se asoman por última vez.
Giran los cuerpos
como una detonación
y se desnudan bajo la lluvia.

El agua diluye el rojo en rosa, en agua
El pelo se adhiere a los pechos como
una confesión.

Sobre el balcón de la izquierda
el agua cae como un insulto
cubre todo el espacio 
de la ausencia
cubre toda la noche 
ya sin luna


Un gato 
se interpone un momento 
entre mis ojos y el balcón
entre mis ojos y el balcón de la casa blanca
deshabitado para siempre,
entre mis ojos y el balcón de la casa negra
donde un hombre decrépito enciende 
un cigarrillo
y mira caer 
la última estrella.



19 de julio de 2012

Elogio del (viejo) librero

       
                                                                                   Foto: Betina Z
                                                                                                

Hace meses que O. venía rastreando un libro muy difícil de conseguir. Recorrió (y recorrimos) varias ferias y librerías de usados, sin éxito. Ayer habíamos pasado por 3 o 4 más, y nada. Hasta que, ya emprendiendo el camino de regreso a casa, pasamos por  Huemul.  Cuando uno ingresa allí, la sensación es que es imposible que alguien pueda contabilizar cuántos libros hay, ni saber cuáles son,  ni muchísimo menos localizar dónde están. No hay mesas de "novedades", ni mesas con libros por género, ni mesas con libros exhibidos, de ninguna clase. Hay miles (¿millones?) de ejemplares  ubicados en estantes que cubren- del piso al techo- las altísimas paredes del local, o se amontonan en el suelo en pilas irregulares.

Detrás del mostrador había dos libreros, uno más joven y otro más viejo. O. preguntó por su libro.

- Mmmm, no- dice el librero viejo.
Empezábamos a retirarnos cuando, repentinamente, corrige:
-Esperá. Sí.
-No- acota el librero joven.
-Sí- dice el viejo.
-No está- insiste el joven.
-¿Apostás tu sueldo?- desafía el viejo.

El joven acepta el reto. De inmediato, el viejo se sube a una escalera altísima, trepa hasta el último escalón, posa un dedo sobre el lomo de uno de los innumerables libros que cubren la pared, lo saca, se baja y lo apoya sobre el mostrador.
-¿Es este?
-Sí- dice O., perplejo.

El viejo sonríe, triunfal. El joven nos mira con bronca y resignación (dudo que haya perdido su sueldo, pero el orgullo lo tenía por el piso). Nosotros nos miramos y no lo podemos creer.


Larga, larga vida a los viejos libreros (en el shopping, no se consiguen).

12 de julio de 2012

Como si fuera posible


                                                                           Imagen: Jacek Yerka


Estaba en el super con O.  Hora pico, pocas cajas habilitadas, cola interminable. "¿Sabés qué? Quedate en la cola, yo voy a la farmacia a comprar los caramelos para la garganta y vuelvo", le digo a O.

Salgo, camino una cuadra hasta la farmacia, saco un número, pregunto por cuál van, veo que tengo 10 personas delante, desisto, hago un bollito con el número y me lo guardo en el bolsillo del tapado, me voy de la farmacia, vuelvo al supermercado.

Me encamino hacia la cola anticipando cuántos pasos (1 o 2, con suerte) habría adelantado O. No lo veo.
Recorro la cola de adelante para atrás y de atrás para adelante. No estaba.

"No puede ser", me digo, "fui y vine, no tardé ni 5 minutos, no hay manera de que ya le haya tocado". Sabía que era un absurdo, que no había manera de que en ese breve lapso hubiesen pasado los 3 carritos enormes y  repletos que teníamos delante, más el nuestro, pero increíblemente contemplé la posibilidad de que ese suceso imposible hubiera ocurrido. "Si terminó, debería estar cerca de la puerta esperándome", pensé. E insistiendo con un razonamiento fuera de toda lógica, rastrillé con la mirada la entrada del local buscando a O., previendo su sonrisa y su comentario zumbón. Pero no estaba.
Pasaron unos segundos en los que sentí un vacío absoluto, como si la realidad fuera capaz de hacer una broma semejante, como si el tiempo pudiera estirarse o contraerse caprichosamente. Y durante esos segundos creí  que sí, que era posible,  que lo que para mí fueron 5 minutos tal vez habían sido 50, que el tiempo era una ilusión, que tal vez todo lo era.

Sentí frío.

Entonces miré un poco más allá, donde se formaba otra cola que se adentraba entre las góndolas. Me encaminé hacia ella, giré y vi a O., unos pocos pasos más adelante de lo que lo había dejado cuando salí para la farmacia, con los codos displicentemente apoyados sobre nuestro carrito. Me acerqué, le sonreí, respiré. "Tenía 10 personas delante, me fui", le dije. "Ah, y recién me confundí de cola, no te encontraba."
O. me sonrió e hizo un comentario zumbón sobre mis habituales despistes.

Media hora después, estábamos en casa.

(  .  )


Hay como pequeños paréntesis en la realidad, y es por ahí donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente lo que podemos llamar lo fantástico. Ese sentimiento, ese extrañamiento, consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizador se ve bruscamente sacudido, como conmovido por una especie de viento interior que lo desplaza y lo hace cambiar. (J. Cortázar)



6 de julio de 2012

Segismunda



                                                        Imagen: Benjamin Lacombe



De chica tenía un sueño muy extraño y perturbador: soñaba que tenía una familia, diferente de la real, y que esa era mi verdadera familia. La otra- la que yo creía real- era la familia soñada.

Así, soñaba que mi vida real era un sueño del que despertaba solo cuando me dormía, es decir, cuando "despertaba" a mi verdadera vida.

Cada noche, mi familia- la del sueño- me esperaba para inaugurar juntos un nuevo día. Y cada mañana, cuando abría los ojos a la "realidad",  ellos me daban las buenas noches y me deseaban dulces sueños.



A veces, todavía me pregunto si es posible tener alguna certeza al respecto. 




3 de julio de 2012

Aficiones





 
Concedo que estos
no son tiempos
para hablar del amor
a las arañas

que tanta pasión derivada
a lo negro
a patas como espinas de aire
y cuerpos como esponjas entintadas
puede sonar a estética anacrónica

Sin embargo
no puedo resistirme a esa
maravillosa construcción
de babosos mapas homicidas

a la expectación que late
en cada agujero hambriento

al deseo que cruje agazapado
en la mortaja invisible

Está bien
comprendo el estupor
de los bienpensantes
por esta amorosa confesión

Pero sepan que desprecio 
vuestras manoplas
y  aerosoles 
de colores dudosos

A cambio,
elijo
esta larga noche de pasión
en la que seré
minuciosamente
devorada
hasta estallar seca

mientras ustedes
 tiran
sus aerosoles

y empiezan a afilar
los
cuchillos.


26 de junio de 2012

Ese pequeño objeto de deseo



                                              Imagen: Jules Joseph Lefebvre

 
"Quiero proponerles una consideración que me hace pensar que el soporte de papel de la literatura, el libro, es un objeto tan sofisticado que, al menos en lo que llamamos las bellas artes, convivirá con los nuevos soportes y quizás con alguna ventaja.
Mi argumento: las pantallas hoy son la herramienta fundamental de trabajo de la humanidad.
En cualquier lugar del planeta la mayor parte del tiempo laboral transcurre entre los fogonazos de los ordenadores. La electrónica, en primer lugar, está asociada al trabajo (...) 

Pero justamente la literatura es mucho más que información. Un libro científico es un caudal de informaciones y los textos de estudio son solo eso: información que hay que entender, aprender, dominar y aplicar.
Mas la literatura no tiene nada que ver con estos criterios pragmáticos. La literatura es justamente el regodeo de la palabra, en las imágenes que abren la mente hacia zonas no codificadas por el lenguaje de las ciencias. La literatura de creación, narración o poesía, pertenecen al ámbito del placer más que del trabajo. (...)

De allí que mi apuesta es por una larga convivencia de distintos tipos de soportes: los electrónicos serán fieles aliados de la investigación, la información, el "trabajo" intelectual, el contacto "solitario" con un relato.
Los soportes de papel seguirán siendo el espacio privilegiado de la imaginación no utilitaria, de la combinación de artes que se expresa en el objeto libro..."


Antonio Skármeta (nota publicada en revista Ñ)

20 de junio de 2012

Vamos por más!...


...total es gratis, como diría mi abuelo.

Tengo el gusto de anunciarles que abrí un nuevo blog.  
Los primeros 10.000 visitantes serán recibidos con té, scones caseros y galletitas de limón. Los demás, nada, lo siento (el presupuesto me da hasta ahí).



Los espero!


18 de junio de 2012

Misterio Absoluto V




 Viernes, 5 de la tarde, avenida Santa Fe. Tomo el 152,  para un trayecto corto. 
De pronto veo pasar- en sentido contrario- algo que llama mi atención: no es otro colectivo, ni un camión, ni un micro de larga distancia, ni una ambulancia, ni una autobomba: es un barco, blanco, grande, con sus ojos de buey rodeados de lucecitas azules, su proa y su popa. Antes de perderlo de vista, giro la cabeza desesperadamente y llego a leer: Nuevo Acantilado   Av. Colón....  Mar del Plata...

Después desapareció.


(la condesa tendrá la clave de este misterio?...)                                                                 

14 de junio de 2012

Una casa (2)

 
                                       Foto: Betina Zeta


Como conté en este post, anduve ayudando a mi padre a desocupar una casa, la de mi abuela. 

Ahora, en mi casa, hay:

  •  una enagua  de seda blanca, lavada, perfumada, radiante, que seguramente acompañará mis sueños en algunas noches de verano
  • una sartén enorme, que cocinó el relleno de unas empanadas saboreadas con amigos, en una grata velada
  • una asadera donde estrené una nueva receta de cocina
  • algunas tazas y platos de porcelana (no durmiendo en un aparador a la espera de "ocasiones especiales", sino usados casi cotidianamente)
  • un vestidito clásico,  arreglado, hermoseado y "estrenado" en el cumple de 50 de un querido amigo
  • un "solero" estampado con florcitas rojas y amarillas, que anduvo paseando conmigo por Boedo y tomando un café en el Margot
  • un abanico, que nunca está de más en la cartera de una dama
  • una biblioteca baja donde alguna vez estuvieron los libros de mi abuelo, y que hoy exhibe los libros, música y películas de O. y míos.
  • unos guantes de hilo azul marino, testigos del abrazo y feliz  encuentro con una amiga residente en MDQ, de visita en Bs As (no, no es la condesa!)

Esas cosas que algunas vez estuvieron vivas y luego fueron olvidadas (hasta por sus propios dueños), hoy llegan a mis manos y- desde allí- se suben una vez más a la rueda de la vida.

A mí me da alegría.


10 de junio de 2012

Suma (3)



                                                                                           Foto Betina Zeta


Parece un dibujo, ¿no? Pero no...



...y esto es lo que sumaron ustedes (gracias!)

  • el sol en nuestra bandera (Rob K)
  • erizos de mar en el cielo (VER)
  • la condecoración oficial del árbol (Cocorastuti)
  • un pequeño sol/ un hoyo en el cielo/un disparo que horadó la superficie celeste (La condesa sangrienta)
  • un sol/ un erizo/algo que recogí del piso y convertí en adornito (Caia)
  • el último adorno del último arbolito de la última navidad (Hermes)


6 de junio de 2012

Suma (2)



                                                                                           Foto: Betina Z




5 de junio de 2012

Suma


A veces

el otoño
+
cierta luz
+
las hojas de un árbol

dan
este resultado:


                                                                                                   Foto: Betina Z
               
                 Qué felicidad.



29 de mayo de 2012

Una casa

                                                                   Foto: Betina Z

Desde hace un tiempo estoy ayudando a papá a desocupar la casa de mi abuela. Es decir, la casa donde papá vivió parte de su infancia y juventud, hasta que se casó. 

Allí hubo una familia, una historia, muchas historias, la de cada uno de sus miembros, la que tejieron entre todos.

Allí hubo ruido de cacerolas, de manos poniendo la mesa,  de cebolla friéndose, de manos lavando los platos, de puertas abriéndose y cerrándose. Hubo olor a café y a tostadas, a leche hirviendo, a salsas, a carnes, a tortas.

Allí hubo niños y hubo padres, hubo risas y juegos, peleas de hermanos, llantos y retos, celos, amores y odios. Hubo noches silenciosas en las que se dormía al amparo de los mayores, con la tranquilidad de saber que allí estaban todos, cerca, en casa. 

Después hubo un padre que partió demasiado pronto y una familia que nunca volvió a ser la misma.
Hubo compuertas que se abrieron violentamente y ventanas que se cerraron por años. 
Hubo una tía que nunca se casó y que enterró para siempre el nombre del amor, como si se tratara de una palabra inexistente.
Hubo otra tía que tampoco se casó y que enterró para siempre la realidad, como si fuera una palabra cuya densidad era incapaz de soportar. 

Hubo un hermano ausente y otro hermano que hizo lo que pudo.

Hubo el tiempo.


Entre las cosas que encontré ayudando a papá a desocupar la casa, hay:
  •  algunos collares de perlas, guardados entre algodones
  •  dos polveras antiguas
  •  incontables pares de guantes
  • un pequeño ramillete de flores de tela de distintos colores, en una cajita azul.
  • una foto que retrata a un grupo de flamantes maestras normales, saludando desde la cubierta de un barco
  •  mi tía L. en el campo, con un ramo de margaritas gigante en los brazos
  •  un documento de mi bisabuelo, donde está asentado el nacimiento de mi abuela
  •  el banquito de zapatero donde todos en la casa se lustraban los zapatos
  •  una antigua máquina de coser

Allí, en esas pequeñas cosas, está la historia de una familia, de lo que fue y lo que será para siempre, y que se revela así: en unas fotos, en unas perlas, en unas pequeñas flores de tela de colores.

               Pequeñas cosas que también siguen escribiendo mi propia historia.


24 de mayo de 2012

Vigilia





Tenía 12 años. Mi abuela materna estaba muy mal y mamá iba a pasar la noche con ella en la clínica. Yo me quedé en casa de unos tíos.

Después de cenar, jugué un rato con mis primos y más tarde nos fuimos a acostar. Ellos se durmieron pronto, pero yo no podía conciliar el sueño. No estaba triste ni tenía miedo, solo quería estar atenta. No podía dormir sabiendo que esa noche alguien se iba a morir.

En la mesa de luz había un libro: era una edición infantil -Biblioteca Billiken- de La Divina Comedia. Toda esa larguísima madrugada, mientras mis primos dormían y mi abuela agonizaba, yo descubrí el infierno, el purgatorio y el paraíso de Dante.

Cuando amaneció, mi abuela había muerto.


                                                   ...

19 de mayo de 2012

Actividad de los paisajes



Foto: Betina  Z
 
Una palabra se desgrana
en mil diminutos diamantes
que fecundan tréboles
aquí y allá
sorpresa verde del páramo
alegría

Una flor sin nombre ofrenda 
uno a uno 
sus pétalos de ámbar
para amortiguar la insolencia 
del tiempo 
y las huellas del sol

Una piedra transparente
posa desnuda
 encaramada a un sauce
para que la luz 
se astille de reflejos
y la despose en silencio
bajo una noche invisible

¿Quién conoce los secretos, 
la actividad febril 
de los paisajes?

Ellos
entretanto
crean mundos.


15 de mayo de 2012

Perros

Foto: Betina Z

"Teresa acaricia constantemente la cabeza de Karenin, que descansa tranquilamente sobre sus rodillas. Para sus adentros dice aproximadamente esto: no tiene ningún mérito portarse bien con otra persona. Teresa tiene que ser amable con los demás aldeanos porque de otro modo no podría vivir en la aldea. Y hasta con Tomás tiene que comportarse amorosamente, porque a Tomás lo necesita. Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad, y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existentes entre ellos y nosotros.
La verdadera bondad del hombre solo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales.[...]
(...) crece ante Teresa una idea blasfema de la que no puede librarse: el amor que la une a Karenin es mejor que el que existe entre ella y Tomás. Mejor, no mayor. Teresa no quiere culpar a Tomás ni culparse a sí misma, no pretende afirmar que pudieran quererse más. Pero le da la impresión de que la pareja humana está hecha de tal manera que su amor es a priori de peor clase de la que puede ser el amor entre una persona y un perro, esa extravagancia en la historia del hombre, probablemente no planeada por el Creador."

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.

12 de mayo de 2012

Gatos del Botánico



                           
                                           

Fotos: Betina Z


                                    En otro tiempo estás. Eres el dueño
                           de un ámbito cerrado como un sueño. 

                                                       J. L. Luis Borges


8 de mayo de 2012

Compartir la belleza



"Creo que la voluntad de belleza existió desde aquellos pretéritos tiempos (...)
Se demoró mucho  en reconocer que era verdad, que hacía miles de años que nosotros- o nuestros abuelos- habían sido capaces de tanta belleza. Nos costó muchísimo reconocerlo. Y la verdad es que la belleza nació con nosotros- como el deseo, como el hambre- y fue,  desde el principio, una hazaña posible. Esa capacidad de belleza que hizo que fuéramos capaces de convertir en flauta los huesos de los pájaros, o alindar las paredes, las paredes de  las cavernas (...)
Por ejemplo, en las cuevas de Altamira, las pinturas son delicadísimas, se salen de la roca y se van al aire de delicadas que son... Y entonces yo me preguntaba- y me lo sigo preguntando- si fueron realmente abuelos, si no serían las abuelas, si no serían ellas... si no habrán sido las pinturas rupestres obras de las mujeres, las mujeres excluidas desde el principio de los tiempos... yo creo que sí, que eran mujeres, que decoraban la casa, o sea, que alindaban la casa... y que tenían un sentido de la belleza más desarrollado que el nuestro, obligados como estábamos a pelear cuerpo a cuerpo con fieras feroces...Y eso hizo que ellas llegaran más lejos en el cultivo de la belleza, y  yo se los agradezco... por eso las mujeres ocupan siempre un lugar importante en todo lo que escribo, como una suerte de homenaje incesante a la mitad invisible de la humanidad, que tanto hizo para guardar lo que más valía la pena guardar, que es la capacidad de hermosura."

"Algunas de las crónicas de la conquista española son muy reveladoras de lo que eran los prejuicios de esta Europa que invade un territorio desconocido creyendo que era la India, o China o Japón, y el horror que les produce ver gente desnuda, mujeres y hombres todos desnudos y pintados, como cuadros andantes... y en lugar de percibir eso como una virtud cultural, en lugar de decir qué sana esta cultura, y qué bella es, qué hermosa que quieren compartir la belleza (...) en lugar de admirar eso, lo condenaban..."

Eduardo Galeano (entrevistado por Gerardo Rozín en  Esta noche libros ).  
La entrevista completa, aquí.  

Un placer.

4 de mayo de 2012

La verdá de la milanesa




Hace un tiempo escribí un post donde intentaba señalar cuándo y cómo se funda una amistad. Sin ánimo de contradecirlo- sino, más bien, a modo de apostilla- digo que no todo lo que reluce es oro.  Y que revelarlo, también hace a la cosa.

Pienso: en el comienzo de una amistad hay otro instante crucial, y es el momento en que uno deja de mostrar solo lo mejor de sí mismo para animarse a mostrar la hilacha.  Es un acto de fe y un voto de confianza, algo así como "creo que sabés quién soy, creo en esto que nos une,  y creo tanto que confío en que vas a quererme igual aunque descubras que también puedo ser chusma, parcial, desatenta, ignorante, boba o mala".

Digamos que este segundo momento crucial requiere sí o sí de un momento previo, el del umbral compartido. Sin esa primera elección casi irracional e intuitiva, es muy difícil que se dé el segundo paso. Y si se da, es muy probable que todo derrape, y el otro se quede con la idea de que, básicamente, soy una chusma, parcial, desatenta, ignorante, boba o mala, y yo me quede con la idea de que el otro es, básicamente, un salame, engreído, envidioso,  insensible o guarango.

No estoy descubriendo la pólvora, claro. Ya se sabe que querer implica querer la prenda enterita,  con sus hilachas, sus remiendos, sus cierres  y sus pequeños- o grandes- agujeros. Pero siempre me sorprende percibir el instante en que esa revelación se produce.

También está de más decir- pero lo digo igual- que todo lo dicho en relación con la amistad, aplica para el amor. Para el amor de pareja, quiero decir.

Y ahí te quiero ver, mascarita.

1 de mayo de 2012

Pequeñeces



Imagen: Liliana Porter, Green Balloon


vaquita de san Antonio
semilla de manzana
lágrima
 pestaña
granito de sal
nomeolvides
botoncito de nácar
miguita de pan
arañita

alita de encaje
 besito de menta
alhajita
sapito de terciopelo
lengüita de trapo
monedita
moñito de seda
perla
motita de polvo
rulo
lunarcito de canela
pelusita de nieve
huella de colibrí
átomo del aire
suspiro
punto
.