Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr
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22 de enero de 2016

El Hueko




No hay tiempo. 
No hay pasado, presente y futuro. 
Podrá haber algo así afuera, en los almanaques, los relojes, los documentos de identidad, los álbumes con fotos viejas, los espejos.
Pero no hay tiempo adentro. No sé adentro dónde. Supongo que en el corazón, en el cerebro, la piel, la nariz, los oídos, no sé. Pero sí sé que adentro no hay tiempo.
Lo sospechaba, pero últimamente lo estoy comprobando, y es una comprobación asombrosa.
Ayer lo confirmé una vez más, al enterarme de que MM ya no está aquí. Entonces, el supuesto pasado invadió el presente con una intensidad deslumbrante: gestos, palabras, millones de imágenes de momentos compartidos como pedacitos sueltos, como piezas de un rompecabezas descomunal que- seguramente- también guardamos dentro de nosotros, pero que no nos es dado contemplar en su totalidad. Todo eso no era un “recuerdo”, no era el pasado: estaba sucediendo -¿dónde? no lo sé- ahora.
Ayer volví a tener 20 años; ayer, todo lo que fue volvió a ser.

Y te escribí esto:

Hubo un tiempo en que fuimos hermosos. Teníamos veintipico, pedíamos lo imposible y estábamos convencidos de que lo imposible tendría lugar de un momento a otro.
Salíamos a la calle en busca de "algo maravilloso”, éramos hippies, escritores, músicos, actores, dibujantes y directores. Hubo muchísimas noches- con sus madrugadas y sus amaneceres- en Villa Urquiza, los tres escuchando música (“esto es impresionante, escuchen, escuchen” nos decías abriendo mucho los ojos mientras ponías Cathedral en la bandeja del tocadiscos), tomando un vino, fumando, leyendo, escribiendo, leyéndonos lo que escribíamos, escribiendo de a tres, haciendo humor al toque de a dos, “vos callate y tocá la guitarra, chirusa”, noches en que nos leías cada capítulo de El juego de K que iba saliendo del horno y que luego se convirtió en el primer premio de novela de la Primera Bienal de Arte Joven, allá por el lejanísimo 1989. Hubo un tiempo sin tiempo ni espacio en que solemnemente fundamos El Hueko, porque sabíamos que era allí- en ese vacío, ese aire, esa nada sin condicionamientos ni pretextos- donde podíamos ser lo que queríamos ser. El Juego de K fue El Hueko; Subterrákeos e Imakinaria fueron El Hueko paseando su nada divina por Cemento, El Parakultural, Babilonia y el Rojas.
El Hueko también fueron los chicos del Luján, las clases de teatro, las charlas con Gilardi en el bar de Villa Pueyrredón, los libros que nos prestamos y los que nos robamos (te quedaste con Los conjurados, me quedé con Un tal Lucas), las charlas interminables, las películas, el truco que jugábamos en casa, la vida porosa que se abría paso dejando entrar el aire y todo lo que traía.
Eso fue hace mucho, mucho tiempo. Pero hoy -una vez más- comprobé que el tiempo no existe, que lo que queda en el corazón queda para siempre, que lo que pasó hace tanto está pasando ahora, en este mismo instante.
Querido Monchímedes: donde estés, que lo imposible suceda. Y que sea maravilloso.









2 de octubre de 2015

Marcas




"...volví a casa con el libro, me tiré en un sillón y empecé a leerlo y seguí y seguí mientras la luz cambiaba y terminé casi a oscuras, al fin de la tarde, alumbrado por el reflejo pálido de la luz de la calle que entraba por los visillos de la ventana. No me había movido, no había querido levantarme para encender la lámpara porque temía quebrar el sortilegio de esa prosa. Primera conclusión: para leer, hay que aprender a estar quieto."
                        Ricardo Piglia (en  Los libros de mi vida. Páginas de una autobiografía futura)


El protagonista de este librito (digo así, librito, porque es uno de esos ejemplares de 8 x 5 cm que expende la Máquina de libros de la Biblioteca Nacional) se propone reconstruir la serie de libros ("los libros de mi vida") de los cuales recuerda con nitidez la situación y el momento en que los estaba leyendo: "Si recuerdo las circunstancias en que estaba con un libro eso es para mí la prueba de que fue decisivo. No necesariamente son los mejores, ni los que me han influido, pero son los que han dejado una marca."

Hice la prueba, y fue más difícil de lo que creía. No fui capaz de armar una serie, pero pude recordar un libro: este.




3 de junio de 2015

Guía de la Buena Esposa *

Publiqué este post el 2/12/21013. Me parece oportuno volver a publicarlo hoy.

NI UNA MENOS












































En 2013, uno podría leer esta "guía" con una sonrisa. Podrían darnos gracia estos mandamientos acerca de la esclavitud femenina. Las mujeres del siglo XXI podríamos reírnos a carcajadas de esta suma de burradas y pasar a otra cosa. 

Pero no podemos. No puedo. No me sale reírme. Porque esta concepción del deber ser de una mujer, esta idea de su (no) lugar en el mundo, sigue viva. Estos mandamientos, que muchos varones pretenden hacer cumplir, no son ajenos a los 1432 femicidos cometidos en nuestro país entre 2008 y 2013, a razón de una mujer asesinada cada 35 horas. 


Cada vez que escucho la noticia de una nueva mujer prendida fuego, golpeada, abusada, violada o enterrada viva- en la mayoría de los casos, por su pareja, ex pareja, familiares varones- me pregunto: ¿cómo puede ser? ¿cómo es posible que esto esté ocurriendo? 

Y entonces llega a mí esta Guía de la Buena Esposa, un supuesto manual de 1953 que se entregaba a las mujeres que hacían el servicio social en la rama femenina de La Falange. Algunos sostienen que este manual no existió y que las imágenes solo son parte de la presentación de Las Aparicio, una teleserie mexicana de 2010. Otros dicen que ambas cosas serían ciertas (las imágenes que se usan en la presentación pertenecerían al manual de 1953).

No importa demasiado. En cualquier caso, sus viñetas me recordaron algunas reflexiones de Sandra Russo en un excelente artículo, que leí gracias a un post de Eleonora:


"El poder no es el lugar reservado a un cuerpo femenino. No está previsto. No hablo apenas del poder político, sino de la microfísica del poder que se desparrama por lo cotidiano(...) En las historias de violencia de género siempre hay un varón que estalla brutalmente porque no es capaz de tolerar que algo le ha sido arrebatado: las víctimas son castigadas indefectiblemente por desobedecer, por desabnegarse. Le han arrebatado al victimario su poder sobre ellas."

"Todavía muy lejos de los celos, y mucho más lejos todavía de un motivo verosímil para sentirlos, suele haber una camisa mal planchada, una comida recalentada o fría, una tardanza en volver del paseo, demasiadas llamadas con amigas, una forma de sentarse que no gusta, una palabra de más u otra de menos, un tono de voz que no se admite, una diferencia de opiniones. En todos los casos, ella no hace lo que él quiere. En eso se resumen todos los desencadenantes de tantos crímenes impunes, y en eso reside el femicidio: en matar a una mujer que no hace lo que el asesino quiere, aunque lo que quiera él la violente o la vuelva a ella contra sí misma. Eso es todavía el patriarcado..."


Hasta que esto no cambie, hasta que el cuerpo y el alma de las mujeres no estén a salvo, hasta que no quede una gota de estos "mandamientos" corriendo por la sangre de ningún varón (y de ninguna mujer), no voy a poder reírme.



* o crónica de miles de muertes anunciadas.






17 de marzo de 2015

El señor y la señora Kovács




"Teníamos muchos juegos. Estaba el del señor Kovács, te lo explico para que entiendas (...) Teníamos que jugar en sociedad, cuando estuviéramos entre otros señores y señoras Kovács (...) ¿Qué le dice un señor Kovács a otro señor Kovács si el tema de conversación es la crisis del gobierno, o el desbordamiento del Danubio, que se ha llevado por delante varios pueblos, o el político de renombre, del que se ha sabido que obtuvo su fortuna a costa de las arcas públicas, o el divorcio de la famosa actriz (...), o incluso el paladín de la moral, que se ha suicidado en una casa de citas?  Pues el señor Kovács, en esos casos (...) dice: Así va el mundo, señor mío.  Y acto seguido suelta un tópico colosal, del estilo de una de las características del agua es que es húmeda (...). Desde que el mundo es mundo, todos los señores y señoras Kovács hablan así (...) 
Quizá la vida es tan inconcebiblemente canalla y desesperada porque los tópicos son inefables, y solo el artista y el genio se atreven a mandar los tópicos al infierno, a descubrir en los lugares comunes lo que está muerto o es antinatural, y a demostrar que detrás de las verdades respetables y dogmáticas de los señores Kovács se esconde siempre otra verdad. "

Sandor Márai, La mujer justa

El mundo está lleno de señores y señoras Kovács. Abundan en la tele, la radio, las redes sociales, el trabajo, la calle, las reuniones familiares... Consultadas sobre cualquier tema, la mayoría de las personas responde con frases hechas, obviedades, dichos que no dicen nada pero sirven para quedar bien, generalidades.
Los Kovács utilizan lugares comunes por comodidad, ignorancia o hipocresía. En los mejores casos resultan previsibles y aburridos. En los peores son vergonzosos y hasta peligrosos: sus dichos suelen replicarse y extenderse como  reguero de pólvora, conformando la inefable "opinión pública", con consecuencias muchas veces nefastas.

Nobleza obliga, debo reconocer que en ciertas ocasiones es tentador decir lo primero que se nos ocurre (que casi siempre es un lugar común). Hay que hacer un esfuerzo-y el cerebro, se sabe, es vago por naturaleza- para no decir qué barbaridad frente a una barbaridad, qué hermoso ante algo hermoso, o qué vergüenza frente a un hecho vergonzante. Hay que ponerse a pensar si eso que nos parece una barbaridad lo es, y por qué lo es, y quiénes la cometen, y por qué sucede, y si podríamos hacer algo para que no ocurra, etc. Si algo nos parece hermoso habría que ponerse a pensar qué es lo que lo hace hermoso, qué matiz, qué color, qué palabra, que sonido porta el secreto de su belleza. 

Aunque pensándolo bien, ante la belleza no deberíamos decir nada (a las chicas se nos pone difícil).

Escena de King Kong (Peter Jackson), con Naomi Watts.




5 de marzo de 2015

¿Qué es la poesía?


Foto: Bet Z



Las que siguen son algunas respuestas a la pregunta formulada por la revista La Balandra: "¿cómo reconocer la poesía de lo que no lo es?" *

"Los más bellos versos parecen siempre escritos en una lengua extranjera. Aunque sea la propia, con la sintaxis normal y las palabras más simples de todos los días. La poesía abre su extranjería en el interior de la lengua materna."   (Beatriz Vignoli)

"No creo que (la poesía) esté limitada al género que toma su nombre, sino que se presenta de improviso en muchas páginas de narrativa (...) Rulfo fue una revelación poética muy importante para mí. Una verdadera conmoción. Recuerdo la emoción estética que sentí al leer "No oyes ladrar los perros" (...) Leía y releía esos diálogos (...) como en una especie de encantamiento. Leer a Rulfo fue para mí (...) la revelación de la poesía. (...) En su decir- y en el de todo buen poeta- las palabras son talismanes. Objetos de poder."

"Definir la poesía no es posible, ya que la materia que la constituye es precisamente el misterio, la belleza y el abismo. Sin embargo, podemos reconocerla. No a través de un análisis racional sino por un saber que proviene de lugares más recónditos. Cuando hay poesía, sabemos que está allí. El alma, sabe." (Silvia Arazi)


"La poesía no es solo una cuestión de entrenamiento técnico, hay algo visceral que no puede ser sustituido. En poesía, nada suena peor que lo falso. Fraguadores de linduras-decía Vallejo-ved cómo viene el agua por sí sola, sin necesidad de exclusas; el agua que es agua para venir y no para hacernos lindos". (Florencia Abbate)

Pienso entonces: 
La poesía como una  una lengua secreta oculta en las palabras que decimos todos los días. 
Las palabras talismanes.
Lo que el alma sabe. 
El agua que es agua para venir.



* (gracias, Anahí!)




6 de enero de 2015

Preparando el terreno




De repente - y casi sin que me dé cuenta- las obligaciones laborales se acabaron.
Es el umbral del ocio, el interregno donde aún quedan ciertos compromisos que cumplir, algunas cosas por resolver. Entre ellas, una que vengo postergando todo el año: ordenar las bibliotecas.
Finalizada la tarea, varios libros que andaban perdidos hallaron su lugar. Otros siguen conviviendo en feliz mezcolanza de géneros, autores y países. Y unos cuantos abandonan el barco, dejando espacio para nuevas lecturas.
Qué alivio.

Ahora sí, el terreno está preparado. Libre de yuyos y malezas, la tierra fresca y dispuesta.
Veremos qué semillas caen. Y qué crece allí.






24 de octubre de 2014

Un invento inmejorable


Libro de metal hallado en Jordania (circa I d.C)


Hace poco llegó a mis manos Nadie acabará con los libros, una serie de conversaciones entre Umberto Eco y Jean Claude Carriere recogidas por Jean Phillipe de Tonnac.
Eco y Carriere charlan sobre el destino del libro, sus orígenes, su historia, su función...
Es una lectura amena y apasionante, lo estoy disfrutando mucho.

Comparto algunos subrayados:

*¿Qué es el libro? ¿Qué son esos libros que, en nuestras estanterías o en las bibliotecas de todo el mundo, encierran los conocimientos y las fantasías que la humanidad acumula desde que es capaz de escribir? ¿Qué imagen nos ofrecen de la humana odisea del espíritu? ¿Qué espejos nos proponen?...


* Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función ni su sintaxis desde hace más de quinientos años. El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor.  (Umberto Eco)


* No hay nada más efímero que los soportes duraderos (...) Le he traído este librito de mi biblioteca, impreso en latín a finales del siglo XV, en París (...) Aún podemos leer un texto impreso hace seis siglos. Pero ya no podemos ver una cinta de video o un CD-ROM de hace apenas algunos años. A menos que conservemos nuestros ordenadores en el trastero.  (Jean Claude Carriere).



1 de julio de 2014

El caos primordial


Foto: Bet Z


En otras ocasiones ya hablé de mi incapacidad para orientarme en el espacio. 
Por ejemplo, si voy caminando por Santa Fe hacia Coronel Díaz y, sobre la marcha, se me da por entrar en un negocio, cuando salgo enfilo invariablemente para el lado contrario. 

El viernes andábamos con O. por Palermo buscando un regalo para un amigo cuando, de pronto, supe perfectamente qué recorrido debíamos hacer para llegar al lugar que buscábamos. Y no me equivoqué.

"Estar tan ubicada me asusta", le dije a O.

Por suerte el fenómeno duró poco y, unas cuadras más adelante, ya había recuperado mi tranquilizadora desubicación innata  :-)



28 de junio de 2014

Esos momentos en los que el mundo parece ser un buen lugar


Foto: Bet Z


Un domingo en un parque, por ejemplo. Niños jugando, perros que corren o se frotan el lomo en el pasto, familias sentadas al sol, el viento tibio de abril o noviembre, un cielo azul, limpio. Adolescentes besándose, nenas cuchicheando en grupo, varones jugando al fútbol, bebés observando atentos el camino de las hormigas, explorando una piedra o siguiendo con el dedo la línea que un rayo de sol traza sobre el césped. Viejos jugando a las cartas, a las bochas, al ajedrez. Viejas tejiendo juntas. Un hombre o una mujer sentados en un banco, solos, leyendo. 
El carrito que vende globos de azúcar rosada y manzanas con caramelo. 
La calesita con caballos, naves espaciales, góndolas venecianas y carrozas de reyes. 
El olor de los eucaliptos y de la garrapiñada caliente. 
Risas de chicos, el ruido de las piedritas que arrojan sobre la superficie del lago para hacer patito. Una hilera de nenes y nenes con témperas y papeles, sentados frente a sus atriles, pintando. 
Bicicletas, patines, monopatines, rollers.
Gente corriendo, trotando, caminando, de pie, sentada, acostada, despierta, dormida, sola o acompañada, hablando o en silencio.
Gente haciendo lo que quiere. Animales haciendo lo que quieren. 

Siempre pienso: si un ovni sobrevolara el parque en este momento, los extraterrestres concluirían que los humanos somos muy afortunados, que nuestro mundo es tibio y dorado, lleno de aromas y sonidos exquisitos, que los niños y los animales se dedican a jugar y retozar, y que los adultos hacen lo que les da la gana. 

Después el sol se va, y hay que irse. 
Pero sé que todos guardamos en nuestro corazón la certeza - y la nostalgia- del paraíso que habitamos, al menos por un rato.







2 de junio de 2014

Cuestión de estilo





No digo que resulte fácil. Al contrario. Ser sencillo puede ser una de las cosas más complicadas. 

Vicente Huidobro dijo: "El adjetivo, cuando no da vida, mata".  

En Alicia a través del espejo leemos:
“-Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que quiero que diga..., ni más ni menos.
-La cuestión es –insistió Alicia- si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión –zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda. Eso es todo.”

Horacio Quiroga, en su Decálogo del perfecto cuentista recomienda:
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.

Para Stephen King, el vocabulario es el pan del escritor. Puedes aprovechar lo que tengas sin ningún sentimiento de culpa ni de inferioridad. Es lo que le dijo la puta al marinero vergonzoso: "Oye , guapo, que no es cuestión de lo que tienes sino de cómo lo usas".  

Retomo: no es fácil. 
No siempre encontramos las palabras precisas para decir lo que queremos decir. Cada palabra"dice lo que dice /y además más y otra cosa" advierte Alejandra Pizarnik, por eso con ellas hay que andar con cuidado. Quizás para Quiroga era sencillo saber que "Desde el río soplaba el viento frío" era la mejor, la única forma de describir esa circunstancia. A otros puede costarles mucho más. 
Esa es la tarea, claro. Ese es el chiste. A veces sale. Otras parece que salió, pero no. Y otras, tachamos, cambiamos, suprimimos, rompemos y, finalmente nos resignamos: no hay manera, no logramos decir eso que queremos decir.

Es entendible que a alguien que escribe le dé trabajo, le cueste ser simple. Lo que no soporto es que alguien que escribe decida no ser simple creyendo que eso es escribir bien, que ser un escritor es decir lo más obvio y sencillo del mundo de la forma más rebuscada posible.

Todo esto viene a cuento porque en estos días leí un par de revistas "culturales"con editoriales y reseñas llenas de frases grandilocuentes, lugares comunes y palabras "difíciles", cuyo fin evidente era impresionar al lector demostrando cuán cultos eran sus autores.  El resultado es un texto confuso, pretencioso, ridículo, con una sintaxis enloquecida. Pobres palabras, da pena verlas ahí, tan tensas, tan exigidas, más perdidas que perro en cancha e' bochas...



25 de abril de 2014

Pretensiones


Pintura: Frida Kahlo



Quiero reencarnar.
Ya lo decidí.
No me resigno a no ser una cubana
que riega sus macetas en un balcón de La Habana vieja.
O a ponerme un velo e ir hasta el zoco en Marruecos,
a comprar azafrán, cardamomo, nuez moscada.
No me resigno a no ser un joven griego
atrapando peces en el Mediterráneo
o un anciano de Sada o La Coruña yendo a la iglesia del pueblo
a misa de seis.

O una niña esquimal, que anda en trineo y juega con osos y con zorros
y duerme en una casa hecha de bloques de nieve.

No quiero perderme ser un  gato, un gorrión,
un pato, una pantera,
un palo borracho, una santa rita, una montaña,
una crisopa, un lobo, un río, una piedra.
No quiero perderme ningún rincón del mundo,
ni uno solo de sus vientos, sus lluvias, su nieve, sus desiertos
sus playas, sus bosques, sus caballos.
No quiero no ser eso, todo eso, alguna vez.

No me quiero perder a nadie,
que no queden afuera abuelos, madres, padres,
hijos, hijas, nietos, hermanos,  
 mascotas, perros, peces.

No me quiero perder ninguna línea de ningún libro,
quiero ser quien escribe cada una de esas líneas,
quiero hablar todas las lenguas 
sonar todas las músicas
ser el fuego que baja del volcán 
y la piedrita entre las piedras del camino.

Y sobre todo no me resigno 
a ser esta que soy una sola vez
quiero ser de nuevo varias veces
la que soy
la  que pudo ser
y la que será 
cien veces,
mil, un millón
cada vez que reencarne en mí,
es decir,
en todo.



4 de abril de 2014

Tres deseos





Al cumplir 1 año inauguramos un rito que habrá de repetirse a lo largo de nuestra vida: celebrar el día en que llegamos al mundo. El ritual del cumpleaños suele incluir reunión con amigos y/o familia, regalos y torta con velitas. No sabemos (al menos yo no lo sé) de dónde viene esta costumbre. No sabemos a quién se le ocurrió la idea de incrustar velas encendidas en un pastel dulce, ni qué hada o ángel dispuso que debíamos pedir tres deseos antes de soplarlas, para asegurarnos de que se cumplan. No lo sabemos y, sin embargo, la mayoría de nosotros lleva a cabo este ritual en cada aniversario de su llegada a la Tierra.
El momento culminante del festejo es el de los deseos: el canto y las palmas se interrumpen; las voces y las risas se suspenden por unos segundos, y un silencio cuasi religioso acompaña al celebrante cuando cierra los ojos y formula sus deseos. 
Los deseantes, claro, no son todos iguales. Hay deseantes temerosos que piden que nada cambie, y otros temerarios que piden la ocasión de patear el tablero y quemar las naves. Hay deseantes que no saben nada acerca del deseo y se limitan a repetir maquinalmente la misma fórmula año tras año. Y deseantes tan arrasados por el deseo que temen que este salga a la luz y se dibuje en el aire con letras de fuego. 
Yo no sé cuándo ni quién le otorgó este don a los mortales. Pero ya que lo tomamos, ya que reproducimos puntualmente las formas del rito, creo que deberíamos elegir bien. Porque se trata de nuestros deseos. De lo que queremos para un nuevo año de nuestra vida que empieza así, en la penumbra, con el resplandor de las llamas y el silencio de quienes nos acompañan en un momento que, si quisiéramos, podría ser sagrado.
Por eso esta vez no quiero ser una deseante desprolija ni indolente. Voy a pensar bien antes de soplar, voy a sentir bien antes de declarar qué quiero para mí, a partir de ahora. 

Si alguna vez nos despertarnos en plena noche, o nos empapa algún aguacero repentino, o lloramos sin saber por qué, deberíamos advertir que son meras estrategias, las formas que el ángel o el hada encuentran de recordarnos qué deseamos para nuestra vida, eso que a veces- pasadas las horas, los días, los meses- tendemos peligrosamente a olvidar.





18 de marzo de 2014

Misterios absolutos del ciberespacio



Foto: Bet Z



Mirando el tráfico de visitantes en la Luna descubro cosas curiosas. Por ejemplo:

*En Perú hay muchas personas (o una que viene muy seguido a la Luna) interesadas en la identidad difusa.

* Los europeos se muestran notablemente atraídos por nuestros bares notables. Sí, ya sé que eso no es ningún misterio pero, para mí, que alguien procedente de Morières-lès-avignon, Provence-Alpes-Cote d'Azur esté leyendo Hoy doblete: el café Margot y el Bar de Cao me da, por lo menos, gracia.

* Las entradas más visitadas suelen ser las menos pensadas: No solo de inspiración se vive tiene el récord de visitas, y no tengo idea de por qué. ¿Quién concita semejante atención: Arcimboldo, Bioy, el menú opíparo que describe la cita...?

* Los temas que presumo "populares"  y de los que casi nunca hablo aquí (me refiero, básicamente, a temas "de actualidad" ) nunca son los más visitados en la Luna, cosa que, en general, me llena de alegría.

* Los chilenos- en especial, los provenientes de Santiago, Región Metropolitana- han leído, o leen, o se les ha dado por releer Demian, de Herman Hesse.

* Los mexicanos quieren mucho a Cortázar.

Otra rareza, al menos para mí que -obviamente- no soy una "nativa digital", es que lleguen visitantes de lugares- y culturas y lenguas- tan lejanas y diferentes. Ese hecho no deja de asombrarme, ni de despertarme cierta incredulidad ( ¿realmente en este momento  alguien está leyendo mis divagues lunáticos en Ghana, Rusia o los Emiratos Árabes?) También sé que es posible postear o comentar falseando la ubicación real (pero no es el tema de este post).


En fin, estos son solo algunos de los enigmas del mundo bloguer que se suman a otros misterios absolutos sobre los que suelo cavilar. 
Espero no encontrar respuestas (nada menos interesante que un misterio explicado).






27 de febrero de 2014

Apocalipsis now


"La casa tenía un aljibe y me gustaba asomarme y bajar el balde para probar esa agua tan fresca y profunda. Una vez se me cayó el vaso, que repicó contra la pared redonda y se hizo añicos en el fondo. Me dio un ataque de apocalipsis, pensé que alguien tomaría agua con astillas y se caería muerto, irremediablemente apuñalado por dentro, agarrándose el cogote con desesperación, desorbitado, y todo por la inmensa culpa mía."

(María Elena Walsh, Novios de antaño.)

Como la niña que narra los hechos en este hermoso libro, a mí también me dan ataques de apocalipsis. Un error nimio o un acto involuntario de mi parte pueden desatar en mi loca cabecita una infortunada serie de consecuencias -de las cuales, por supuesto, soy responsable- cuyas imágenes opacan a la mejor película del género catástrofe. Los intentos por hacer que intervenga la parte racional de mi ser son inútiles: ningún pensamiento lógico logra imponerse a las escalofriantes posibilidades que mi imaginación construye.
Por lo general, otro hecho nimio - el portero que toca el timbre para avisarme que mañana van a cortar el agua, una canción en la radio, la tos del vecino o el afilador que se anuncia en la calle- me rescatan del edificio en llamas o el barco hundiéndose y me devuelven a mi casa, donde como si tal cosa me dispongo a preparar el almuerzo, mirá la hora que es.




Imagen: Liniers


17 de diciembre de 2013

Ahora que ya sos grande ¿qué vas a hacer cuando seas niño?


                                                  Imagen: Pablo Picasso


A pesar de la tarde agobiante, ayer fui a mi clase de movimiento. En un momento, la instructora salió y, unos minutos después, una pelota gigante de color rojo entró rebotando en el salón. A esa le siguieron otras, de diferentes colores: violeta, dorado, azul, verde, naranja... 
La instructora nos dijo que cada uno tomara una esfera y dejara que el cuerpo jugase con ella. Aprovechar el calor, la gravedad y el sostén de la pelota para estirar músculos, masajear distintas zonas del cuerpo, relajarnos. Jugar.
Así que eso hice durante un rato la tarde de ayer.
De fondo sonaba María Elena Walsh.




13 de diciembre de 2013

Erna


                                                  Pintura: Graciela Bello


Hacía calor, habíamos caminado bastante y decidimos hacer un alto en la plaza de Belgrano R. Desde nuestro banco vimos venir a una anciana que avanzaba por el sendero con bastante agilidad, a pesar del bastón y de las vendas que cubrían su pantorrilla izquierda. "¿Quiere sentarse?", le dice O., cuando la señora pasa delante de nosotros. "No, gracias", responde, y agrega con una sonrisa "lo que yo necesito es andar, no quedarme quieta". "Claro, hace muy bien, es bueno caminar".
La señora, de pie frente a nosotros, sigue hablando. Es muy menuda, encorvada y tiene el pelo blanco, finito y liviano como el de un bebé.
"Tengo 90 años", dice. Yo miro sus tobillos hinchados, los dedos de su mano flaquitos y torcidos por la artritis, su cara de gnomo. "Ahora me cuesta más caminar, pero yo salgo igual. No tengo miedo."
Después supimos que vive sola, que tiene una hija que anda "mal de los nervios" y un nieto hincha de Boca. Que vino de Alemania a los 14 años, que era música, que de joven tocaba el acordeón y que se había presentado, con varias orquestas de señoritas, en la confitería Ideal y en la Richmond de Florida. Que actuó en la película Orquesta de señoritas, pero que lamentablemente habían cortado su parte. "Yo era la más joven del grupo, imagínense...ya no queda ninguna", dice riéndose con risa contagiosa.
Seguimos hablando de su barrio, del nuestro (donde ella vivió hace muchos años), de restaurantes y bares, de la música que escucha (clásica y tango, que toca como si fuera argentina), de su acento alemán y de la "r" que nunca logró pronunciar bien, del tiempo, de que lo que más desea es no perder la lucidez.
Cuando O y yo nos levantamos para retomar nuestro paseo, la señora nos pregunta si queremos ver una foto de ella cuando era joven. Mete su mano flaca dentro de una bolsa de supermercado negra, revuelve, saca un monedero. "Acá está", dice, y nos extiende una foto carnet con una veinteañera rubia, con blusita y sombrero, sonriente.
¡"Qué hermosa era!", le digo. Después nos muestra una fotito de la hija y otra del nieto.
"¿Cómo se llama usted?" pregunto. "Erna", contesta riéndose porque no pronuncia bien la r de su nombre.
Nos despedimos, le decimos que fue un gusto hablar con ella.
Erna guarda sus fotos, nos desea felices fiestas y sigue su camino.

Yo pienso en las orquestas de señoritas, en confiterías que ya no existen, en la sonrisa de Erna.





19 de noviembre de 2013

Mi encuentro conmigo


                                        Foto Bet Z


Sábado a la mañana. Enganchamos una película empezada con Bruce Willis y un nene gordito que lo sigue a todos lados. Al rato advertimos que el nene es el mismísimo Bruce a los 8 años, que ha viajado desde el pasado para reunirse consigo mismo en la víspera de sus 40. Un cuarentón que no la está pasando muy bien, claro. 

La película (Mi encuentro conmigo/The Kid) es muy mala, las situaciones, previsibles, y Bruce, muy risible en su rol dramático.
Pero igual me quedé pensando en la idea que propone la película. Si uno pudiera encontrarse con el niño/a que fue: ¿qué sentiríamos al verlo? ¿cómo le hablaríamos? ¿qué nos gustaría preguntarle? ¿trataríamos de advertirle algo, de evitarle algún dolor? ¿Cuánto de lo que somos vendría a develar ese niño?...

Hace un tiempo encontré el diario íntimo que escribí entre los 12 y los 14 años, y leerlo fue revelador. Es que, con el tiempo, uno olvida quién fue. El diario me permitió escuchar, en mi propia voz, cómo era un día de mi vida, a qué le tenía miedo, qué me daba vergüenza, por qué sentía culpa, qué me ponía contenta, qué me preocupaba, cómo veía a mi mamá y a mi papá, qué hacía con mis amigas, qué fantasías tenía acerca del amor... 

(Además de todo, me divertí como loca). 





13 de noviembre de 2013

La isla


                                     Imagen: Turquoise embrace, Cameron Graves


Estar en una estación de subte. Ver cómo el andén se va llenando de gente, un montón de personas que no significan nada para mí en términos personales, y para quienes tampoco cuento. Mi cara es la de todos, es decir, ninguna. No soy nadie para ellos, no son nada para mí. Un mar de gente en el que nos ahogamos de anonimato, desaparecemos, nos diluimos. En ese momento, entonces, abrazarte. Cerrar los ojos y hundir la cara en tu cuello, sentir tu olor, tu calor, los latidos de tu corazón. Sentir cómo tus brazos me abrazan y tu cara se hunde en mi pelo. Cinco, seis, diez segundos abrazados así. Una isla flotante sobre un mar sin nombre. Una minúscula porción de tierra donde vos y yo, así abrazados, nos damos identidad, un nombre, una historia. Abrazados nos salvamos de la nada, del silencio, del desamparo.
El amor es eso.
Por ejemplo.



2 de octubre de 2013

Esto no es un sueño


 Imagen: Julie de Waroquier

I
Camino por una calle adoquinada, debajo de un puente. Las paredes son de piedra, de una piedra antiquísima, que conserva la memoria de sucesos ocurridos hace siglos.
"Que no me digan que es un sueño", pienso. "Esto no es un sueño". 
Para corroborarlo, acerco mi cara a una de las paredes: siento sobre mi piel la textura áspera de la piedra gastada, su temperatura tibia; siento su olor viejo, a agua enmohecida, a herrumbre; también siento en mi rostro el calor de un rayo de sol. Cierro los ojos. Sé que nunca estuve aquí antes. Sé que no estoy en mi país. Sé que estas calles, estos puentes, esta geografía pertenecen a otro lugar y a otro tiempo. Sé que esto no es un sueño.


II

Me acomodo de espaldas sobre un carrito de cuatro ruedas. Flexiono las rodillas, subo los pies, me impulso con las manos y comienzo a deslizarme hacia atrás, por una callecita en pendiente. A medida que me deslizo boca arriba, voy mirando las copas de los árboles que desfilan ante mis ojos. Extiendo los brazos para rozar las hojas y las flores, que quedan al alcance de mi mano. Son suaves, son blancas, fucsias, perfumadas. Siento una felicidad tan grande que empiezo a llorar. Y me río, también de felicidad. A los costados, sobre las paredes de las casas, las ramas y el follaje forman extrañas figuras vegetales: caballos de crines marrones con flores rojas, peces con escamas amarillas, naranjas, lilas, colibríes. 
"Esto no es un sueño", me digo contenta. 
Y sigo viajando.




23 de septiembre de 2013

Decisiones





Por empezar, no empezó. Ya tendría que haber llegado, pero no está aquí. Quién sabe qué tarea la mantiene ausente, demorada en quién sabe qué detalles, qué ajustes, qué correcciones. 
Porque no da igual. 
El blanco de los jazmines- el blanco de cada jazmín- no es siempre el mismo. Hay que dar, cada año, con el blanco más blanco del mundo, con el más dulce y a la vez, el más delicado. Hay que decidir- cada vez- el rojo, el verde, el violeta, el lila, el azul, el amarillo, el rosa, el celeste, el naranja. Y después de eso, hay que decidir los matices. Que son infinitos. Infinitos. Y ahí anda la pobre, con las manos desbordadas de colores, de texturas, de formas, de aromas posibles. Mira, huele, toca, y no se decide. A veces cree que lo mejor sería derramar todo de una buena vez, así como está, sin seleccionar nada. Pero tiene miedo. Es tanto. Imagínense, abrir una mañana los ojos y que toda la belleza del mundo nos bañe el cuerpo, nos aturda así, sin límites, excesiva, abrumadora, endemoniada, inasible.
Ay, ella no sabe si podríamos resistirlo. O si los ojos se nos desharían licuados en lilas, y las manos se nos harían agua de azahar, y la piel, espinas sedientas, y el corazón, un manojo de hierba alimonada que el viento convierte en polvo. 

Ella está ahí, quietecita, con tanto entre las manos, y no sabe qué hacer.
No la apuremos.

Pero, por las dudas, estemos preparados.