Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

27 de agosto de 2012

Las innombrables


                                                                   Imagen: Frank Juery



Cientos, miles
 millones
de palabras
habitando
alguna zona oscura
del cerebro

y sin embargo

al momento de abrir la boca
de empuñar el lápiz
de apretar unas teclas
solo tres, o cuatro, o cien 
pasan por el tamiz,
y a veces bastan
para decir
almendra
sábana
río
o cielo

A veces las forzamos
como si exprimiéramos un tubo de témpera exhausto
o las agitamos
para que emerjan a la fuerza
o las frotamos 
para que brillen como pepitas de oro

Pero
siempre nos quedará la tristeza
de saber que no eran esas

que las verdaderas
las necesarias
las esenciales
se las ingeniarán
para aferrarse al fondo del tubo
y  renegar con uñas y dientes
de cualquier superficie que 
pueda degradarlas
a un torpe dibujo
un sonido inestable
o una pobre traducción
de su secreto esplendor.



24 de agosto de 2012

Lavado de cerebro



                                                             Imagen: Ignacio Leibovich



“- Vos mi hijita- terció la vieja Ceferina (...)- podrías de vez en cuando limpiarte esa mentalidad.”


(ABC, Dormir al sol) 

21 de agosto de 2012

Respuesta correcta


 
                                                                                        Imagen:  Josep Ramón Roy


                                           -¿Qué le hubiera gustado ser?

                                           - Moi même, mais reussi.            (Yo mismo, pero logrado)

                                                          

(François Mauriac, en una entrevista.)




15 de agosto de 2012

Sentada


                                                                                     Foto: Betina Z
                                                                                       

mientras espero que 
el viento tiemble
la tierra sople
la luna baje
la noche asome
los hombres jueguen
el tiempo calle
los niños sueñen
el agua vuele
los libros hablen
  las sombras cesen
las hojas mojen

las flores recen
el cuerpo estalle
el cielo ría
 y el mundo pase


12 de agosto de 2012

Serendipia (4)


Vals del regreso



Como conté en el post anterior, el viernes - después de 15 años- volví a ver  a Miguel Ángel Solá.

El sábado, un amigo que se iba a deshacer de una buena pila de vinilos nos ofreció ver qué había, por si algo nos interesaba.

Me volví a casa con el LP de Tangos, El exilio de Gardel.

Ahora, en mi viejo Winco, la voz de Solá entona con Susana Lago El vals del regreso.



11 de agosto de 2012

De ayer a hoy, como por un tubo




Lo vi hace muchos años en Equus y en El hombre elefante. Lo disfruté en No habrá más penas ni olvido, Asesinato en el Senado de la Nación, Sur y El exilio de Gardel. Lo seguí en una telenovela rarísima que se llamó Cartas de amor en cassette. Lo acompañé en varias presentaciones de La Típica en Leve Ascenso. Lo despedí con El diario de Adán y Eva. 

Después, se fue. Enojado, dolido, resentido con su patria que -de alguna manera- lo echaba.

Pasaron 15 años.

Y volvió, no sé si para quedarse del todo, pero al menos para quedarse por un buen rato.
Ayer lo recibí en el teatro Sha, donde-nuevamente con La Típica- está presentando Como por un tubo, un espectáculo delicioso, entrañable, amoroso en el sentido más profundo de la palabra. Pocos y eficaces recursos: un par de bastidores, un piano, un cello, dos guitarras, un cajón peruano, una historia de amor (o de desamor), mucho humor, talento y sensibilidad. 
Pasé dos horas extraordinarias. Me reí (mucho), me emocioné, canté.
Y me di el gusto de saludarlo, de decirle cuánto lo respeto y admiro, de agradecerle. 
Porque es lo menos que se merecen los artistas que nos ensanchan el alma y la percepción.

Hablo, claro, de Miguel Angel Solá.
No se lo pierdan.


6 de agosto de 2012

La caja


                                                     Imagen: John W. Waterhouse


 Un barco a la deriva
Una mina de carbón
Un volcán
Una mano que acaricia el lomo de un gato
Unos anteojos olvidados sobre una mesa
Una ventana entreabierta
Un televisor encendido
Una casa vacía
Una heladera brotada de imanes, un limón seco
Un perro esperando a su amo
Una correa que lastima, una mano que no llega a tiempo
Una niña en una hamaca volando sobre un suelo  tapizado de flores de jacarandá
Una muñeca tuerta apoyada en el tronco de un árbol
Un pájaro inmóvil sobre una rama
Una anciana a punto de cruzar la calle
Una sandía pudriéndose al sol
Un colectivo lleno
Una parada vacía



Abrir la caja de Pandora
Cerrar las puertas del cielo
Entornar la puerta
Salir de casa

papeles, boletos, pelos, monedas, lágrimas, risas, insultos, bocinas, ruedas, camiones, silbidos, ladridos, aullidos, maullidos, pasos, corridas, gritos, susurros, llantos, saludos, estruendo, estampidas, disparos, silencio, ojos, caras, dientes, manos, carteras, bastones, carteles, bocas, vestidos, patillas, canas, pecas, ojos,  cierres, botones, bolsillos, capuchas, mochilas, arrugas, pestañas, hebillas, carpetas, bolsos, trenzas, sueños, perfumes, vidrio, jazmines, cemento, hielo, aerosoles, lirios, jabones, ajo, ladrones, basura, libros, postes, piedras, perros


Volver al nido
Entrar a tiempo
Esconder la inocencia
Ahuyentar las moscas
Sudar
Apantallarse
Diluirse

Hacerse humo



3 de agosto de 2012

Incondicional


                                                                                             Stand by me
                                                                                          
Hace unos días vi por primera vez esta gran película de los '80.

La frase final sintetiza lo que cuenta, de manera contundente :
Nunca volví a tener amigos como los que tuve a los doce años.  Jesús, ¿alguien sí...?




"Cuando llegue la noche
y la tierra esté oscura
y la luna sea la única luz que veamos 
yo no tendré miedo
yo no tendré miedo
mientras estés conmigo"...


31 de julio de 2012

Identidad difusa



                                                         Imagen: Candle, Liliana Porter



"-¿Se puede saber quién eres tú?
- Casi no lo sé, señor, en este momento... Al menos puedo decirle quién era cuando me levanté esta mañana; pero creo que me deben haber cambiado varias veces en el día. "

(L. Carroll, Alicia en el país de la maravillas).


Tal vez, de alguna manera,  esto explique la experiencia que conté en este post . Y, por cierto, pocas veces soy la misma desde que me levanto hasta que me acuesto...


24 de julio de 2012

El balcón de al lado



                                                                  Imagen: Norman Rockwell
                                          
Cuando era chica, todas en el barrio estábamos enamoradas de Fernando.
Yo tenía el privilegio de ser su vecina, y de que mi balcón estuviera pegado al suyo. Fernando ignoraba olímpicamente a las más pequeñas- entre quienes estábamos Rosita y yo- o las trataba con un cariño fraternal, como si se tratara de hermanitas menores. Eso nos dejaba casi sin chances. 
 Pero a los 11 o 12 años, ese porcentaje mínimo era suficiente para alimentar nuestras fantasías.

Cierta vez, pasamos una tarde entera preparándonos para que nuestro amado cayera rendido ante nuestros encantos.  Ensayamos todos los ritos de un universo que aun no habitábamos plenamente, y así, guiadas solo por la intuición- o por un conocimiento ancestral- nos maquillamos, nos perfumamos y nos vestimos con atavíos exóticos, seguras de que esas señales portaban la llave de la seducción.

Toda esa larguísima tarde la dedicamos a vigilar el balcón de al lado: en algún momento, Fernando tenía que asomarse; entonces, nosotras nos presentaríamos a sus ojos como dos pequeñas geishas, dos bailaoras flamencas, dos damas antiguas, dos deidades irresistibles. Y él tendría que elegir.

Pasaron las horas, cambiamos mil veces de disfraces, de "pinturitas", de collares y de adornos. Practicamos diferentes canciones, pasos de baile y recitado de versos. 

Pero llegó la  noche, y Fernando nunca apareció.
                                                    ...


Con el tiempo, el recuerdo de aquella tarde se convirtió en el siguiente juego de palabras:

 
Caigo en la terraza de un 
edificio bajo
a la hora de la siesta.

Enfrente, una casa blanca
como un trozo de hielo
y una casa negra
como una caja de ébano.
En el segundo piso 
hay dos balcones.


Más allá del vidrio 
del balcón 
de la casa blanca
 adivino una mujer frente al espejo, 
tiñendo su boca de rojo;
detrás, otra mujer se peina 
como si tejiera una canción.
La de la boca roja se envuelve
en una mantilla negra
la que canta se coloca
una flor entre los pechos.

El sol cae.

Entonces se asoman 
por primera vez
y giran sus rostros 
hacia  el balcón de la izquierda
en un compás exacto.


Él todavía no ha llegado.


Una lava sus pies en
agua de violetas,
 otra frota sus poros 
para que atrapen 
la jalea de la luna


El sol desaparece


Ellas se asoman por segunda vez
 giran los rostros perfectos y planos
como  naipes de una baraja.


Él todavía no ha llegado.


Saben que no habrá 
otras noches
que los barrotes del balcón
crecerán como jaulas
que la luna nunca más será
tan azul
que ellas no volverán a tener
doce años
que él se convertirá en un viejo cínico
y decrépito
que ellas deberán calmar
las pesadillas de sus hijos
y construir las naves
 de sus maridos.

Por lo tanto

verifican la suave curva de sus senos
el terciopelo de la nuca
los latidos en la punta
de los dedos
una acentúa el rojo
de su boca
la otra agita su pelo
como una orden.

Se miran.

Empieza a llover en la terraza.
Y sobre la casa blanca como el ébano
Y sobre el balcón negro como el hielo.

Ellas se asoman por última vez.
Giran los cuerpos
como una detonación
y se desnudan bajo la lluvia.

El agua diluye el rojo en rosa, en agua
El pelo se adhiere a los pechos como
una confesión.

Sobre el balcón de la izquierda
el agua cae como un insulto
cubre todo el espacio 
de la ausencia
cubre toda la noche 
ya sin luna


Un gato 
se interpone un momento 
entre mis ojos y el balcón
entre mis ojos y el balcón de la casa blanca
deshabitado para siempre,
entre mis ojos y el balcón de la casa negra
donde un hombre decrépito enciende 
un cigarrillo
y mira caer 
la última estrella.



19 de julio de 2012

Elogio del (viejo) librero

       
                                                                                   Foto: Betina Z
                                                                                                

Hace meses que O. venía rastreando un libro muy difícil de conseguir. Recorrió (y recorrimos) varias ferias y librerías de usados, sin éxito. Ayer habíamos pasado por 3 o 4 más, y nada. Hasta que, ya emprendiendo el camino de regreso a casa, pasamos por  Huemul.  Cuando uno ingresa allí, la sensación es que es imposible que alguien pueda contabilizar cuántos libros hay, ni saber cuáles son,  ni muchísimo menos localizar dónde están. No hay mesas de "novedades", ni mesas con libros por género, ni mesas con libros exhibidos, de ninguna clase. Hay miles (¿millones?) de ejemplares  ubicados en estantes que cubren- del piso al techo- las altísimas paredes del local, o se amontonan en el suelo en pilas irregulares.

Detrás del mostrador había dos libreros, uno más joven y otro más viejo. O. preguntó por su libro.

- Mmmm, no- dice el librero viejo.
Empezábamos a retirarnos cuando, repentinamente, corrige:
-Esperá. Sí.
-No- acota el librero joven.
-Sí- dice el viejo.
-No está- insiste el joven.
-¿Apostás tu sueldo?- desafía el viejo.

El joven acepta el reto. De inmediato, el viejo se sube a una escalera altísima, trepa hasta el último escalón, posa un dedo sobre el lomo de uno de los innumerables libros que cubren la pared, lo saca, se baja y lo apoya sobre el mostrador.
-¿Es este?
-Sí- dice O., perplejo.

El viejo sonríe, triunfal. El joven nos mira con bronca y resignación (dudo que haya perdido su sueldo, pero el orgullo lo tenía por el piso). Nosotros nos miramos y no lo podemos creer.


Larga, larga vida a los viejos libreros (en el shopping, no se consiguen).

12 de julio de 2012

Como si fuera posible


                                                                           Imagen: Jacek Yerka


Estaba en el super con O.  Hora pico, pocas cajas habilitadas, cola interminable. "¿Sabés qué? Quedate en la cola, yo voy a la farmacia a comprar los caramelos para la garganta y vuelvo", le digo a O.

Salgo, camino una cuadra hasta la farmacia, saco un número, pregunto por cuál van, veo que tengo 10 personas delante, desisto, hago un bollito con el número y me lo guardo en el bolsillo del tapado, me voy de la farmacia, vuelvo al supermercado.

Me encamino hacia la cola anticipando cuántos pasos (1 o 2, con suerte) habría adelantado O. No lo veo.
Recorro la cola de adelante para atrás y de atrás para adelante. No estaba.

"No puede ser", me digo, "fui y vine, no tardé ni 5 minutos, no hay manera de que ya le haya tocado". Sabía que era un absurdo, que no había manera de que en ese breve lapso hubiesen pasado los 3 carritos enormes y  repletos que teníamos delante, más el nuestro, pero increíblemente contemplé la posibilidad de que ese suceso imposible hubiera ocurrido. "Si terminó, debería estar cerca de la puerta esperándome", pensé. E insistiendo con un razonamiento fuera de toda lógica, rastrillé con la mirada la entrada del local buscando a O., previendo su sonrisa y su comentario zumbón. Pero no estaba.
Pasaron unos segundos en los que sentí un vacío absoluto, como si la realidad fuera capaz de hacer una broma semejante, como si el tiempo pudiera estirarse o contraerse caprichosamente. Y durante esos segundos creí  que sí, que era posible,  que lo que para mí fueron 5 minutos tal vez habían sido 50, que el tiempo era una ilusión, que tal vez todo lo era.

Sentí frío.

Entonces miré un poco más allá, donde se formaba otra cola que se adentraba entre las góndolas. Me encaminé hacia ella, giré y vi a O., unos pocos pasos más adelante de lo que lo había dejado cuando salí para la farmacia, con los codos displicentemente apoyados sobre nuestro carrito. Me acerqué, le sonreí, respiré. "Tenía 10 personas delante, me fui", le dije. "Ah, y recién me confundí de cola, no te encontraba."
O. me sonrió e hizo un comentario zumbón sobre mis habituales despistes.

Media hora después, estábamos en casa.

(  .  )


Hay como pequeños paréntesis en la realidad, y es por ahí donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente lo que podemos llamar lo fantástico. Ese sentimiento, ese extrañamiento, consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizador se ve bruscamente sacudido, como conmovido por una especie de viento interior que lo desplaza y lo hace cambiar. (J. Cortázar)



6 de julio de 2012

Segismunda



                                                        Imagen: Benjamin Lacombe



De chica tenía un sueño muy extraño y perturbador: soñaba que tenía una familia, diferente de la real, y que esa era mi verdadera familia. La otra- la que yo creía real- era la familia soñada.

Así, soñaba que mi vida real era un sueño del que despertaba solo cuando me dormía, es decir, cuando "despertaba" a mi verdadera vida.

Cada noche, mi familia- la del sueño- me esperaba para inaugurar juntos un nuevo día. Y cada mañana, cuando abría los ojos a la "realidad",  ellos me daban las buenas noches y me deseaban dulces sueños.



A veces, todavía me pregunto si es posible tener alguna certeza al respecto. 




3 de julio de 2012

Aficiones





 
Concedo que estos
no son tiempos
para hablar del amor
a las arañas

que tanta pasión derivada
a lo negro
a patas como espinas de aire
y cuerpos como esponjas entintadas
puede sonar a estética anacrónica

Sin embargo
no puedo resistirme a esa
maravillosa construcción
de babosos mapas homicidas

a la expectación que late
en cada agujero hambriento

al deseo que cruje agazapado
en la mortaja invisible

Está bien
comprendo el estupor
de los bienpensantes
por esta amorosa confesión

Pero sepan que desprecio 
vuestras manoplas
y  aerosoles 
de colores dudosos

A cambio,
elijo
esta larga noche de pasión
en la que seré
minuciosamente
devorada
hasta estallar seca

mientras ustedes
 tiran
sus aerosoles

y empiezan a afilar
los
cuchillos.


26 de junio de 2012

Ese pequeño objeto de deseo



                                              Imagen: Jules Joseph Lefebvre

 
"Quiero proponerles una consideración que me hace pensar que el soporte de papel de la literatura, el libro, es un objeto tan sofisticado que, al menos en lo que llamamos las bellas artes, convivirá con los nuevos soportes y quizás con alguna ventaja.
Mi argumento: las pantallas hoy son la herramienta fundamental de trabajo de la humanidad.
En cualquier lugar del planeta la mayor parte del tiempo laboral transcurre entre los fogonazos de los ordenadores. La electrónica, en primer lugar, está asociada al trabajo (...) 

Pero justamente la literatura es mucho más que información. Un libro científico es un caudal de informaciones y los textos de estudio son solo eso: información que hay que entender, aprender, dominar y aplicar.
Mas la literatura no tiene nada que ver con estos criterios pragmáticos. La literatura es justamente el regodeo de la palabra, en las imágenes que abren la mente hacia zonas no codificadas por el lenguaje de las ciencias. La literatura de creación, narración o poesía, pertenecen al ámbito del placer más que del trabajo. (...)

De allí que mi apuesta es por una larga convivencia de distintos tipos de soportes: los electrónicos serán fieles aliados de la investigación, la información, el "trabajo" intelectual, el contacto "solitario" con un relato.
Los soportes de papel seguirán siendo el espacio privilegiado de la imaginación no utilitaria, de la combinación de artes que se expresa en el objeto libro..."


Antonio Skármeta (nota publicada en revista Ñ)

20 de junio de 2012

Vamos por más!...


...total es gratis, como diría mi abuelo.

Tengo el gusto de anunciarles que abrí un nuevo blog.  
Los primeros 10.000 visitantes serán recibidos con té, scones caseros y galletitas de limón. Los demás, nada, lo siento (el presupuesto me da hasta ahí).



Los espero!


18 de junio de 2012

Misterio Absoluto V




 Viernes, 5 de la tarde, avenida Santa Fe. Tomo el 152,  para un trayecto corto. 
De pronto veo pasar- en sentido contrario- algo que llama mi atención: no es otro colectivo, ni un camión, ni un micro de larga distancia, ni una ambulancia, ni una autobomba: es un barco, blanco, grande, con sus ojos de buey rodeados de lucecitas azules, su proa y su popa. Antes de perderlo de vista, giro la cabeza desesperadamente y llego a leer: Nuevo Acantilado   Av. Colón....  Mar del Plata...

Después desapareció.


(la condesa tendrá la clave de este misterio?...)                                                                 

14 de junio de 2012

Una casa (2)

 
                                       Foto: Betina Zeta


Como conté en este post, anduve ayudando a mi padre a desocupar una casa, la de mi abuela. 

Ahora, en mi casa, hay:

  •  una enagua  de seda blanca, lavada, perfumada, radiante, que seguramente acompañará mis sueños en algunas noches de verano
  • una sartén enorme, que cocinó el relleno de unas empanadas saboreadas con amigos, en una grata velada
  • una asadera donde estrené una nueva receta de cocina
  • algunas tazas y platos de porcelana (no durmiendo en un aparador a la espera de "ocasiones especiales", sino usados casi cotidianamente)
  • un vestidito clásico,  arreglado, hermoseado y "estrenado" en el cumple de 50 de un querido amigo
  • un "solero" estampado con florcitas rojas y amarillas, que anduvo paseando conmigo por Boedo y tomando un café en el Margot
  • un abanico, que nunca está de más en la cartera de una dama
  • una biblioteca baja donde alguna vez estuvieron los libros de mi abuelo, y que hoy exhibe los libros, música y películas de O. y míos.
  • unos guantes de hilo azul marino, testigos del abrazo y feliz  encuentro con una amiga residente en MDQ, de visita en Bs As (no, no es la condesa!)

Esas cosas que algunas vez estuvieron vivas y luego fueron olvidadas (hasta por sus propios dueños), hoy llegan a mis manos y- desde allí- se suben una vez más a la rueda de la vida.

A mí me da alegría.


10 de junio de 2012

Suma (3)



                                                                                           Foto Betina Zeta


Parece un dibujo, ¿no? Pero no...



...y esto es lo que sumaron ustedes (gracias!)

  • el sol en nuestra bandera (Rob K)
  • erizos de mar en el cielo (VER)
  • la condecoración oficial del árbol (Cocorastuti)
  • un pequeño sol/ un hoyo en el cielo/un disparo que horadó la superficie celeste (La condesa sangrienta)
  • un sol/ un erizo/algo que recogí del piso y convertí en adornito (Caia)
  • el último adorno del último arbolito de la última navidad (Hermes)


6 de junio de 2012

Suma (2)



                                                                                           Foto: Betina Z




5 de junio de 2012

Suma


A veces

el otoño
+
cierta luz
+
las hojas de un árbol

dan
este resultado:


                                                                                                   Foto: Betina Z
               
                 Qué felicidad.