Imagen: "Barco sonámbulo", Pavel Bergr

6 de febrero de 2014

Algunas formas del misterio


"El misterio es enorme, infinito, inabarcable. Lo que yo hago es tratar de darle una forma artística al misterio que vemos en la vida, de la misma forma en que un pintor le da entidad a un florero. Mi intención es traducir a una manifestación escénica muchas experiencias que tienen que ver con el mundo del misterio."

Norberto Jansenson, mago.

El ilusionista (1)



El ilusionista (2)







3 de febrero de 2014

Bares Notables. Hoy, doblete: el café Margot y el Bar de Cao.

Los dos pertenecen al mismo dueño  (o dueños): el Margot está en Boedo y el Bar de Cao, en San Cristóbal.

Ambos son preciosos, pero me gusta más el Margot. Corazón de Boedo.

































Fotos: Bet Z


Como en todos los bares notables -salvo algunos como Las Violetas o el Tortoni, que son hermosos pero caros, muy for export-, los precios son accesibles, el café excelente, las medialunas, los sándwiches, las picadas...todo es rico y generoso.


28 de enero de 2014

Una de caminos




"-Gato de Chesire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Eso depende en gran medida del sitio al que quieras llegar- dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio...- dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes- dijo el Gato.
-...siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia como explicación.
-¡Oh, siempre llegarás a alguna parte -aseguró el Gato- si caminas lo suficiente!"


Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.
s/d autor foto






5 de enero de 2014

Enamorada de un valiente caballero


"Despereaux esperó a que su hermana se hubiese marchado; volvió a la página y tocó las preciosas palabras con una de sus patas. "Había una vez".
Tembló. Estornudó. Se sonó con un pañuelo.
-Había una vez -dijo en voz alta, deleitándose con el sonido. Y entonces, siguiendo cada palabra con la pata, leyó la historia de una hermosa princesa y del valiente caballero que la servía y la honraba.
Despereaux no lo sabía, pero muy pronto le haría falta ser arrojado y valiente.
¿He mencionado ya que bajo el castillo se ocultaban las mazmorras?
En las mazmorras había grandes ratas. Ratas grandes y malas. Despereaux estaba destinado a enfrentarse a ellas.
Lector, debes saber que un destino interesante (con ratas o sin ellas) aguarda a casi todos los ratones y a los hombres que no se resignan."

Kate Di Camillo,  Despereaux.











Imágenes de la película 




31 de diciembre de 2013

Otra vuelta de Tierra


                                                      Pintura: Graciela Bello


Los sueños de nunca acabar
Las flores las piedras los pájaros
Una ventana
El aire limpio de una mañana de sol
El temblor de una hoja en el agua
Los perros los gatos
Las manos de una niña asidas a una hamaca que remonta vuelo
Las ganas de ver qué hay del otro lado de la luna
La mesa de Julio la sonrisa de Erna la carta de Laurie
los amores
islas flotantes sobre un mar sin nombre
Los ensayos de vuelo
Los bares viejos
Los paseos 
Los pasajes
Crainqueville en Villa Santa Rita
Los libros que encontré y los que perdí
Los días ganados
El tiempo que se mueve en espiral 
en zig zag 
a la velocidad de la luz 
el tiempo detenido
Los juegos de palabras
el silencio
Sentir que a pesar de todo, que aun así
Las ganas de creer que otro año, otra vida, otro mundo
Seguir escribiendo ese deseo
cada hora y cada minuto de cada día y cada noche
mientras la tierra gira y gira 
una vez más
gira.




28 de diciembre de 2013

Una tarde de diciembre


                                                                Foto: Bet Z






17 de diciembre de 2013

Ahora que ya sos grande ¿qué vas a hacer cuando seas niño?


                                                  Imagen: Pablo Picasso


A pesar de la tarde agobiante, ayer fui a mi clase de movimiento. En un momento, la instructora salió y, unos minutos después, una pelota gigante de color rojo entró rebotando en el salón. A esa le siguieron otras, de diferentes colores: violeta, dorado, azul, verde, naranja... 
La instructora nos dijo que cada uno tomara una esfera y dejara que el cuerpo jugase con ella. Aprovechar el calor, la gravedad y el sostén de la pelota para estirar músculos, masajear distintas zonas del cuerpo, relajarnos. Jugar.
Así que eso hice durante un rato la tarde de ayer.
De fondo sonaba María Elena Walsh.




13 de diciembre de 2013

Erna


                                                  Pintura: Graciela Bello


Hacía calor, habíamos caminado bastante y decidimos hacer un alto en la plaza de Belgrano R. Desde nuestro banco vimos venir a una anciana que avanzaba por el sendero con bastante agilidad, a pesar del bastón y de las vendas que cubrían su pantorrilla izquierda. "¿Quiere sentarse?", le dice O., cuando la señora pasa delante de nosotros. "No, gracias", responde, y agrega con una sonrisa "lo que yo necesito es andar, no quedarme quieta". "Claro, hace muy bien, es bueno caminar".
La señora, de pie frente a nosotros, sigue hablando. Es muy menuda, encorvada y tiene el pelo blanco, finito y liviano como el de un bebé.
"Tengo 90 años", dice. Yo miro sus tobillos hinchados, los dedos de su mano flaquitos y torcidos por la artritis, su cara de gnomo. "Ahora me cuesta más caminar, pero yo salgo igual. No tengo miedo."
Después supimos que vive sola, que tiene una hija que anda "mal de los nervios" y un nieto hincha de Boca. Que vino de Alemania a los 14 años, que era música, que de joven tocaba el acordeón y que se había presentado, con varias orquestas de señoritas, en la confitería Ideal y en la Richmond de Florida. Que actuó en la película Orquesta de señoritas, pero que lamentablemente habían cortado su parte. "Yo era la más joven del grupo, imagínense...ya no queda ninguna", dice riéndose con risa contagiosa.
Seguimos hablando de su barrio, del nuestro (donde ella vivió hace muchos años), de restaurantes y bares, de la música que escucha (clásica y tango, que toca como si fuera argentina), de su acento alemán y de la "r" que nunca logró pronunciar bien, del tiempo, de que lo que más desea es no perder la lucidez.
Cuando O y yo nos levantamos para retomar nuestro paseo, la señora nos pregunta si queremos ver una foto de ella cuando era joven. Mete su mano flaca dentro de una bolsa de supermercado negra, revuelve, saca un monedero. "Acá está", dice, y nos extiende una foto carnet con una veinteañera rubia, con blusita y sombrero, sonriente.
¡"Qué hermosa era!", le digo. Después nos muestra una fotito de la hija y otra del nieto.
"¿Cómo se llama usted?" pregunto. "Erna", contesta riéndose porque no pronuncia bien la r de su nombre.
Nos despedimos, le decimos que fue un gusto hablar con ella.
Erna guarda sus fotos, nos desea felices fiestas y sigue su camino.

Yo pienso en las orquestas de señoritas, en confiterías que ya no existen, en la sonrisa de Erna.





10 de diciembre de 2013

La mesa de Julio




“La Marquesa salió a las cinco”-pensó Carlos López-. ¿Dónde diablos he leído eso?
Era en el London de Perú y Avenida. Eran las cinco y diez. ¿La Marquesa salió a las cinco? López movió la cabeza para desechar el recuerdo incompleto, y probó su Quilmes cristal. No estaba bastante fría.

Así comienza "Los Premios", la novela de Cortázar que narra el fantástico viaje en barco que un grupo de ¿afortunados? ganó en un concurso, y cuya historia comienza en la emblemática confitería de Perú y Avenida de Mayo. Dicen que don Julio escribió la novela en una de sus mesas. Y para ratificarlo ahí estaba, celosamente protegida y señalada con una soguita bordó. 

Hace unos meses, la London cerró sus puertas, no se sabe si transitoria o definitivamente. Era uno de los bares notables pendientes en mi lista y, aunque no llegamos a ir, al menos pude tomar- una noche, volviendo de San Telmo y de El Federal- estas fotos de la mesa de Julio, antes de que el tiempo la vuelva un fantasma , otra mera ficción.














"Me paso la vida sin hacer nada útil, cultivando unos pocos amigos, admirando a unas pocas mujeres y levantando con eso un castillo de naipes que se me derrumba cada dos por tres. Plaf, todo al suelo. Pero recomienzo, sabe usted, recomienzo..."



3 de diciembre de 2013

Temblando


                                                   Imagen: Holger Droste


Temblando
viendo las nubes que pasan
y los árboles debajo de las nubes,
y las aves ateridas en las ramas de los árboles
y los perros de la calle.

Temblando de frío en las alturas
temblando de ausencia
de escarcha
de noche
no queriendo ver lo que se cocina
allá abajo, más abajo, más abajo
no queriendo olerlo ni tocarlo
las manos como guantes de látex derretidos
los párpados cerrados
 el corazón detenido

para no ver
para no seguir viendo

lo que corre
grita
se retuerce
clama
calla
calla
calla
allá abajo.





26 de noviembre de 2013

"La lune est le rêve du soleil" (Paul Klee)


                                            Imagen: Ronald Companoca


Para este segundo cumpleaños, voy a tomar prestado un hermoso texto que escribió Luis en su blog, hace un tiempo:

"Las sacerdotisas romanas eran hermosas porque se bañaban desnudas bajo la  Luna. Kepler, el astrónomo de las fugas y el encanto, sostenía que la vida en nuestro satélite natural es más fértil que en la tierra. Y pensaba que si bien ahí todo es de menor tamaño, al mismo tiempo resulta más equilibrado. Fritz Lang imaginó en 1929 a una mujer que camina sin miedo ni escafandra por una luna dulce y tierna. Por qué negarnos entonces a vivir allá. ¿Será porque fuimos educados en una conciencia extrema de lo real? Pero ahora que la historia terminó, ahora que el mundo se ha transformado en un pequeño infierno, la idea de vivir en la Luna puede ser la salvación que estábamos buscando. Derivar sin prisa por el Mar de la Tranquilidad, beber agua de los volcanes azules o hacer el amor a cualquier hora son sólo algunas de las tareas posibles. Allá no hay penas ni puñales. No hay órdenes que cumplir ni preguntas que responder. Y encima no es preciso llevar nada. Corazón, deseo, alegría y besos es todo lo que hace falta en la Luna para vivir."


Gracias, de todo corazón, a los lunáticos que me acompañan: Eleonora, Sinuhe, Axis, Rob K, Hermes, Darío, Vera, Luis y otros amigos que hacen de este viaje una travesía tan intensa y feliz.

Un abrazo para todos.





19 de noviembre de 2013

Mi encuentro conmigo


                                        Foto Bet Z


Sábado a la mañana. Enganchamos una película empezada con Bruce Willis y un nene gordito que lo sigue a todos lados. Al rato advertimos que el nene es el mismísimo Bruce a los 8 años, que ha viajado desde el pasado para reunirse consigo mismo en la víspera de sus 40. Un cuarentón que no la está pasando muy bien, claro. 

La película (Mi encuentro conmigo/The Kid) es muy mala, las situaciones, previsibles, y Bruce, muy risible en su rol dramático.
Pero igual me quedé pensando en la idea que propone la película. Si uno pudiera encontrarse con el niño/a que fue: ¿qué sentiríamos al verlo? ¿cómo le hablaríamos? ¿qué nos gustaría preguntarle? ¿trataríamos de advertirle algo, de evitarle algún dolor? ¿Cuánto de lo que somos vendría a develar ese niño?...

Hace un tiempo encontré el diario íntimo que escribí entre los 12 y los 14 años, y leerlo fue revelador. Es que, con el tiempo, uno olvida quién fue. El diario me permitió escuchar, en mi propia voz, cómo era un día de mi vida, a qué le tenía miedo, qué me daba vergüenza, por qué sentía culpa, qué me ponía contenta, qué me preocupaba, cómo veía a mi mamá y a mi papá, qué hacía con mis amigas, qué fantasías tenía acerca del amor... 

(Además de todo, me divertí como loca). 





13 de noviembre de 2013

La isla


                                     Imagen: Turquoise embrace, Cameron Graves


Estar en una estación de subte. Ver cómo el andén se va llenando de gente, un montón de personas que no significan nada para mí en términos personales, y para quienes tampoco cuento. Mi cara es la de todos, es decir, ninguna. No soy nadie para ellos, no son nada para mí. Un mar de gente en el que nos ahogamos de anonimato, desaparecemos, nos diluimos. En ese momento, entonces, abrazarte. Cerrar los ojos y hundir la cara en tu cuello, sentir tu olor, tu calor, los latidos de tu corazón. Sentir cómo tus brazos me abrazan y tu cara se hunde en mi pelo. Cinco, seis, diez segundos abrazados así. Una isla flotante sobre un mar sin nombre. Una minúscula porción de tierra donde vos y yo, así abrazados, nos damos identidad, un nombre, una historia. Abrazados nos salvamos de la nada, del silencio, del desamparo.
El amor es eso.
Por ejemplo.



5 de noviembre de 2013

Amores así





A nuestros vecinos:
¡Qué hermoso otoño! Todo es resplandeciente y dorado, y hay una luz increíble y suave. El agua nos rodea.
Lou y yo pasamos mucho tiempo en este lugar en los últimos años y, aunque somos gente de ciudad, éste es nuestro hogar espiritual.
La semana pasada le prometí que lo iba a sacar del hospital y que vendríamos a casa, en Springs. Y así lo hicimos.
Lou era maestro de tai chi y pasó sus últimos días aquí, feliz, deslumbrado por la hermosura y la fuerza y la suavidad de la naturaleza. Murió en la mañana del domingo, mirando los árboles, haciendo la famosa forma 21 del tai chi, sólo sus manos de músico moviéndose en el aire.
Lou fue un príncipe y un guerrero; sé que, al escuchar sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo, muchas personas se sentirán plenas de esa increíble alegría que sintió por la vida. Que esa belleza nos llegue, y nos atraviese siempre.
Laurie Anderson
Su amante esposa y amiga eterna.
Página/12   2 de noviembre de 2013-   (Texto publicado en el periódico East Hampton Star de Springs, localidad en las afueras de Nueva York).
 S/D autor de la foto

31 de octubre de 2013

Lou y John en la luna


Un comentario casual de ojo en el post anterior me llevó a ver y escuchar el video de the kids y, de ahí, Lou Reed me llevó hasta John Lennon. 
Lou canta este tema impresionante en este homenaje impresionante que, gracias a estas erráticas conexiones lunares, pude encontrar (había visto el show hace años en cable y lo rastreé mucho tiempo, sin éxito).
El concierto es "A Night for John Lennon's Words and Music", y es una joya. 
Vaya este homenaje al gran Lou que acaba de irse con John, a cantar juntos.






28 de octubre de 2013

Bares notables. Hoy: El Banderín


El Banderín queda en Guardia Vieja y Billinghurst, pleno barrio de Almagro. Está en una esquina (me encantan los bares ubicados en esquinas) que parece detenida en el tiempo. No hay edificios alrededor y entonces, cuando uno se acerca, ve esa construcción antigua, los árboles, las casas bajas... ¡otro mundo!














El bar es chiquito, tiene pocas mesas, muchos banderines (claro), una barra hermosa, ventanas grandes, luz. Como en todos los bares notables, el café y las medialunas son baratos y riquísimos (medialuna riquísima= de tamaño generoso, no demasiado dulce, con un leve dejo saladito, sin almíbar, de buena textura).
Se convirtió en uno de nuestros bares predilectos para ir en la semana, cuando empieza a caer el sol. Algunos viernes hay música y cierran tipo 3 de la mañana.



Atendido por sus dueños 
(a la izquierda, Mario Riesco, propietario de El Banderín)




17 de octubre de 2013

All inclusive




Primero entramos en un restaurante. Atravesamos dos o tres salones cubiertos y llegamos a uno al aire libre. Es lindo, hay mesas con manteles blancos debajo de una parra enorme por la que se filtran unos rayos de sol. La gente sentada a las mesas conversa, come, se los ve contentos. La comida parece rica, mucha carne, papas doradas, frutos de mar, dispuestos en fuentes enormes y humeantes. En el último salón se pueden adquirir algunos productos. Yo llevo miel, almendras, aceite de oliva, unos panes caseros. 
Ella paga.

Más tarde entramos en una perfumería. "¿Te gusta aquel?" "Mmmno... no sé, no lo conozco". "¿Lo querés?" "No, gracias, ando necesitando un rubor y una sombra nada más." "Mirá, ahí hay, ¿te gustan?" "Sí, están bien, las voy a llevar." Pero apenas insinúo el gesto de meter la mano en la cartera, ella me sujeta el brazo. "Por favor", dice. 
Y paga. 

Después pasamos por un teatro de la calle Corrientes. Ella se acerca a la ventanilla, comenta algo con el empleado; él saca cuatro entradas de la taquilla y se las pasa por debajo del vidrio. Ella sonríe, me las da. Y paga.

Finalmente entramos en un viejo almacén de barrio. Sobre el mostrador hay un par de dulces de membrillo caseros. "Qué rico. Los voy a llevar. Pero esta vez pago yo", digo. "De ninguna manera", retruca ella, mientras se encamina resuelta hacia la caja registradora. 

-¿Algo más?- dice el almacenero. 
-No, gracias-dice ella-. Esto es todo por hoy.




(mi agradecimiento a la señora MC por su desinteresado aporte a este sueño pedestre)



9 de octubre de 2013

Ensayos


Foto: Brooke Shaden

I
Voy bajando una escalera, en un edificio antiguo. La escalera es larga, empinada, interminable. Estoy muy apurada. Entonces pruebo ir saltando los escalones de dos en dos. Funciona. De tres en tres. Funciona. Sigo bajando mientras, de un solo impulso, bajo cinco, seis, siete escalones. Son saltos en cámara lenta, suaves y livianos como los de la Mujer Biónica. "Qué bueno, mirá qué fácil era", pienso ya al final de la escalera, mientras busco la salida.


II
El sol se puso hace rato, aunque todavía no es de noche. El mar, la arena y el cielo tienen un color indescifrable, como de plomo líquido, que me provoca cierta inquietud.
"Mejor voy volviendo", me digo, "ya es tarde". Apuro el paso. Sopla el viento, me revuelve el pelo, me levanta el vestido. "¿Lloverá...?" 
Me descalzo y empiezo a correr. La ciudad se ve distante, los edificios se achican como si se fueran alejando a medida que yo intento acercarme. "Qué tarde se hizo", pienso. Y empiezo a volar. 
Vuelo atravesando un aire espeso, entre lila y gris. Dejo atrás la playa y veo cómo las luces de los carteles se agigantan y se me vienen encima. Sigo volando mientras esquivo carteles, postes, edificios, cables. "¡Oleeee!" digo, mientras sorteo casas, vacas, camiones, hombres, mujeres, paredes, nubes.
No recuerdo haber descendido.



2 de octubre de 2013

Esto no es un sueño


 Imagen: Julie de Waroquier

I
Camino por una calle adoquinada, debajo de un puente. Las paredes son de piedra, de una piedra antiquísima, que conserva la memoria de sucesos ocurridos hace siglos.
"Que no me digan que es un sueño", pienso. "Esto no es un sueño". 
Para corroborarlo, acerco mi cara a una de las paredes: siento sobre mi piel la textura áspera de la piedra gastada, su temperatura tibia; siento su olor viejo, a agua enmohecida, a herrumbre; también siento en mi rostro el calor de un rayo de sol. Cierro los ojos. Sé que nunca estuve aquí antes. Sé que no estoy en mi país. Sé que estas calles, estos puentes, esta geografía pertenecen a otro lugar y a otro tiempo. Sé que esto no es un sueño.


II

Me acomodo de espaldas sobre un carrito de cuatro ruedas. Flexiono las rodillas, subo los pies, me impulso con las manos y comienzo a deslizarme hacia atrás, por una callecita en pendiente. A medida que me deslizo boca arriba, voy mirando las copas de los árboles que desfilan ante mis ojos. Extiendo los brazos para rozar las hojas y las flores, que quedan al alcance de mi mano. Son suaves, son blancas, fucsias, perfumadas. Siento una felicidad tan grande que empiezo a llorar. Y me río, también de felicidad. A los costados, sobre las paredes de las casas, las ramas y el follaje forman extrañas figuras vegetales: caballos de crines marrones con flores rojas, peces con escamas amarillas, naranjas, lilas, colibríes. 
"Esto no es un sueño", me digo contenta. 
Y sigo viajando.