El Banderín queda en Guardia Vieja y Billinghurst, pleno barrio de Almagro. Está en una esquina (me encantan los bares ubicados en esquinas) que parece detenida en el tiempo. No hay edificios alrededor y entonces, cuando uno se acerca, ve esa construcción antigua, los árboles, las casas bajas... ¡otro mundo!
El bar es chiquito, tiene pocas mesas, muchos banderines (claro), una barra hermosa, ventanas grandes, luz. Como en todos los bares notables, el café y las medialunas son baratos y riquísimos (medialuna riquísima= de tamaño generoso, no demasiado dulce, con un leve dejo saladito, sin almíbar, de buena textura).
Atendido por sus dueños
(a la izquierda, Mario Riesco, propietario de El Banderín)





